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La oportunidad de oro que ofrece el arroz dorado

SÃO PAULO – Finalmente, con un retraso de 12 años a causa de los opositores de los alimentos genéticamente modificados (GM), se cultivará en Filipinas el denominado “arroz dorado” que contiene vitamina “A”. Durante dichos 12 años, cerca de ocho millones de niños en todo el mundo murieron a causa de deficiencia de vitamina A. ¿Son parcialmente responsables de estas muertes quienes abogan en contra de los transgénicos?

El arroz dorado es el ejemplo más prominente en la controversia global sobre los alimentos genéticamente modificados, que lleva a encarar una tecnología que muestra algunos riesgos, pero que tiene un potencial increíble, ante la resistencia que ejercen campañas que pueden ser denominadas como “campañas que hacen sentir bien a las personas”. Tres mil millones de personas dependen del arroz como alimento básico, y un 10% de dichas personas están en riesgo de sufrir deficiencia de vitamina “A”, la cual, según la Organización Mundial de la Salud (World Health Organization), causa que entre 250.000 a 500.000 niños enceguezcan cada año. De estos últimos, la mitad muere dentro del periodo de un año. Un estudio de la revista médica británica The Lancet estima que, en total, cada año la deficiencia de vitamina “A” mata a 668.000 niños menores de cinco años.

Sin embargo, a pesar del costo en vidas humanas, los activistas anti-transgénicos – que incluyen desde organizaciones como Greenpeace a Naomi Klein –se han burlado de los esfuerzos dirigidos a utilizar el arroz dorado para evitar la deficiencia de vitamina “A”. En la India, Vandana Shiva, un activista medioambiental y asesor del gobierno, llamó al arroz dorado “un engaño”, que “crea hambre y desnutrición, en lugar de solucionar estos problemas”.

La revista New York Times informó el año 2001 (reported in 2001) que sería necesario “comer 15 libras de arroz dorado cocido al día” para obtener suficiente vitamina “A”. Lo que en ese entonces fue una exageración, ahora se puede demostrar de manera patente   que es un dato incorrecto. Dos estudios recientes de American Journal of Clinical Nutrition  muestran que tan sólo 50 gramos (aproximadamente dos onzas) de arroz dorado pueden proporcionar el 60% de la ingesta diaria recomendada de vitamina “A”. Estos estudios demuestran que el arroz dorado en niños funciona mejor incluso que la espinaca en cuanto a suministrar vitamina “A”.

Los opositores sostienen que hay mejores maneras de abordar la deficiencia de vitamina “A”. En su último comunicado (latest statement), Greenpeace dice que el arroz dorado “no es algo que necesitamos, ni es necesario” y hace un llamado a que, en lugar de dicho arroz, se utilicen suplementos y fortificación, que son formas que describe como “rentables” en cuanto a su relación costo-beneficio.

Sin duda, la distribución de píldoras de vitaminas o la adición de vitamina “A” a los productos básicos puede marcar una diferencia. Pero no es una solución sostenible a la deficiencia de vitamina “A”. Y, si bien es rentable en cuanto a la relación costo-beneficio, estimaciones publicadas recientemente indican que el arroz dorado es mucho más rentable.

Los programas de suplemento en la India cuestan $4.300 por cada vida que salvan de la deficiencia de vitamina “A”, mientras que los programas de fortificación cuestan alrededor de $2.700 por cada vida salvada. Ambos programas son buenísimas propuestas. Sin embargo, el arroz dorado costaría tan sólo $100 por cada vida que se salve de la deficiencia de vitamina “A”.

Del mismo modo, se argumenta que no se adoptaría el consumo del arroz dorado, porque la mayoría de los asiáticos rehúye el arroz integral. Sin embargo, se debe hacer notar que el arroz integral es sustancialmente diferente en sabor y se echa a perder con facilidad en climas cálidos. Además, muchos platos asiáticos ya son de color amarillo debido a que se les adiciona condimentos como el azafrán, el achiote y la cúrcuma. Las personas son quienes deben decidir por si mismos y en representación de sus hijos, y no así la organización Greenpeace, si desean adoptar el consumo de un arroz rico en vitamina “A”.

