Paul Lachine

Una mirada equilibrada de los desequilibrios sino-norteamericanos

BEIJING – Antes de julio de 2007, la mayoría de los economistas acordaron que los desequilibrios globales eran la amenaza más importante para el crecimiento global. Se dijo que la creciente relación entre la deuda extranjera neta y el PBI –el resultado de déficits de cuenta corriente crónicos- le pondría un freno abrupto a los ingresos de capital, a su vez debilitando el dólar, haciendo subir las tasas de interés y sumiendo a la economía estadounidense en una crisis.

Pero este escenario nunca se materializó. En cambio, la crisis surgió de la debacle de las hipotecas de alto riesgo de Estados Unidos, que rápidamente arrastró a la economía global a su recesión más profunda desde los años 1930.

La mayoría de los economistas no previeron la dinámica económica que, en realidad, condujo a la crisis, porque no le prestaron suficiente atención al rápido incremento de la deuda total estadounidense. Por el contrario, se concentraron exclusivamente en la deuda extranjera de Estados Unidos, ignorando la deuda de los hogares (deuda hipotecaria y de consumo), la deuda pública, la deuda empresaria y la deuda financiera.

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