Hubo un tiempo en el que el Presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, se comunicaba eficazmente con el mundo exterior. Ya no.
Hubo más de un ceño fruncido cuando después de la reunión de enero del Consejo de Administración del BCE Trichet amenazó con que el Banco actuaría de manera “preventiva” si los sindicatos intentaban incluir los aumentos de los precios de la energía y los alimentos en los nuevos contratos, lo que supondría un riesgo de que se desencadenara una espiral salarios-inflación.
Esta amenaza afectó mucho la credibilidad del BCE, ya que un aumento en las tasas de interés en medio de la crisis financiera más grave en varias décadas era obviamente absurdo. Nadie lo creyó y el BCE no sólo retiró su torpe amenaza el mes siguiente sino que adoptó una política de neutralidad de las tasas de interés.
Pero el anuncio de este cambio de política en la reunión de febrero tampoco se hizo correctamente. De alguna forma Trichet enredó el mensaje del Consejo en su conferencia de prensa y dio a entender que el BCE quería pasar a una estrategia de flexibilización en lugar de adoptar la neutralidad de “esperar a ver qué pasa”.
Como resultado, los mercados europeos de ingresos fijos tuvieron un fuerte ascenso, pero en pocos días la tendencia se invirtió cuando Trichet y sus colegas dejaron claro que los mercados lo habían “malinterpretado”. Así que hubo una volatilidad no deseada e innecesaria en los mercados porque Trichet no pudo comunicar bien el mensaje.
Desde septiembre ya había indicios claros de que la capacidad de comunicación de Trichet estaba empeorando, cuando el consejo de administración no efectuó el aumento de las tasas que el Presidente del BCE había prometido el mes anterior.
Por alguna razón desconocida, Trichet está decidido a no sorprender a los mercados a muy corto plazo. Les da a entender lo que hará con un mes de anticipación utilizando palabras clave como “vigilancia” para indicar que habrá un cambio de política, mientras da la impresión de que el banco nunca “compromete por adelantado” su posición.
Muchos miembros del consejo de administración se oponen a este juego infantil de las palabras clave porque elimina la libertad de acción una vez que el consejo se compromete a seguir una línea de acción. Entonces, el consejo se puede ver obligado a elegir entre hacer lo correcto y preservar la credibilidad de las comunicaciones del BCE.
Esto es precisamente lo que sucedió en septiembre, cuando la crisis financiera hizo imposible que el BCE llevara a cabo el aumento en las tasas de interés que había “anunciado” en agosto. Las comunicaciones con palabras clave, que sólo funcionan en un ambiente económico y financiero estable y sin crisis, habían dañado la credibilidad del BCE.
Hasta el otoño pasado, las calmadas aguas económicas le habían dado una luna de miel al BCE y a Trichet. Pero ahora que los mercados financieros están en problemas y es probable que así sigan, ha llegado el momento de que el BCE se deshaga de sus palabras clave, que en cualquier caso son un mal sustituto de una verdadera transparencia del banco central.
Lo que también hay que eliminar de la política de comunicación del BCE es su obsesión con el corto plazo. Ahora que Estados Unidos está en recesión (y que la posibilidad de una recesión profunda no es tan remota), resulta llamativo el optimismo de los funcionarios del BCE sobre la solidez de la economía europea: “los fundamentos económicos son sanos”, la economía es “robusta”, el desempeño económico está “apenas por debajo del potencial”, y así sucesivamente.
Los encargados del diseño de las políticas del BCE no están ciegos, simplemente son miopes. Temen que la honestidad sobre las perspectivas económicas de Europa en el próximo año podría obligarlos a hacer un recorte no deseado de las tasas ahora. Por lo tanto, exageran y cuentan cuentos de que la economía europea es fundamentalmente diferente a la de Estados Unidos.
Este es un gran error que el BCE podría pagar muy caro. En efecto, actualmente la economía europea no está mal. Pero, ¿cuánto tiempo podrá durar eso mientras Estados Unidos se sume en una depresión profunda?
El BCE debería estar preparando a los europeos para lo que sus propios funcionarios admiten en privado: Europa no se ha “desconectado” de Estados Unidos. Por el contrario, las actuales dificultades económicas de Estados Unidos golpearán con fuerza a Europa, pero con un retraso – el pronóstico es para 2009.
Con esto no se quiere decir que el BCE debería recortar las tasas de interés ahora. Por el contrario, la política actual del Banco de combatir las presiones inflacionarias mediante un crecimiento más lento, un euro más fuerte y la contracción del crédito parece ser la adecuada por el momento.
Pero después de todos los cuentos alegres sobre la economía europea, ¿cuánta credibilidad tendrá el BCE si Europa cede a la larga a las presiones inflacionarias de fuera? La independencia del BCE es todavía un tema político controvertido en el continente. Es más prudente que exprese su preocupación por las perspectivas económicas futuras de Europa hoy que enfrentarse a un público engañado y furioso mañana.


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