Roads to Prosperity
Enseñanzas griegas para la economía mundial
Dani Rodrik
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CAMBRIDGE – El plan de ayuda de 140.000 millones de dólares que el Gobierno griego ha recibido al final de sus socios de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional le da el respiro necesario para emprender la difícil tarea de poner en orden sus finanzas. El plan puede o no prevenir que España y Portugal acaben tan gravemente afectados o incluso evitar, de hecho, una posible quiebra griega. Sea cual fuere el resultado, está claro que el desastre griego ha dejado un ojo morado a la UE.
En el sentido más profundo, la crisis es otra manifestación de lo que yo llamo “el trilema de la economía mundial”; la mundialización económica, la democracia política y el Estado-nación son mutuamente irreconciliables. Podemos tener, como máximo, dos a la vez. La democracia es compatible con la soberanía nacional sólo si limitamos la mundialización. Si intensificamos la mundialización, al tiempo que conservamos el Estado-nación, debemos abandonar la democracia y, si queremos democracia junto con la mundialización, debemos dejar de lado el Estado-nación y luchar por un mayor gobierno internacional.
La historia de la economía mundial muestra el trilema en pleno desarrollo. La primera era de la mundialización, que duró hasta 1914, fue un éxito mientras las políticas económicas y monetarias permanecieron aisladas de las presiones políticas internas. Entonces dichas políticas podían estar enteramente sometidas a las exigencias del patrón-oro y la libre movilidad de los capitales, pero, una vez que aumentó el derecho de voto, la clase obrera se organizó y la política de masas pasó a ser la norma, los objetivos económicos nacionales empezaron a competir con las normas y limitaciones exteriores y a arrollarlas.
El caso clásico es el del corto regreso de Gran Bretaña al patrón oro en el período de entreguerras. El intento de reconstituir el modelo de la mundialización anterior a la primera guerra mundial se desplomó en 1931, cuando las políticas interiores obligaron al Gobierno británico a elegir la reflación interior frente al patrón-oro.
Los arquitectos del régimen de Bretton Woods tuvieron presente esa enseñanza cuando prepararon una nueva concepción del sistema monetario en 1944. Entendieron que los países democráticos necesitarían margen para aplicar políticas monetarias y fiscales independientes. Por eso, sólo previeron una “ligera” mundialización, con corrientes de capital limitadas en gran medida a préstamos y endeudamiento a largo plazo. John Maynard Keynes, quien formuló las normas junto con Harry Dexter White, no consideraba los controles de capitales un expediente temporal, sino un rasgo permanente de la economía mundial.
El régimen de Bretton Woods se desplomó en el decenio de 1970 a consecuencia de la incapacidad o la renuencia –no está claro de cuál de ellas se trató– de los gobiernos principales a gestionar la oleada en aumento de corrientes de capital.
La tercera vía revelada por el trilema es la de la supresión completa de la soberanía nacional. En ese caso, la integración económica puede ir acompañada de la democracia mediante la unión política de Estados. Entonces, la pérdida de la soberanía nacional queda compensada por la “internacionalización” de la política democrática. Se debe considerarla una versión mundial del federalismo.
Los Estados Unidos, por ejemplo, crearon un mercado nacional unificado, una vez que su gobierno federal arrebató el suficiente control político a los estados individuales. No fue un proceso fácil precisamente, como lo demuestra más que de sobra la guerra civil americana.
Las dificultades de la UE se deben a que la crisis financiera mundial afectó a Europa a mitad de camino en un proceso similar. Los dirigentes europeos siempre han entendido que la unión económica debía tener una pata política para sostenerse. Aun cuando algunos, como, por ejemplo, Gran Bretaña, deseaban conceder a la Unión el menor poder posible, la fuerza de la argumentación correspondió a quienes propugnaron la integración política junto con la económica. Aun así, el proyecto político europeo adquirió una amplitud política mucho menor que la económica.
Grecia se benefició de una moneda común, mercados unificados de capitales y libre cambio con los demás Estados miembros, pero no tiene un acceso automático a un prestador europeo como último recurso. Sus ciudadanos no reciben subsidio de desempleo de Bruselas del mismo modo, por ejemplo, que los californianos lo reciben de Washington, D. C., cuando California padece una recesión. Como tampoco, dadas las barreras lingüísticas y culturales, pueden los desempleados griegos cruzar las fronteras y trasladarse con la misma facilidad a un Estado europeo más próspero y, si los mercados advierten que su gobierno es insolvente, los bancos y las empresas griegos pierden solvencia, junto con él.
Por su parte, los gobiernos francés y alemán no han tenido voz y voto respecto de las políticas presupuestarias de Grecia. No pudieron impedir que el Gobierno griego tomara préstamos (indirectos) del Banco Central Europeo, mientras las agencias de calificación crediticia consideraron solvente la deuda griega. Si Grecia opta por quebrar, no pueden aplicar las reclamaciones de sus bancos a los prestatarios griegos ni incautarse de activos griegos. Como tampoco pueden impedir a Grecia abandonar la zona del euro.
Lo que todo eso significa es que la crisis financiera ha resultado ser mucho más profunda y su resolución considerablemente más complicada de lo necesario. Los gobiernos francés y alemán han acabado preparando a regañadientes un importante plan de préstamo, pero con un retraso considerable y con el apoyo del FMI. El BCE ha reducido el umbral de solvencia que los valores griegos deben cumplir para permitir la continuación del endeudamiento griego.
