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¿Por qué no deberían dejarse los sueldos en el sector financiero al arbitrio del mercado?

CAMBRIGDE- Si bien, algunas firmas financieras están reformando la manera de remunerar a sus empleados, los gobiernos de todo el mundo están considerando seriamente regular las estructuras de compensación de dichas empresas. El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea, recientemente se declaró a favor de esas regulaciones, y la Cámara de Representantes de los Estados Unidos ha aprobado exigir que las instancias reguladoras establezcan reglas sobre las compensaciones.

Tal vez no resulte sorprendente que muchos de los altos mandos del sector financiero se opongan enérgicamente a dichas acciones. Afirman que necesitan la libertad de crear paquetes de compensación para conservar a su personal más talentoso –los que reactivarán el sistema financiero mundial. Entonces, ¿deberían los gobiernos hacerse a un lado y dejar en manos de las firmas financieras sus propias reformas?

La respuesta es claramente no. En el orden financiero posterior a la crisis, los gobiernos deben asumir el papel de supervisores y reguladores de las retribuciones en las firmas financieras; de otro modo, los incentivos perversos que contribuyeron a crear la crisis actual podrían repetirse fácilmente.

Es importante distinguir entre dos fuentes de preocupación relativas a las retribuciones en las firmas financieras. Una serie de inquietudes tienen su origen en el punto de vista de los accionistas. Las cifras dadas a conocer recientemente por el fiscal de Nueva York, Andrew Cuomo, indican que nueve grandes firmas financieras pagaron a sus empleados compensaciones que en conjunto superaron los 600,000 millones de dólares entre 2003-2008 –periodo en el que su capitalización agregada de mercado disminuyó sustancialmente. Tales patrones pueden crear preocupación entre los accionistas en el sentido de que las estructuras de pago no están bien diseñadas para dar servicio a sus intereses.

Incluso en el supuesto de que las firmas financieras tuvieran problemas de gobernanza que produjeran decisiones relativas a las retribuciones que se apartaran de los intereses de los accionistas, esos problemas no justifican  necesariamente que el gobierno regule dichas decisiones. Tales problemas se pueden abordar mejor con reglas enfocadas en la mejora de los procesos internos de gobernanza y en el fortalecimiento de los derechos de los inversionistas, dejando que las decisiones relativas a la fijación de las estructuras de compensación las tomen los juntas de gobierno y los accionistas que las eligen.

Sin embargo, las retribuciones en el sector financiero también ponen de manifiesto una segunda causa de preocupación: incluso en el supuesto de que las estructuras de compensación estuvieran diseñadas tomando en cuenta los intereses de los accionistas, éstas podrían producir incentivos para tomar riesgos excesivos que socialmente son indeseables. Como resultado, incluso si los problemas de gobernanza empresarial se resolvieran del todo, la participación del gobierno en la regulación de las estructuras de compensación de las firmas aún podría justificarse.

Supongamos que las instancias reguladoras pueden confiar en que la mayoría de las firmas financieras se administrarán respondiendo a los intereses de los accionistas. ¿Se justificaría que dichas firmas estuvieran exentas de las regulaciones actuales que les imponen restricciones en materia de préstamos, inversiones o reservas de capital? Claramente no porque los accionistas no cargan con todos los costos que conlleva el desplome de una firma, y, como quedó demostrado en la crisis más reciente, la cuenta de tal caída la deben pagar, al menos en parte, los contribuyentes y la economía. Por tanto, las decisiones “demasiado riesgosas” que se toman en los negocios  algunas veces podrían responder a los intereses de los accionistas, y se justifica, -en efecto, es necesario- regular tales decisiones.

La regulación de las retribuciones es necesaria en el sector financiero por las mismas razones por las que se justifican las regulaciones tradicionales de las decisiones empresariales de las firmas. Los incentivos generados por las estructuras de compensación determinan la forma en que los directivos de las firmas se comportan dentro de lo permitido por los límites de esas regulaciones tradicionales directas. Y como las regulaciones tradicionales de las decisiones empresariales necesariamente son imperfectas, la regulación de las estructuras de compensación podría ser una útil herramienta adicional para controlar los riesgos que plantea la conducta de las firmas financieras. Si se prevé que las decisiones relativas a las estructuras de compensación afectarán la estabilidad de las firmas financieras, la regulación de estas decisiones también podría servir para proteger dicha estabilidad.

Es probable que las firmas financieras que se oponen a regular sus retribuciones hagan advertencias contra “micro administrar” las compensaciones y argumenten que las decisiones relativas a las compensaciones se deben hacer tomando en consideración la información sobre cada directivo, la cual es casi seguro que no posean las instancias reguladoras. Sin embargo, la regulación de las retribuciones puede mejorar las cosas sin necesidad de recurrir a la micro administración, mediante el establecimiento de parámetros generales de los cuales las firmas no podrán apartarse, pero que de cualquier forma les den un margen significativo para tomar en cuenta las circunstancias individuales de los directivos.

Por ejemplo, las normas reglamentarias podrían exigir que en los planes basados en acciones se impidiera a los directivos liquidar sus valores y opciones durante un periodo mínimo posterior a la inversión. En dicho caso, las firmas todavía tendrían la libertad de elegir el número de acciones y opciones a cualquier directivo, así como ajustar en cierta medida el plazo posterior a la inversión en el que no se permitiría liquidar las acciones.

Finalmente, es seguro que aquéllos que se oponen a la regulación de las retribuciones nos prevendrán sobre “las consecuencias inesperadas”. Sin embargo, esta advertencia no debería preocuparnos. En los últimos años hemos experimentado las reales y costosas consecuencias de regímenes de compensación en los que las firmas financieras tenían la libertad de fijar sus propias estructuras salariales. ¿Debemos creer acaso que estas costosas consecuencias son preferibles a las consecuencias inesperadas de las regulaciones salariales?

Los esfuerzos por evitar los daños provocados por decisiones erróneas futuras sobre las compensaciones no deberían disuadirse con los argumentos especulativos sobre las consecuencias inesperadas. Las firmas financieras no deberían tener la libertad de crear incentivos perversos que nos pongan a todos en riesgo.

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