Lo más irónico es la crítica auto-cumplida que muchos activistas ahora utilizan. Greenpeace llamó al arroz dorado “un fracaso”, ya que “ha estado en desarrollo durante casi 20 años y aún no ha tenido ningún impacto sobre la prevalencia de deficiencia de vitamina “A””. No obstante, como Ingo Potrykus, el científico que desarrolló el arroz dorado, dejó en claro (made clear) dicho fracaso se debe casi en su totalidad a la oposición implacable a los alimentos genéticamente modificados –  a menudo de bienintencionadas personas occidentales ricas, que se encuentran muy lejos de sufrir los riesgos que conlleva una verdadera deficiencia de vitamina “A”.

Está claro que tener normativas sobre bienes y servicios relacionados a la salud pública es una buena idea, pero dichas normativas deben equilibrarse siempre tomando en cuenta los posibles costos – en este caso, el costo de no proporcionar más vitamina “A” a ocho millones de niños durante los últimos 12 años.

A modo de ejemplo, las normativas vigentes para los alimentos genéticamente modificados, si se aplicarían a productos no modificados genéticamente, prohibirían la venta de patatas y tomates, que puede contener glicoalcaloides tóxicos; de apio, que contiene psoralenos cancerígenos; del ruibarbo y la espinaca (que contienen ácido oxálico) y de la yuca, que es un producto que alimenta a cerca de quinientos millones de personas, pero contiene alcaloides cianogénicos que son tóxicos. Los alimentos como la soja, el trigo, la leche, los huevos, los moluscos, los crustáceos, el pescado, el sésamo, las nueces, el maní y el kiwi también estarían prohibidos, ya que pueden causar alergias a los alimentos.

Aquí vale la pena señalar que no existen informes que den cuenta que los alimentos genéticamente modificados hubiesen tenido efectos sobre la salud humana. Pero muchos activistas han afirmado otros efectos. Una historia conocida, que sigue siendo repetida por Shiva, es que el maíz genéticamente modificado con la toxina “Bt” mata a las mariposas monarca (kills Monarch butterflies). Sin embargo, muchos estudios revisados por expertos (peer-reviewed studies) han establecido de manera eficaz que “el impacto que tiene el polen con toxina “Bt”, que proviene de los actuales productos híbridos comerciales, sobre las poblaciones de mariposas monarca es insignificante”.

Greenpeace y muchos otros afirman que los alimentos genéticamente modificados meramente hacen posible que grandes empresas, como por ejemplo Monsanto, ejerzan un poder casi monopolístico. Pero, estas afirmaciones son similares a poner el carro delante del caballo: el predominio de las grandes empresas en parte refleja el activismo anti-transgénicos, mismo que ha causado que el proceso de aprobación sea tan largo y tan costoso que sólo las empresas que atienden a agricultores ricos del primer mundo pueden permitirse el lujo de continuar con los trámites para obtener dichas aprobaciones.

Por último, a menudo se afirma que los cultivos transgénicos simplemente significan semillas más costosas y menos dinero para los agricultores. Pero los agricultores tienen libertad para elegir. Más de cinco millones de agricultores de algodón en la India se han inclinado en grupo hacia el cultivo del algodón genéticamente modificado, ya que produce mayores ingresos netos. Sí, es cierto que las semillas son más caras, pero el aumento en producción compensa dicho costo adicional.

Por supuesto, ninguna tecnología está exenta de defectos; por lo tanto, la supervisión reglamentaria es útil. Pero vale la pena mantener una cierta perspectiva. En el año 2010, la Comisión Europea (European Commission), tras examinar 25 años de investigaciones sobre organismos genéticamente modificados (OGMs), llegó a la conclusión de que “hoy en día no existe evidencia científica que asocie a los OGMs con mayores riesgos para el medio ambiente o para la seguridad de los alimentos y forrajes en comparación con las plantas y organismos convencionales”.

Ahora, por fin, el arroz dorado llegará a las Filipinas; después de ello, se espera que llegue a Bangladesh e Indonesia. Pero, para ocho millones de niños, la espera fue demasiado larga.

Fiel a su estilo, Greenpeace ya alza su voz de protesta (already protesting), señalando que “los niños filipinos podrían ser los nuevos conejillos de Indias para el arroz dorado”. Puede que esto no preocupe mucho a los 4,4 millones de niños filipinos (4.4 million Filipino kids) que sufren de deficiencia de vitamina “A”.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.