El éxito del rescate dista de estar asegurado, en vista de la magnitud de la reducción de gasto que exige y la hostilidad que ha inspirado a los trabajadores griegos. En última instancia, la política interior puede más que los acreedores extranjeros.
La crisis ha revelado hasta qué punto son exigentes las condiciones políticas previas de la mundialización. Revela hasta qué punto deben evolucionar las instituciones europeas para sostener un mercado único sólido. La alternativa que afronta la UE es la misma en otras partes del mundo: o integrarse políticamente o reducir la unificación económica.
Antes de la crisis, Europa parecía el candidato más probable a hacer una transición lograda hasta el primer equilibrio: una mayor unificación política. Ahora su proyecto económico está hecho trizas, mientras que la capacidad de dirección necesaria para reavivar la integración política brilla por su ausencia.
Lo mejor que se puede decir es que Europa no podrá seguir aplazando la elección de una de las dos opciones de la alternativa que el caso griego ha dejado al descubierto. Desde una posición optimista, se podría concluir que, por esa razón, Europa acabará fortalecida en última instancia.
Dani Rodrik, profesor de Economía Política en la Escuela John F. Kennedy de Políticas Públicas de la Universidad de Harvard, ha sido el primer ganador del premio Albert O. Hirschman del Consejo de Investigaciones de Ciencias Sociales. Su último libro es One Economics, Many Recipes: Globalization, Institutions, and Economic Growth (“Una economía y muchas recetas. Mundialización, instituciones y crecimiento económico”).
Copyright: Project Syndicate, 2010.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano
En este enlace puede encontrar un podcast de este artículo: http://media.blubrry.com/ps/media.libsyn.com/media/ps/rodrik.43.mp3
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jorgechavez 03:04 13 May 10
Even if the EU is going through a though moment, the experience that they are having is way far more responsible in policy and political action than any other political or economical agreement.
The EU political body was part of the Greek problem by ignoring the huge size of public deficit that many developping countries in the Euro zone were gathering; even in France they run relaxed spending with no substancial change in taxes. Maybe they neglected all this fiscal deficits because they sought an opportunity to get all those countries in to level with the europeans leaders.
With the central banks and the ECB taking part in the solution and supporting Greek gouvernment, they have showed the most solide response in any modern political construction. The construction made by and with developped and developping countries. In North America, the NAFTA doesn't propose this kind of solution or political cooperation.
The great difference between this two sides of the Athlantic is the political construction and mechanisms of political dialogue.
econotarian 11:41 14 May 10
There have been sovereign debt crises as long as there have been sovereigns.
The only difference between sovereign debt crises and private debt crises is that private companies can't directly use the power of violence to take people's money through taxes or indirectly through debasement/inflation.
(Well, OK, it does appear that recently private companies have gained enough political power to get the sovereign to bail them out with taxes/inflation, but I still blame the sovereign).
cheeheongquah 10:44 19 May 10
In today's terms, there's no excuse that language and cultural barriers can impede growth and betterment of mankind.
The Greek crisis would help economies in EU to integrate further given their resistance to labor market assimilation and teach the people and the governemnts a lesson that there is no free lunch and whatever excessive non-market-oriented gains enjoyed would be repaid later.
The crisis would help people to be less nationalistic and hence to assimilate with people from other European states. If this could happen to the immigrant state of US, this can also happen to EU.
And live within your means, so to the governments!
cheeheongquah 10:45 19 May 10
In today's terms, there's no excuse that language and cultural barriers can impede growth and betterment of mankind.
The Greek crisis would help economies in EU to integrate further given their resistance to labor market assimilation and teach the people and the governemnts a lesson that there is no free lunch and whatever excessive non-market-oriented gains enjoyed would be repaid later.
The crisis would help people to be less nationalistic and hence to assimilate with people from other European states. If this could happen to the immigrant state of US, this can also happen to EU.
And live within your means, so to the governments!
Quah, Chee Heong
spz 05:41 04 Nov 10
@cheeheongquah
Quite the opposite, i think the Greek crisis would impede further EU integration. Whenever there is economic turmoil, people turn inwards behind the protection of the nation-state. The European project would be stalled unless it could solve the underlying contradiction: Economic and monetary union without a political union. Unless they move to become a federal Europe which at present is highly unpopular (constitutional treaty rejected by French and Dutch voters), the economic and monetary union would be in a quagmire.
djkruger 10:52 22 May 11
The situation in Greece has already had strong political implications within Europe and it must have financial implications as well, impacting the amount of European aid available for other countries. With the massive bailout ear-marked for Greece, budgets across Europe is already tightening. The financial crisis has highlighted the constraints of euro membership especially for Greece, Spain, Italy and Portugual. With E.U members unable to devalue their currencies to regain competitiveness, and forced fiscal agreements to control spending, Greece, Spain, Italy and Portugal are facing austerity measures just when their economies need extra spending. By increasing taxes and cutting social programs troubled E.U. countries risk further recession, which is likely to lead to further reduction in development aid.
pashley1411 07:18 01 Sep 11
Whether you think economies will further integrate I think depends on whether you think cultural trumps economics, or economics trumps culture. Leftists hold economics as a primary determinent of interests and, thus, should be a primary determinent of action. Rightists reverse this; culture first.
In which case, the Greeks would rather take an (economic) stick in the eye than change their business culture. Leaving the EU will allow for just that.


aussiereader4 11:08 12 May 10
The biggest issue is that Greece was not ready to act in a responsible fiscal manner by being truthful to its European colleagues. Ethics are an essential part of any political and economic union. That is the test.