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La futilidad de las consultas con Estados Unidos

Ultimamente ha habido muchos encuentros ruso-estadounidenses de alto nivel, incluyendo pláticas entre los dos ministros de defensa. Todos se han centrado alrededor del amenazador problema del Tratado Antimisiles Balísticos (ABM por sus siglas en inglés).

Aunque el tono del diálogo ha cambiado desde que llegó al poder la administración Bush hace seis meses (la retórica de Estados Unidos es más suave y los presidentes de ambos países han mostrado cierta afinidad) personalmente creo que eso no importa gran cosa. Después de todo, los acuerdos más significativos entre los dos países los firmaron líderes rusos y estadounidenses que eran abiertamente hostiles. De hecho, las relaciones personales frecuentemente interfieren con los diálogos diplomáticos, y pueden ser percibidas como sustitutos para las soluciones y negociaciones serias.

Así, una retórica suavizada tiene sólo una importancia marginal. Lo que cuenta es el diálogo práctico, y en estos momentos ese no existe. Esto es particularmente cierto en lo que se refiere a las cuestiones vitales de las relaciones estratégicas, incluyendo el Tratado ABM y las armas ofensivas. No quiero sonar demasiado pesimista, pero los acuerdos de Génova, alcanzados en esa ciudad por los presidentes Putin y Bush, y las "consultas" que se han dado desde entonces, no tienen una base sólida y no llevan a ningún lado.

¿Por qué se habla tanto de consultas? Porque Estados Unidos no tiene intenciones de sostener pláticas serias. En las pláticas diplomáticas, cuando yo doy algo usted me da algo a cambio. Yo hago una concesión y usted responde con otra. Las negociaciones diplomáticas incluyen discusiones serias y la búsqueda de un equilibrio de intereses. Pero, ¿las consultas? En ellas yo ofrezco mi punto de vista y usted me da el suyo. Yo digo que no estoy de acuerdo con usted y usted no está de acuerdo conmigo. A eso se reducen las "consultas", a nada.

Por supuesto, podría decirse que las consultas sirven para aclarar posiciones (por ejemplo, aquellas disposiciones del Tratado ABM que no convienen a Estados Unidos). Pero seamos realistas. Washington no va a mostrar sus cartas. ¿Por qué habría de hacerlo? La administración Bush está humillada por el cambio en el equilibrio de fuerzas en el Senado, sus aliados le piden que no actúe de manera unilateral, y no sería diplomáticamente aconsejable romper con Rusia cuando las relaciones de EU con China son difíciles.

Por ello, con el fin de suavizar esos dilemas, Estados Unidos recurre a la diplomacia para darle la vuelta a los temas de las armas ofensivas y defensivas, pero no discute nada en serio. Un paso adelante, dos hacia atrás. Las declaraciones de los altos mandos son desautorizadas posteriormente por funcionarios de bajo nivel.

Esta situación conviene a los estadounidenses, ya que parece que el tiempo está a su favor. La prolongación de las maniobras diplomáticas permitirá a la administración de EU resolver los problemas con sus aliados y con el Senado convenciendo a ambos de que no está sucediendo nada terrible, de forma que gradualmente pueda empezar a hacer lo que quiere. A los Estados Unidos no les preocupa en este momento el asunto de la puesta en marcha de un sistema defensivo de misiles, ya que todavía no confían en ninguno de sus proyectos. Necesitan hacer pruebas sobre una amplia gama de actividades que el Tratado ABM prohíbe, incluyendo unidades móviles lanzadas desde el mar y el aire, entre otras cosas.

El Tratado ABM es un impedimento que los estadounidenses buscan desgastar en una atmósfera de garantías mutuas y de declaraciones políticas generales a fin de suavizar el impacto. Esta es la razón por la cual el Secretario de la Defensa, Donald Rumsfeld no forjó ningún acuerdo durante su reciente visita a Moscú. Simplemente volvió a exponer la posición de Estados Unidos una vez más, hablando sobre la amenaza nuclear que representan los países rebeldes, aunque en realidad se refería a China. Los EUA no pueden decir abiertamente que el Sistema Nacional de Defensa de Misiles está dirigido a China y a su limitado número de misiles balísticos intercontinentales.

Las consultas, hasta e incluyendo la visita de Vladimir Putin a Estados Unidos planeada para este otoño, nunca producirán acuerdos prácticos hasta que se cree una base de negociación sólida como la que existía durante los pasados 30 años. Mientras tanto, Estados Unidos utilizará el tiempo para empezar las pruebas que acabarán con el Tratado ABM. De hecho, el protocolo de 1997 sobre sistemas estratégicos de misiles antibalísticos permite a Estados Unidos probar numerosos sistemas hasta un cierto techo.

Por ejemplo, permite hacer pruebas sobre cualquier arma dirigida a blancos que vuelen a menos de 5 km/seg y pruebas sobre misiles interceptores lanzados desde tierra, mar y aire. La única limitación es que los misiles interceptores lanzados desde tierra y aire no deben volar a más de 5.5 km/seg, y la velocidad permitida para aquéllos lanzados desde el mar es de 4.5 km/seg. Los estadounidenses pueden trabajar en estos sistemas dentro de los techos acordados durante largo tiempo.

En cualquier caso, Estados Unidos no se retirará de golpe del Tratado ABM como creen muchas personas. Creen que el presidente de EU dirá: "Notificamos a todas las partes contratantes del Tratado ABM (incluyendo a Rusia, Ucrania, Bielorusia y Kasakstán) que bajo el Artículo 15 dejamos de considerarnos obligados por las disposiciones del tratado dentro de seis meses en vista de la aparición de una amenaza a los intereses nacionales". Esto no sucederá en el futuro inmediato.

Más bien, Estados Unidos sólo se retirará del tratado cuando comience a desplegar su sistema antimisiles, y faltan varios años para que eso pase. El tratado no morirá de un golpe, sino que se le desgastará y socavará hasta que todo el mundo crea que está muerto. Mientras tanto, los estadounidenses tratarán de crear sistemas confiables, y no es un hecho que vayan a tener éxito. Después de todo, los intentos anteriores han fallado. La tecnología no estaba lista entonces y nadie puede garantizar que lo esté ahora.

Todo depende de los logros tecnológicos y de lo que Rusia haga con su disuasión nuclear estratégica. Si Rusia reduce su arsenal demasiado, un sistema estadounidense diseñado para la defensa contra China será efectivo también contra Rusia, sin importar las declaraciones políticas que se hagan. Si el sistema en el que están trabajando los estadounidenses está diseñado para interceptar 200 ojivas, en 15 años ese sistema podrá utilizarse para neutralizar a Rusia, en vista de lo que pretendemos hacer con nuestro arsenal de disuasión nuclear.

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