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Problemas en la zona euro

LONDRES – Los responsables del diseño de políticas de Europa manejaron mal el problema de la deuda de Grecia. Inicialmente, los jefes de gobierno de la Unión Europea, y el Banco Central Europeo, rechazaron la idea de involucrar al Fondo Monetario Internacional, pero sin un plan alternativo. Es difícil no llegar a la conclusión de que en parte esto se debió a la renuencia del presidente francés, Nicolas Sarkozy, de ver a Dominique Strauss-Kahn, el Director Gerente del FMI, llegar directamente de Washington al rescate de la zona euro. Por supuesto, Strauss-Kahn será probablemente el rival socialista de Sarkozy en las próximas elecciones presidenciales de Francia.

¿Acaso Grecia es el aviso de que la unión monetaria europea está a punto de disolverse, y que los otros tres famosos PIGS (Portugal, Italia y España) están alineados como fichas de dominó que caerán? Georges Soros teme que este sea el caso y da 50% de probabilidades a la zona euro de sobrevivir en su forma actual.

Ciertamente, el suceso puso de relieve las fallas de la gobernanza del euro –fallas que no sorprenden a aquéllos que participaron en la creación de la moneda común. Helmut Kohl, uno de los padres principales del euro, señaló en 1991 que “la idea de mantener una unión económica y monetaria duradera sin una unión política es una falacia.” Margaret Thatcher, desde el campo opuesto, dijo en sus memorias. “Pienso que la moneda única europea está destinada al fracaso económico, político y ciertamente social, aunque el momento, el contexto y las consecuencias todavía son poco claras.” Ahora puede haber un mercado para una traducción al griego de su libro.

Si bien es posible que no estén de acuerdo con ninguna de estas dos predicciones apocalípticas, muchos de los líderes europeos están entendiendo que hace falta un cambio, y que el caso griego reveló una falla en el centro del proyecto. Sarkozy, por ejemplo, ha revivido un argumento que Francia ha sostenido durante mucho tiempo para crear alguna forma de gobierno económico en Europa como contrapeso al BCE.

Los franceses normalmente presentan esta propuesta para obtener cierta participación en las decisiones monetarias del BCE, que algunas veces consideran adversas al crecimiento y el empleo, o para evitar que otros países mantengan políticas fiscales injustas (“injusto” entendido generalmente como una tasa impositiva más baja que la correspondiente francesa).

En el pasado, los alemanes descartaron estos argumentos, pero ahora son más receptivos. Sin embargo, el ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, se centra en la cuestión de los miembros en dificultades, y ha presentado una propuesta de un fondo monetario europeo que ofrezca asistencia a los países con problemas como los de Grecia, basado en términos generales en el modelo del FMI.

Esta idea tiene lógica. La desventaja es que requeriría de un cambio en los tratados europeos que a su vez necesitaría la aprobación unánime de los 27 países y los votos positivos en los referendos en algunos de ellos, incluido el Reino Unido, si los conservadores de David Cameron ganan las próximas elecciones generales.

Tras los votos negativos de los referendos en Francia, los Países Bajos e Irlanda sobre la reforma constitucional europea, es casi inconcebible que los jefes de gobierno de la UE se decidan a volver a tomar esa ruta. Ciertamente, nada podría lograrse con un programa que no ofrece ningún alivio a los demás PIGS. Todos estarían destruidos antes de que se llegara a cualquier acuerdo.

Entonces, en el corto plazo se tendrá que recurrir al FMI, si ese tipo de apoyo se necesita, y Sarkozy tendrá que tragarse su orgullo. Pero, ¿realmente se necesita un FME en el largo plazo? No lo creo. Tampoco creo que sea estrictamente necesario un gobierno económico europeo. Lo que sí se requiere es un acuerdo colectivo sobre la disciplina fiscal y un reavivamiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, que desatinadamente se abandonó  –irónicamente cuando los franceses y los alemanes consideraron sus normas demasiado restrictivas.

Los líderes europeos deberían referirse al artículo de investigación de Otmar Issing, “The Euro –A Currency Without a State” (El euro: una moneda sin un Estado), publicado en diciembre de 2008 antes de que estallara la crisis. Issing, el economista en jefe del BCE en los años formativos del Banco, sabe más cómo opera en la práctica una unión monetaria que nadie. Sostiene que el “Pacto de Estabilidad y Crecimiento contiene todas las normas que son necesarias para el funcionamiento de una unión monetaria. No es necesario ir más allá de la coordinación de las políticas macroeconómicas.”

Europa no necesita el plan francés para la coordinación de políticas fiscales u otro FMI, pero sí tiene que haber una disciplina fiscal para evitar que otros países se beneficien injustamente como al parecer hicieron los griegos. Aparentemente dieron por hecho que el resto de Europa pasaría por alto los altos déficit sostenidos, y que, como miembros de la zona euro, el mercado consideraría su deuda como si fueran bonos alemanes, aunque emitidos por un pueblo amigable y receptivo en un clima agradable y con un vaso de ouzo en la mano.

El Pacto original preveía un 3% del PIB como tope del déficit fiscal, salvo en circunstancias excepcionales. Los inversionistas entienden bien que ahora estamos en dichas circunstancias, por lo que tomará algún tiempo regresar a ese nivel. Pero ese debería ser claramente el objetivo, con la asistencia del FMI en el camino para proporcionar fondos provisionales cuando se requiera y cubrir políticamente a los gobiernos que estén obligados a tomar decisiones duras en cuanto al gasto público y la fiscalidad.

La disciplina fiscal no suena tan visionaria como un “gobierno económico.” Sin embargo, la UE ha sufrido de un exceso de “visión” y un déficit de medidas presupuestales prácticas. Es tiempo de restablecer el equilibrio o el pronóstico pesimista de Soros podría hacerse realidad.

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