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La moraleja de Sandy

COPENHAGUE – Cuando la “súper tormenta” Sandy golpeó la costa oriental de los Estados Unidos el 29 de octubre, no sólo inundó el metro de Nueva York y se convirtió en el factor más importante para el 15% de los votantes estadounidenses (the most important factor for 15% of US voters) en las elecciones presidenciales de la semana siguiente, sino que también resucitó la aseveración injustificada & que señala que el calentamiento global es el culpable de este tipo de eventos, junto con el argumento moralmente irresponsable acerca de que debemos ayudar a las futuras víctimas de huracanes mediante la reducción de las emisiones de CO2.

Una cantidad innumerable de expertos y comentaristas públicos, que van desde Bill Clinton hasta Robert Redford, indicaron que Sandy ocurrió como consecuencia del cambio climático. Lo más espectacular fue la portada del Bloomberg Businessweek, en la cual se colocó un monumental titular encima de una imagen de un Manhattan inundado que decía “IT’S GLOBAL WARMING, STUPID” (Estúpido, es el calentamiento global).

En efecto, el calentamiento global es real, y la reducción del CO2 es una buena idea cuando el costo de tal reducción es menor a los daños que impide. También existe un granito de verdad en la relación entre los huracanes y el calentamiento global: el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) pronostica que los huracanes serán más fuertes pero menos frecuentes hacia finales de este siglo.

Pero el final del siglo llegará en 88 años, y culpar ahora al calentamiento global simplemente no es nada convincente (la primera fuente (first source) de Bloomberg para su aseveración fue un mensaje en Twitter de 134 caracteres). En su informe del año 2012 sobre climas extremos (2012 report on extreme weather), el IPCC afirma que da poco crédito a cualquier explicación que indique que los huracanes se deben al calentamiento global.

Los autores de uno de los artículos centrales de Science sobre las estimaciones de la ONU relativas a huracanes indican claramente: “es prematuro concluir que las actividades humanas… ya hubiesen tenido un impacto perceptible en la actividad de los huracanes en el Atlántico” (“It is premature to conclude that human activities… have already had a detectable impact on Atlantic hurricane activity.”).& No podremos detectar un impacto “hasta que nos encontremos cerca del final del siglo”.

De hecho, EE.UU. no ha visto un huracán de categoría 3 o mayor desde Wilma en el año 2005. Esos siete años sin huracanes fuertes es el periodo más largo en más de un siglo. (Sandy, que bajó de categoría de huracán justo antes de llegar a Nueva York, fue rebautizado por los medios de comunicación como una "súper tormenta").

No obstante que la revista Bloomberg afirma que Sandy es la tormenta más costosa en la historia de EE.UU., y que tiene implicaciones para “la supervivencia de la raza humana”, tales afirmaciones son sencillamente erróneas, ya que cualquier revisión de los costos del huracán Katrina mostraría lo contrario. En efecto, cuando se ajustan las cifras para tomar en cuenta la inflación y el crecimiento de las comunidades costeras, Sandy ocupa sólo el puesto 17 dentro de las tormentas de EE.UU.; además, tanto el número como la potencia de los huracanes que tocan tierra en los EE.UU. disminuyeron ligeramente desde el año 1900, no aumentaron.

Del mismo modo, en términos globales, la energía en los huracanes durante los últimos cuatro años (incluyendo a Sandy) ha sido menor en comparación a cualquier otro momento a partir de la década de 1970. Y, a pesar de los huracanes quizás lleguen a ser entre un 2 a 11% más fuertes (2-11% stronger) hasta finales de siglo, también serán menos frecuentes, y a su vez las sociedades serán más robustas, con lo que se prevé que el total de costos de los daños globales vaya a disminuir de 0,04% a 0,02% del PIB mundial durante este período.

Pero el verdadero daño que causa las afirmaciones sobre Sandy y el cambio climático se desprende de lo que frecuentemente se arguye tras las mismas; dicho argumento insidioso dice que si el calentamiento global causó esta destrucción, debemos ayudar a las futuras víctimas de los huracanes mediante la reducción de las emisiones de CO2 ahora. Como Redford dijo (Redford put it), es necesario “reducir la contaminación de carbono que está impulsando estas tormentas”. Como tantos otros, Redford deplora a quienes dudan: “al ignorar los hechos científicos, deshonran el sufrimiento humano provocado por el cambio climático”.

Pero, por desgracia, es centrándose en la reducción de CO2 que realmente deshonramos el sufrimiento humano, ya que cualquier recorte de carbono que sea realista prácticamente no hará nada durante los próximos 50 a 100 años.

Considere el aumento del nivel del mar, que de lejos fue lo que provocó el mayor daño en Nueva York. Los modelos muestran que la política climática más ambiciosas del mundo, el plan “20-20-20” de la UE (the EU’s “20-20-20” plan), tendrá un costo neto de aproximadamente $250 mil millones al año durante el resto del siglo, es decir cerca de $20 millones de millones de dólares en total. No obstante, únicamente reducirá el nivel del mar en nueve milímetros hasta el año 2100. Si EE.UU. se embarca en un plan similar, el costo y el beneficio probablemente estarían en una escala similar: una reducción de dos centímetros en el nivel del mar hasta finales de siglo, a un costo neto de aproximadamente $500 mil millones anuales.

Considere este escenario extremadamente no realista: aún si casi de inmediato lograríamos que el mundo entero – incluyendo a China e India –& & se embarque en recortes drásticos de carbono, e incluso si aspiraríamos el CO2 de la atmósfera con vista al fin del siglo, podríamos reducir el aumento del nivel del mar en tan sólo 18 a 45 centímetros hasta finales del siglo. Los modelos muestran que el costo, para ese entonces, sería por lo menos $40 millones de millones de dólares anuales.

Contraste esto con lo que correctamente preocupa a la ciudad de Nueva York (New York City is rightly concerned about): el 3,3% de posibilidades cada año (completamente sin calentamiento global) de que un huracán de categoría 3 azote a Nueva York. Esto provocaría marejadas de hasta 7,5 metros (unos tres metros más altas que las que provocó Sandy), que causarían que el aeropuerto Kennedy se sumerja en seis metros de agua. Gran parte del riesgo puede ser manejado mediante el levantamiento de diques, la construcción de puertas de tormenta para el metro, y arreglos simples, como el uso de pavimentos porosos – todo ello a un costo de alrededor de $100 millones al año ($100 million a year).

Sandy puso en relieve una pregunta fundamental para todos los confines del mundo que se ven afectados por huracanes. Si queremos reducir los daños de los huracanes, ¿nos centramos principalmente en una solución muy barata que nos permita manejar las marejadas causadas por tormentas de mucho mejor manera dentro de unos pocos años, o nos centramos en una solución increíblemente cara que requeriría casi cien años para evitar nueve milímetros en una marejada de 7,5 metros?

La respuesta moralmente defendible es clara y no tiene nada que ver con la reducción inmediata de las emisiones de CO2.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.