Monday, April 21, 2014
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Mijail Gorbachov y el fin de la Guerra Fría

Este mes Mijail Gorbachov celebró su cumpleaños número 75 con un concierto y una conferencia en su fundación en Moscú. Lamentablemente, no es una figura popular entre el pueblo ruso, que lo culpa de la pérdida del poder soviético. Sin embargo, como Gorbachov ha respondido a quienes lo acusan entre gritos: “Recuerden, yo soy quien les dio el derecho a gritar”.

Cuando llegó al poder en 1985, Gorbachov intentó disciplinar al pueblo soviético como un modo de superar el estancamiento económico. Cuando quedó en evidencia que la disciplina no solucionaría el problema, lanzó la perestroika (“reestructuración”). Y cuando los burócratas entorpecieron continuamente sus órdenes, utilizó la glasnost, o discusión abierta y democratización. No obstante, una vez que la glasnost dejó que la gente dijera lo que pensaba, muchos expresaron la idea de abandonar el sistema imperante. Para diciembre de 1991, la Unión Soviética había dejado de existir.

La política exterior de Gorbachov, a la que llamó “nuevo pensamiento”, también contribuyó al fin de la Guerra Fría. Gorbachov señaló que la seguridad era un juego del cual todos podían beneficiarse a través de la cooperación. En lugar de intentar construir tantas armas nucleares como fuera posible, proclamó una doctrina de “suficiencia”, manteniendo sólo una cantidad mínima para garantizar la protección. También creía que el control soviético sobre un imperio en Europa del Este estaba resultando demasiado muy caro y dando muy pocos beneficios, y que la invasión a Afganistán había sido un desastre costoso.

Para el verano de 1989, los europeos del este ya estaban disfrutando de mayores niveles de libertad. Gorbachov se negó a apoyar el uso de la fuerza para acallar las manifestaciones. En noviembre, se produce la caída del Muro de Berlín.

Algunos de estos acontecimientos ocurrieron debido a errores de cálculo de Gorbachov. Después de todo, quería reformar el comunismo, no reemplazarlo. Sin embargo, sus reformas se convirtieron en una bola de nueve impulsada desde abajo en lugar es estar controlada desde arriba. Al tratar de reparar el comunismo, abrió un agujero en él. Como una grieta en una represa, una vez que la presión acumulada comenzó a salir, amplió la fisura y quebró el sistema.

En contraste, si el Politburó del Partido Comunista hubiera escogido a uno de los competidores de línea dura de Gorbachov en 1985, es posible que el declive de la Unión Soviética hubiera tomado cerca de otra década. No tenía que colapsar tan rápidamente. La orientación humanitaria de Gorbachov contribuyó en gran medida al ritmo del cambio.

No obstante, hubo también causas más profundas de la caída del imperio soviético. Una fue el poder “suave” de las ideas liberales, cuya difusión se vio ayudada por el crecimiento de las comunicaciones y los contactos trasnacionales, mientras que el efecto de demostración del éxito económico de Occidente les dio una capacidad de atracción adicional. Además, el enorme presupuesto de defensa soviético comenzó a socavar otros aspectos de la sociedad soviética. El sistema de atención de salud se deterioró y aumentó la tasa de mortalidad (se trató del único país desarrollado donde ocurrió eso). Finalmente, incluso el ejército tomó conciencia de la tremenda carga causada por la excesiva extensión territorial del imperio.

A fin de cuentas, las causas más profundas del colapso soviético fueron el declive de la ideología comunista y el fracaso económico, lo cual habría sucedido incluso sin Gorbachov. A principios de la Guerra Fría, el comunismo y la Unión Soviética tenían un considerable poder blando. Varios comunistas encabezaron la resistencia contra el fascismo en Europa, y muchos creyeron que el comunismo era la ola del futuro.

Sin embargo, el poder blando soviético se vio afectado por la puesta en evidencia de los crímenes de Stalin en 1956, y por la represión en Hungría en 1956, Checoslovaquia en 1968 y Polonia en 1981. Aunque en teoría el comunismo se orientaba a crear un sistema de justicia de clases, los herederos de Lenin mantuvieron el poder local a través de un brutal aparato de seguridad que involucraba purgas letales, gulags, una amplia censura e informantes omnipresentes. El efecto neto de estas brutales medidas fue una pérdida general de fe en el sistema.

Mientras tanto, el declive de la economía soviética reflejó una menor capacidad de planeamiento central para responder al cambio económico global. Stalin había creado una economía vertical que enfatizaba la manufactura pesada e industrias llenas de chimeneas, haciéndola altamente inflexible y carente de versatilidad.

Como señalara el economista Joseph Schumpeter, el capitalismo es una “destrucción creativa”, una manera de responder de modo flexible a las grandes olas del cambio tecnológico. A fines del siglo veinte, el principal cambio tecnológico de la tercera revolución industrial fue el creciente papel de la información como recurso más escaso en una economía. El sistema soviético era particularmente inepto en cuanto al manejo de la información. Los altos niveles de secretismo de su sistema político hicieron que el flujo de la información terminara siendo lento y engorroso.

La globalización económica creó dificultades en todo el mundo a fines del siglo veinte, pero las economías de mercado occidentales fueron capaces de reubicar mano de obra en el sector servicios, reestructurar sus industrias pesadas y hacer el cambio al sector informático. La Unión Soviética no pudo seguir el ritmo.

De hecho, cuando Gorbachov llegó al poder en 1985, había 50.000 computadoras personales en la Unión Soviética, mientras que en los Estados Unidos había 30 millones. Cuatro años más tarde, había cerca de 400.000 en la Unión Soviética y 40 millones en EE.UU. Según un economista soviético, para fines de la década de los 80 sólo un 8% de la industria soviética era competitiva a nivel global. El difícil para un país seguir siendo una superpotencia cuando el mundo no desea el 92% de lo que produce.

Las lecciones para hoy son claras. Si bien el poder militar sigue siendo importante, es un error para cualquier país descartar el papel del poder económico y el poder blando. Pero también es un error no tomar en cuenta la importancia de los líderes con valores humanitarios. Puede que la Unión Soviética haya estado condenada de antemano, pero el mundo debe agradecer a Gorbachov el hecho de que el imperio que tuvo a su cargo terminara sin una conflagración sangrienta.

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