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Una Europa para todos

Hoy, miembros que hace mucho pertenecen a Unión Europea parecen dudar del futuro de la misma, pero en Ucrania la vemos con esperanza y admiración. Unirnos al desarrollo de la UE es el objetivo básico de nuestra política exterior, ya que Ucrania ha descubierto que ser una nación no es un fin, sino un comienzo.

En efecto, la unidad europea es indivisible: cuando una nación queda condenada al ostracismo, ninguna de ellas es libre. Nosotros los europeos formamos parte irrenunciable de una estrecha red, entrelazados en un solo tejido que representa nuestro destino. Cada aspecto de nuestra cultura común, cuando no el último siglo de sufrimiento compartido, nos lo confirma. Todo lo que afecte a un europeo directamente, nos afecta a todos indirectamente.

Nunca más podemos permitirnos vivir con una estrecha noción de dos Europas, de privilegiados y desposeídos, de conocidos y forasteros. Nadie que viva dentro del continente europeo puede (ni de hecho debe) ser considerado ajeno a su Unión. De ello dependen la gran Pax Europea y la prosperidad paneuropea de hoy.

Por supuesto, alguna gente murmura que Ucrania no es Europa. Que vengan a Kiev y hablen con la gente, tanto joven como mayor, con los trabajadores de las fábricas, las esposas de los agricultores, los abogados, médicos y profesores que permanecieron de a pie, soportando durante semanas el frío y la nieve el invierno pasado para defender sus libertades.