0

Un Plan Marshal para el mundo árabe

ROMA – El importante discurso del Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, sobre las consecuencias de la “primavera árabe” es también un desafío para Europa. Sólo si la asociación transatlántica resulta eficaz, como lo fue para afrontar las exigencias de la Guerra Fría y el fin de la división de Europa, podrá Occidente contribuir a hacer realidad las esperanzas despertadas por los levantamientos árabes.

La crisis entre los vecinos meridionales de Europa refleja un proceso de profunda transformación que tendrá consecuencias muy duraderas: para la región, para Europa y para el mundo. La región mediterránea es decisiva para la paz, la estabilidad y el crecimiento económico de Europa. Los vecinos mediterráneos del continente consideran a ésta su socio natural y los acontecimientos allí sucedidos, incluido el proceso de paz palestino-israelí, tienen repercusiones más amplias, que, naturalmente, entrañan la estrecha participación de socios mundiales: en primerísimo lugar, los Estados Unidos.

Los acontecimientos actuales, no sólo en Libia, sino también en Túnez, Egipto, Siria, Yemen y Baréin, reflejan la complejidad política de esos países. También se deben a diferentes factores, como, por ejemplo, la frustración por el aumento de los precios de los alimentos y la corrupción generalizada, junto con las exigencias de una mayor democratización, la reducción de las desigualdades económicas y sociales y la creación de puestos de trabajo.

La reacción de Europa ante ese proceso debe encarnar el objetivo de una transición rápida y ordenada. Quienes proponen algún tipo de “asociación por transformación", basada en la reforma política y el respeto pleno de los derechos humanos y las libertades fundamentales, deben tener presente que el paisaje político de la región seguirá siendo inestable y tenso en los próximos meses.