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El euro desnudo

LONDRES – Grandes retos y respuestas mediocres: esa es la historia de la Unión Europea. Muy raramente la UE se pone a la altura de los acontecimientos, y ese es el motivo de que Europa se esté desvaneciendo en lo económico y geopolítico.

El Tratado de Roma de 1958, que creó la Comunidad Económica Europea, fue el gran salto hacia adelante de Europa. Sin embargo, la decisión de crear un mercado común sin un gobierno común significó sencillamente postergar los problemas para el futuro. Todo lo hecho desde entonces -la ampliación a 27 estados miembros y la creación de la eurozona de 16 miembros- ha ampliado la brecha entre retórica y realidad. La euroárea no ha hecho más que prometer mucho más que lo que su historia le permite cumplir.

La crisis financiera griega es el ejemplo más reciente de la brecha entre retórica y realidad. En su raíz, es una crisis de ampquot;ampliaciónampquot;, en este caso la ampliación de la eurozona. Los esfuerzos sin precedentes de disciplina fiscal en los años 90 -ayudados en Grecia por la ampquot;contabilidad creativaampquot;- permitieron a Portugal, Italia, Grecia y España (a los que se alude con el ofensivo acrónimo de ampquot;PIGSampquot;) cumplir los criterios de entrada en 1992. Sin embargo, una vez adentro la presión ya no estaba. La mayoría de los países mediterráneos siguieron gastando alegremente, confiados de que los mercados no les harían rendir cuentas.

Ahora Wolfgang Schauble, Ministro de Finanzas de Alemania, ha dicho que la gota ya colmó el vaso. Propone crear un Fondo Monetario Europeo (FME) para otorgar préstamos de emergencia a países en riesgo de impago de su deuda soberana. Los préstamos de emergencia tendrían un ampquot;alto costeampquot;, ampquot;condiciones estrictasampquot; y ampquot;penalidades obligatoriasampquot; en caso de no cumplimiento.

Traducido a palabras sencillas, esto significa que las finanzas públicas de un estado que reciba ayuda del FME se tercerizarían a comisionados externos, de manera muy similar a lo que ocurrió en el siglo diecinueve con los estados latinoamericanos que querían refinanciar sus deudas.

Milton Friedman predijo que la moneda común fracasaría tras una o dos décadas, lo que hoy es más probable que improbable. Después de todo, Schauble sabe que las condiciones que propone serían políticamente inaceptables, por lo que dice que si un país no es capaz de cumplirlas ampquot;debería, como último recurso, abandonar la unión monetaria, y seguir siendo miembro de la UEampquot;. Incluso podría ocurrir que Alemania misma la abandonara si es que sus socios más débiles no son capaces de ponerse a la altura del reto.

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La crisis mediterránea ha dejado al descubierto el prolongado defecto de la eurozona: la ausencia de un gobierno único. Debido a que la eurozona no es un ampquot;área monetaria óptimaampquot;, precisa de herramientas para tratar los llamados ampquot;golpes asimétricosampquot;, golpes que afectan a algunos miembros más que a otros. Sin embargo, carece de ellas, especialmente un Tesoro con atribuciones de imponer impuestos y tomar préstamos, y un banco central que pueda actuar como acreedor de último recurso para sus bancos miembros.

La propuesta de Schauble tiene tanto una dimensión económica como geopolítica. En lo económico pone en evidencia la profunda división entre quienes creen que los desequilibrios externos son falta de quienes gastan demasiado poco y quienes creen que son falta de quienes gastan demasiado.

John Maynard Keynes quiso obligar a los países con superávit a gastar o prestar dinero. Sin embargo, prevaleció la más antigua doctrina de que el deber de un país con déficit es ampquot;poner la casa en ordenampquot;. La única concesión a Keynes fue la creación del Fondo Monetario Internacional en 1944 para dar ayuda de corto plazo a países deficitarios, bajo estrictas condiciones. Esta es, en esencia, la propuesta alemana actual en el contexto más limitado de la eurozona.

La visión de Schauble es expresión del prolongado punto de vista deflacionario de Alemania. La institucionalidad alemana, conservadora en lo fiscal, quisiera que otros países de la UE que poseen grandes déficits presupuestarios recuperen la salud económica mediante la disciplina fiscal, una menor demanda interna y un alto crecimiento de las exportaciones. El problema, según los líderes alemanes, no es el alto índice de ahorro de su país, sino el gasto excesivo de otros miembros de la eurozona.

Martin Wolf, del periódico The Financial Times, no está de acuerdo. También hace notar el caso de China. Ambos países tienen grandes superávits de ahorro sobre inversión y enormes superávits comerciales. Ambos exhiben sus virtudes fiscales e insisten en que los países deficitarios detengan su gasto irresponsable.

Wolf dice, con razón, que este argumento es económicamente incoherente. Acumular ahorros en un lugar impone desempleo al resto. Quienes ahorran mucho deberían consumir más, haciendo posible que quienes gastan mucho exporten más y comiencen a vivir según sus medios sin quedar condenados a un estancamiento austero. La frugalidad no es virtud si nadie está dispuesto a gastar.

No obstante, el principal impacto de la bomba de Schauble tiene relación con la geopolítica de la UE.   La visión de la élite política de Europa es ser uno de los polos de un mundo multipolar. Pero, ¿qué es Europa? Menos que una federación, más que una confederación, carece de centros de gravedad o fronteras fijas. Cuando un líder estadounidense, chino o ruso quiere hablar con Europa, ¿a quién llama? Sin coherencia interna ni forma externa, Europa es poco más que una expresión geográfica.

En consecuencia, la implicancia de la propuesta de Schauble es que la euroárea debería reducirse a una dimensión gobernable. En esencia, recapitula el contraste entre la Gran Alemania que soñaban los idealistas en 1848 con la Alemania Menor creada por Bismarck en 1871.

Como el niño que no tenía temor a decir que el emperador caminaba desnudo, Schauble ha puesto una medida de realismo a la retórica pretenciosa con que todos los líderes europeos siguen prefiriendo cerrar sus discursos. Ha roto el tabú de poner en duda cualquier aspecto del proyecto europeo. Para quienes prefieren una construcción sólida a las simples quimeras, sus palabras son muy bienvenidas.

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