Thursday, April 17, 2014
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El regreso del monetarismo

TILBURG, PAÍSES BAJOS – La actual crisis económica pone de relieve la necesidad de hacer cambios fundamentales en los bancos centrales. Ya es tiempo de regresar a una forma de monetarismo más moderado, pero adaptado al siglo XXI.

Es claro que la crisis ha hecho que el trabajo de los banqueros centrales sea mucho más complicado. En los últimos 30 años, muchos banqueros centrales suponían que lo único que tenían que hacer era vigilar la estabilidad de los precios. Todas las herramientas que tenían a su disposición debían utilizarse con ese fin. Sin embargo, de ahora en adelante los banqueros centrales tendrán que buscar también la estabilidad financiera.

Implícitamente, los bancos centrales también tendrán que garantizar que no ocurra una nueva recesión. Pero la estructura institucional actual de los bancos centrales es muy inadecuada para afrontar esos desafíos. Los bancos centrales tendrán que obtener herramientas adicionales para sus nuevas tareas, y es ahí donde las cosas se complican mucho.

La razón es sencilla: según la regla de Tinbergen –así llamada en honor del Premio Nobel holandés Jan Tinbergen—los bancos centrales deben tener un instrumento independiente para cada tarea que lleven a cabo, como garantizar la estabilidad de los precios. Si tienen más de una tarea, necesitarán un número igual de instrumentos.

El factor que complica el asunto es que estos instrumentos de política deben ser independientes entre sí. Consideremos las tasas de interés. Ese instrumento no se puede utilizar al mismo tiempo para la estabilidad de los precios y para la estabilidad financiera, puesto que las perspectivas de la estabilidad de los precios podrían exigir tasas de interés más elevadas, mientras que garantizar la estabilidad financiera podría requerir tasas más bajas.

Por ejemplo, si en tiempos de dificultades económicas en el sector bancario un banco central los inundara con liquidez adicional a bajo costo, eso aumentaría la oferta de capital en los mercados financieros y presionaría a la baja las tasas de interés del mercado. Si la tasa de inflación aumentara en el futuro cercano, eso entraría en conflicto con la tarea de la estabilidad de los precios. Los bancos centrales se enfrentan constantemente a tener que elegir entre la estabilidad de los precios y la estabilidad financiera.

Encontrar instrumentos nuevos que sean efectivos, fáciles de utilizar e independientes de la tasa de interés parece una labor imposible. Con todo, hay una solución. Los bancos centrales deben dar una mayor importancia al crecimiento de la oferta monetaria (amplia) en sus estrategias de política monetaria.

El Banco Central Europeo, con su a menudo criticado pilar monetario, podría llevar algo de ventaja. Muchos economistas están de acuerdo en que la crisis económica y financiera actual se puede atribuir, al menos en parte, al hecho de que bancos centrales importantes como el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal de los Estados Unidos mantuvieron sus tasas de interés clave demasiado bajas durante demasiado tiempo. Eso condujo a un largo período de crecimiento de dos dígitos de la oferta monetaria.

El BCE fue más cauteloso. Ciertamente la caída de la prima de riesgo de los mercados financieros, el desarrollo de toda clase de derivados exóticos y el ulterior mal uso que se hizo de ellos sembraron las semillas de esta crisis, pero esos factores no habrían podido provocarla sin las abundantes lluvias que permitieron que esas semillas crecieran. Esas precipitaciones fueron el abundante crecimiento de la oferta monetaria en los Estados Unidos, el Reino Unido y las economías emergentes más grandes.

Por supuesto, enfocarse en la oferta monetaria no deja de tener desventajas. La innovación financiera ha debilitado los vínculos entre el crecimiento monetario y la inflación, por ejemplo. Pero la relación no ha desaparecido del todo. Como lo demuestra la crisis actual, tarde o temprano demasiado dinero conducirá a excesos, si no en la inflación de los precios al consumidor, en la inflación de los precios de los activos y la desaparición de la prima de riesgo.

Donde sea que se dé un crecimiento excesivo del dinero, las consecuencias para la estabilidad de precios, la estabilidad financiera, e incluso la estabilidad económica serán severas, como lo demuestra la actual crisis. Evitar esos resultados requiere que los banqueros centrales hagan juegos malabares –y darle a la oferta monetaria (amplia) un peso mucho mayor en sus estrategias de política monetaria del que ahora tiene ayudaría a que el número no se les viniera abajo.

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