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¿Una Turquía “neootomana”?

ANKARA – Hoy día, los medios internacionales de comunicación están obsesionados con la cuestión de quién “perdió” a Turquía y lo que esa supuesta pérdida significa para Europa y Occidente. Más alarmante aún es que algunos comentaristas equiparen la política de vecindad de Turquía con un resurgimiento del imperialismo otomano. Recientemente, un veterano articulista turco llegó hasta el extremo de citar estas palabras del Ministro de Asuntos Exteriores, Ahmet Davutoğlu: “Somos en verdad neootomanos”,

Por haber estado presente cuando Davutoğlu hizo su exposición ante la facción parlamentaria de gobernante Partido Justicia y Desarrollo (AKP) de Turquía, puedo atestiguar que no usó semejante terminología. En realidad, Davutoğlu y todos nosotros, los miembros del equipo de Asuntos Exteriores del AKP, nunca usamos ese término, porque se trata, sencillamente, de un falseamiento de nuestra posición.

La política de vecindad de Turquía está concebida para reintegrar a Turquía en sus vecindades inmediatas, incluidos los Balcanes, el mar Negro, el Cáucaso, el Oriente Medio y el Mediterráneo oriental. Nos proponemos profundizar nuestro diálogo político, aumentar nuestro comercio y multiplicar nuestros contactos personales con nuestros vecinos en forma de deportes, turismo y actividades culturales. Cuando Egon Bahr formuló su Ostpolitik en el decenio de 1960, nadie preguntó a Willy Brand si Alemania estaba perdida.

Dios concedió a Turquía una posición geográfica que nos exige relacionarnos con el Este y el Oeste, con el Norte y el Sur. No se trata ni de una opción ni de un lujo: es una necesidad.