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La geopolítica occidental: un trastorno infantil

Declaraciones recientes de algunos dirigentes estadounidenses y de representantes de la OTAN dan la impresión de que no sólo los radicales islámicos y de otra índole, sino también figuras civilizadas están perdiendo la comprensión de la realidad y han empezado a actuar irracionalmente. El mundo se está volviendo un lugar cada vez más difícil de prever y administrar, en particular para quienes están acostumbrados a estar al mando de él.

Los errores del pasado decenio se cobrarán un precio muy elevado. Se ha permitido a tres países –el Pakistán, la India y Corea del Norte—desarrollar armas nucleares, lo que demuestra que ya no quedan argumentos políticos o morales contra la proliferación nuclear, sólo ataques aéreos o soborno.

En lugar de un diálogo de civilizaciones y apoyo a las fuerzas modernizadoras en el Oriente Medio, se ha dado preferencia a una orientación casi opuesta. La invasión del Iraq destruyó una tiranía muy desagradable, pero ha inspirado una oleada de odio a Occidente, incluso entre quienes despreciaban a Sadam, y ha dividido al propio Occidente.

De hecho, han aparecido coaliciones antiamericanas no sólo en el Oriente Medio, sino también en América Latina, mientras que algunos políticos occidentales parecen haber procurado agravar las relaciones con Rusia y China para restablecer la solidaridad atlántica y debilitar aún más a Europa. Por ejemplo, se habla de instalar un sistema de defensa anticohetes en Polonia, cerca de la frontera con Rusia, supuestamente para prevenir ataques terroristas con cohetes, que por definición no pueden alcanzar a Polonia.

También se habla de la adhesión a la OTAN de Australia, Corea del Sur, Japón y Nueva Zelandia. Ninguno de esos países necesita a la OTAN, pero el olor a PATO, CENTO, SEATO y otros pactos y seudopactos olvidados desde hace mucho vuelve a estar en el aire. Asimismo, la Asamblea Parlamentaria de la OTAN ha anunciado los preparativos para la adhesión a la OTAN de países como Croacia, Macedonia e incluso Albania, ninguno de los cuales cumple los criterios tradicionales de la Alianza para la adhesión.

Más importante es que los Estados Unidos y Ucrania estén hablando en serio de una rápida adhesión de Ucrania a la OTAN, en 2008. La ampliación de la OTAN es deseada por quienes en Ucrania no están seguros de sí mismos ni de la viabilidad del Estado ucraniano, temen a una Rusia competitiva y desearían ligar a su Estado, militar y políticamente, a los Estados Unidos.

Pero eso revela una profunda incomprensión de las consecuencias de la adhesión de Ucrania a la OTAN. No es probable, por ejemplo, que Ucrania pudiera seguir careciendo de una frontera delimitada con Rusia. Sin embargo, si se crea una frontera de verdad –actualmente existe sólo en el papel y brinda ingresos a los funcionarios de aduanas corruptos–, surgirán problemas enormes. Todas las colinas cobrarán carácter estratégico y todos los barrancos pasarán a ser históricos. Se luchará por ellos y no resulta difícil imaginar derramamientos de sangre. Millones de familias quedarán divididas y millones de personas que trabajan al otro lado de la frontera pueden perder sus puestos de trabajo.

¿Lo entienden quienes apoyan la ampliación de la OTAN hasta Ucrania? Algunos puede que sí, pero parece que la mayoría simplemente o no recuerda o no tiene en cuenta las enseñanzas que se desprenden de la historia reciente.

Naturalmente, Rusia no es Serbia. Sobrevivirá a una mayor ampliación de la OTAN, aunque resultará debilitada temporalmente e incitada a adherirse a alianzas antioccidentales. Muchos funcionarios rusos perderán la paciencia ante el mantenimiento de Rusia como potencia del status quo y esperamos que no procuren la confrontación.

Un daño inconmensurablemente mayor se hará a Ucrania: perderá un socio decisivo, que tal vez no siempre haya sido ideal, pero que, aun así, nunca le ha infligido daños y nunca se ha aliado con otros países contra ella, pero también Occidente sufrirá, pues un nuevo "arco de inestabilidad" a lo largo de la frontera-ruso-ucraniana acabará con la idea de establecer una alianza de las grandes potencias del mundo contra las nuevas amenazas y resucitará la rivalidad entre bloques de tipo diferente. Si así fuera, todo el mundo perdería... aparte de los terroristas y radicales de cualquier clase.

Nadie puede permitirse una ampliación tan gravemente peligrosa de la OTAN hasta Ucrania. Así, pues, esperemos que la razón –y el instinto de autopreservación— prevalezca al final.

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