Wednesday, October 22, 2014
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Los futuros opuestos de Estados Unidos

Hace poco supe algo interesante: los economistas estadounidenses de finanzas internacionales y los macroeconomistas estadounidenses orientados al análisis local de EE.UU. tienen visiones muy diferentes (de hecho, opuestas) sobre las consecuencias probables del enorme déficit de cuenta corriente de EE.UU. Los economistas de finanzas internaciones ven probable que en los Estados Unidos ocurra una crisis financiera, seguida de una recesión dolorosa y tal vez prolongada. Los macroeconomistas orientados al análisis local, en contraste, ven la inminente caída del valor del dólar no como una crisis, sino como una oportunidad para acelerar el crecimiento.

En términos generales, ven la situación de la siguiente manera: en algún punto del futuro, los bancos centrales extranjeros estarán menos dispuestos a continuar comprando grandes cantidades de valores denominados en dólares con el fin de apuntalar el papel moneda. Cuando terminen sus programas de compra de dólares en gran escala, el valor del dólar caerá... y caerá fuerte.

Sin embargo, según esta visión, a medida que decline el valor del dólar las exportaciones estadounidenses se irán haciendo más atractivas para los extranjeros, el empleo se fortalecerá y se reincorporará mano de obra al sector exportador, que vivirá una nueva etapa de auge. Será como lo que ocurrió en Inglaterra después de que abandonó el anclaje de su tipo de cambio y permitió que la libra se depreciara con respecto al marco alemán, o lo que ocurrió en los Estados Unidos a fines de los años 80, cuando el dólar se depreció frente a la libra, el marco alemán y (lo que es más importante) el yen japonés.

Los economistas de las finanzas internacionales ven un futuro mucho más sombrío. Ven que el fin de los programas de compra de dólares en gran escala de los bancos centrales significará no sólo un declive del dólar, sino también un alza en las tasas de interés de largo plazo de EE.UU., que frenará inmediatamente el gasto de consumo y ahogará el gasto de inversión tras un pequeño retardo.

No cabe duda de que los economistas de las finanzas internacionales también ven que las exportaciones estadounidenses se beneficiarán a medida que el valor del dólar baje, pero los retardos en la demanda son tales que el impulso exportador ocurrirá un año o dos después de la baja en el gasto de consumo e inversión. Ocho a diez millones de personas tendrán que cambiar de empleo, pasando del sector servicios y la construcción a los sectores relacionados con las exportaciones y los bienes que compiten con las importaciones, lo que implica que aumentará el desempleo estructural.

Más aún, puede haber un pánico financiero: las grandes instituciones financieras con deudas de corto plazo y activos de largo plazo se verán en dificultades frente a un gran aumento de las tasas de interés de largo plazo denominadas en dólares. Esta disparidad puede causar tensiones financieras y bancarrotas de manera tan fácil como las deudas de corto plazo en dólares y los activos en moneda local de los bancos las causaron durante las crisis mexicana y del este asiático en los años 90, y la crisis argentina en la presente década.

Cuando los economistas de las finanzas internacionales describen este escenario, los macroeconomistas orientados al análisis local de EE.UU. responden que suena a un caso de política monetaria incompetente. ¿Por qué la Reserva Federal debería permitir que las tasas de interés de largo plazo tuvieran una gran alza sólo porque otros bancos centrales han finalizado sus programas de compra de dólares? ¿No debería intervenir y sustituirlas con sus propias compras de bonos del Tesoro de EE.UU., manteniendo de ese modo las tasas de interés de largo plazo en un nivel que conduzca al pleno empleo?

A esto, los economistas de las finanzas internacionales responden que la Reserva Federal no tiene el poder de hacer tal cosa. Si se los obliga a escoger entre el pleno empleo y la estabilidad de los precios, los economistas de las finanzas internacionales dicen que la Reserva Federal escogerá la estabilidad de los precios, ya que su memoria institucional de los años 70, cuando la inflación se fue a la nubes, sigue siendo muy fuerte. Por tanto, puesto que una caída en el valor del dólar aumenta los precios de las importaciones y  funciona como un golpe negativo al lado de la oferta en la economía, la Reserva Federal tendrá que elevar, no disminuir, las tasas de interés y vender bonos en lugar de comprarlos.

En ambos lados de este debate hay economistas serios a quienes respeto enormemente. No soy lo suficientemente sabio como para decir cuál es el lado correcto, pero ciertamente sé cuál espero que esté errado.

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