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¿Deberíamos vivir hasta cumplir 1.000 años?

PRINCETON – ¿En cuáles problemas deberíamos enfocar la investigación en medicina y ciencias biológicas? Existe un argumento sólido a favor de luchar contra las enfermedades que matan a más personas – enfermedades como la malaria, el sarampión y la diarrea, que son las que matan a millones de personas en los países en desarrollo, pero a muy pocas en el mundo desarrollado.

Los países desarrollados, sin embargo, dedican la mayor parte de sus fondos de investigación a las enfermedades que sufren sus ciudadanos, y es muy probable que esta situación continúe así en el futuro previsible. Teniendo en cuenta esta restricción, ¿qué avance médico sería el que logre más en cuanto a mejorar nuestras vidas?

Si su primer pensamiento es “una cura para el cáncer” o “una cura para las enfermedades cardiacas”, piénselo de nuevo. Aubrey de Grey, director científico de la fundación SENS y el defensor más destacado del mundo en el campo de la investigación anti-envejecimiento, afirma que no tiene sentido gastar la mayor parte de nuestros recursos médicos en tratar de luchar contra las enfermedades de la vejez, sin combatir el envejecimiento en sí. Si curamos una de estas enfermedades, los que hubieran muerto a causa de la misma pueden esperar sucumbir a causa de otra, unos pocos años más adelante. Por lo tanto, el beneficio es modesto.

En los países desarrollados, el envejecimiento es la causa final del 90% de todas las muertes de seres humanos; por lo tanto, el tratamiento del envejecimiento es una forma de medicina preventiva para todas las enfermedades de la vejez. Además, incluso antes de que el envejecimiento conduzca a la muerte, reduce nuestra capacidad para disfrutar de nuestras propias vidas y para contribuir positivamente a la vida de los demás. Por esta razón, en lugar de enfocarse en enfermedades específicas que podrían sobrevenir con más probabilidad cuando las personas llegan a una cierta edad, ¿no sería una mejor estrategia tratar de prevenir o reparar el daño causado a nuestros cuerpos por el proceso de envejecimiento?

De Grey cree que el avance, inclusive si es modesto, en este ámbito durante los próximos diez años podría conducir a una extensión dramática en la duración de la vida de los humanos. Todo lo que tenemos que hacer es llegar a lo que él denomina “la velocidad de escape de la longevidad” – es decir, el punto en el que podemos extender la vida lo suficiente como para dar tiempo a que, a su vez, nuevos avances científicos permitan extensiones adicionales, y por lo tanto un mayor avance y una mayor longevidad. En una disertación recientemente en la Universidad de Princeton, de Grey, dijo: “no sé qué edad tiene en la actualidad la primera persona que vivirá hasta sus 150 años, pero se puede decir casi con certeza que la primera persona que vivirá hasta sus 1.000 años es menos de 20 años menor que dicha persona”.

Lo que más atrae a Aubrey de Grey acerca de esta perspectiva no es poder vivir para siempre, sino poder prologar el periodo de vida saludable y juvenil que llegaría como consecuencia de lograr a un grado de control sobre el proceso de envejecimiento. En los países desarrollados, hacer posible que aquellos que son jóvenes o de mediana edad permanezcan juveniles podría atenuar el inminente problema demográfico relacionado a que una proporción de la población, sin precedentes históricos, está llegando a la edad avanzada – y que con frecuencia se está tornando en dependiente de las personas más jóvenes.

Por otro lado, aún tenemos que plantearnos la pregunta ética: ¿estamos siendo egoísta al intentar extender nuestras vidas de manera tan dramática? Y, si tenemos éxito, ¿será el resultado bueno para algunos, pero injusto para otros?

Las personas en los países ricos ya en la actualidad pueden esperar vivir alrededor de unos 30 años más que las personas en los países más pobres. Si descubrimos cómo retrasar el envejecimiento, podríamos tener un mundo en el que la mayoría de los pobres deban enfrentar a la muerte en un momento en que los miembros de la minoría rica se encuentren tan sólo en una décima parte del recorrido de su periodo de vida esperado.

Esa disparidad es una de las razones para creer que la superación de envejecimiento aumentará la cantidad de injusticia en el mundo. Otra es que si las personas continúan naciendo, mientras que otras no mueren, la población del planeta se incrementará a un ritmo aún más rápido del que ahora lo hace, lo que a su vez también haría que la vida para algunos sea mucho peor de lo que hubiese sido bajo otras circunstancias.

Si podemos o no podemos superar estas objeciones depende de nuestro grado de optimismo acerca de los futuros avances tecnológicos y económicos. La respuesta que proporciona Aubrey de Grey a la primera objeción es que, no obstante que los tratamientos contra el envejecimiento podrían llegar a ser costosos al principio, es probable que el precio disminuya, tal como ocurre con tantas otras innovaciones, desde los computadores hasta los fármacos que impiden el desarrollo del SIDA. Si el mundo puede continuar desarrollándose económica y tecnológicamente, las personas se hacen más ricas, y, en el largo plazo, el tratamiento anti-envejecimiento beneficiará a todos. Entonces, ¿por qué no empezar y hacer que dicho tratamiento sea una prioridad ahora?

En cuanto a la segunda objeción, al contrario de lo que muchas personas suponen, el éxito en la superación del envejecimiento por sí mismo podría darnos un respiro para encontrar soluciones al problema de la población, ya que también podría retrasar o eliminar la menopausia, lo que permitiría que las mujeres tengan su primer hijo mucho más tarde de lo que ahora pueden. Si el desarrollo económico continúa, las tasas de fecundidad en los países en desarrollo caerán, como ha ocurrido en los países desarrollados. En última instancia, la tecnología también puede ayudar a superar la objeción relativa a la población, al proporcionar nuevas fuentes de energía que no aumenten nuestra huella de carbono.

La objeción relativa a la población plantea una pregunta filosófica más profunda. Si nuestro planeta tiene una capacidad limitada para soportar vida humana, ¿es mejor tener un menor número de personas que viven vidas más largas o más personas que viven vidas más cortas? Una de las razones para pensar que es mejor tener menos personas que vive vidas más largas es que sólo quienes han nacido conocen aquello que la muerte les priva; y los que no existen no pueden saber lo que están perdiendo.

De Grey ha creado la Fundación SENS con el objetivo de promover la investigación anti-envejecimiento. Según la mayoría de los parámetros de comparación, los esfuerzos de recaudación de fondos de esta fundación han tenido éxito, considerando que cuenta con un presupuesto anual de alrededor de $4 millones. Pero dicha cantidad aún continúa siendo tristemente pequeña en comparación con los niveles de recaudación de las fundaciones de investigación médica. De Grey podría estar equivocado, pero si sólo existe una pequeña posibilidad de que él tenga razón, los enormes beneficios harían que la investigación anti-envejecimiento sea una mejor opción que las áreas de la investigación médica que actualmente se encuentran mucho mejor financiadas.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos