Friday, April 25, 2014
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Una vieja europa en un mundo joven

En momentos en que la UE celebra su aniversario 50, junto a ella muchos europeos alcanzan también la edad madura y se vuelven conscientes del potencial de cambio demográfico que puede hacer que el próximo medio siglo europeo sea muy diferente al anterior.

Los primeros 50 años de la UE se caracterizaron por una creciente población de personas en edad laboral, con respecto a los niños y los adultos mayores. La generación del “baby boom” de posguerra impulsó un periodo de crecimiento económico sostenido que fortaleció la posición de Europa en el mundo y generó mejoras radicales en la calidad de vida de sus ciudadanos.

Por otra parte, las próximas cinco décadas de la UE verán la jubilación de esta generación, dejando una fuerza laboral disminuida en tamaño y con la pesada carga de financiar las necesidades de pensión y atención de salud de sus mayores. Un treinta y seis por ciento de los europeos tendrá más de 60 años para el 2050 y, a pesar de una creciente expectativa de vida, la constante baja de la tasa de fertilidad significará que la población del continente comenzará a reducirse para el año 2020.

Aunque es poco probable que Europa se empobrezca debido a este cambio demográfico, puede que viva un periodo prolongado de crecimiento lento. Con todos los demás factores manteniéndose iguales, los ingresos per cápita y la productividad en los países con altas proporciones de adultos mayores tiende a crecer más lentamente que en los países más jóvenes. En consecuencia, la fuerza de Europa en relación con el resto del mundo puede disminuir, tal vez de manera muy marcada.

Del mismo modo como la población europea envejece y disminuye, gran parte del mundo en desarrollo es joven y crece. Se proyecta que para 2050 se duplique la población de los 50 países menos desarrollados, y mientras la proporción de personas en edad de trabajar con respecto a quienes no lo están caerá en Europa en cerca de un 1,4, en el mundo en desarrollo será considerablemente más alta.

Los países de la mayoría de las regiones en desarrollo, como América Latina, el Norte de África, el Oriente Próximo y gran parte de Asia, pueden ser capaces de absorber sus ejércitos de trabajadores potenciales en empleos productivos y beneficiarse de manera significativa con el impulso económico que esto produzca (de hecho, ya ha ocurrido un "milagro" en el Este Asiático). Como resultado, tendría que aumentar la proporción de participación de estas regiones en la economía global.

Sin embargo, es probable que otras regiones no sean capaces de proporcionar empleos productivos. Es probable que las crecientes cantidades de personas jóvenes y desempleadas causen un aumento de la criminalidad y los desorden civiles. Podrían generarse inestabilidad política, guerra y terrorismo como resultado, con importantes efectos a niveles nacional e internacional, lo que incluye a Europa. Las perspectivas demográficas del África Sub-sahariana parecen particularmente sombrías, ya que crecientes poblaciones de jóvenes migran a mercados laborales que no pueden darles cabida. La migración desde África y otras regiones en desarrollo hacia Europa ya está aumentando; a medida que crezcan las poblaciones en los países pobres, se multiplicará la cantidad de potenciales inmigrantes.

Esta presiones migratorias representan una solución potencial al problema del mercado de trabajo de Europa, que necesita personas en edad laboral para reducir la carga de una creciente población adulta mayor, de manera que podría ser de ayuda flexibilizar las restricciones a la inmigración. Sin embargo, esto podría conllevar problemas sociales, a medida que los europeos se resistan al flujo de entrada de extranjeros, debido a temores acerca de los empleos, la seguridad o diferencias culturales. Más aún, dado el enorme aumento en la migración que se necesitaría para compensar el efecto del envejecimiento de la población en Europa, esta sería a lo sumo una solución parcial.

Sin embargo, Europa puede dar otros pasos para abordar o adaptarse al futuro desequilibrio demográfico. Muchos países de la región ya tienen políticas orientadas a aumentar el índice de nacimientos. Entre los métodos más comunes de estimular una mayor fertilidad están los beneficios tributarios y subsidios mensuales para parejas con niños. En muchos países de la UE, un porcentaje mucho mayor de hombres que de mujeres participa en la fuerza laboral. Las medidas orientadas a permitir que las madres puedan trabajar, como guarderías financiadas por el estado y horas de trabajo más flexibles, crean incentivos para tener hijos y expanden la fuerza de trabajo.

Sin embargo, es poco probable que los efectos de estas medidas se sientan muy pronto, de modo que también será necesario diseñar políticas para quienes ya están en la fuerza laboral, -para estimularlos a ahorrar más para su jubilación- y a aquellos que están a punto de jubilar. Los sistemas de pensiones actuales a menudo penalizan a las personas que desean trabajar más allá de la edad de jubilación oficial, y la discriminación etárea se lo impide a muchos mayores de 60 años que están en condiciones de trabajar. Se podría permitir que las personas trabajen hasta una mayor edad, a través de planes de pensiones más flexibles, reformas legales y campañas de educación y en los medios para cambiar las percepciones de los empleadores acerca de los trabajadores mayores. El fomento del aprendizaje continuo durante toda la vida ayudará a que las personas adapten sus habilidades y conocimientos a las demandas de una economía cambiante. Y con una mayor expectativa de vida, aumentar la edad de jubilación es otra manera importante de enfrentar los efectos negativos del envejecimiento de la población.

Una combinación de estas y otras medidas ayudaría a que Europa mantuviera sus altos estándares de vida en las próximas décadas. El reconocimiento del creciente poder de las regiones con estructuras demográficas más favorables, por ejemplo, estimulará alianzas políticas y económicas que ayuden a que la UE conserve su estatus global. De manera similar, los esfuerzos para ayudar a que los países en desarrollo creen empleos y mejoren su calidad de vida reducirá la migración irregular y ayudará a evitar sus costes sociales.

Los cambios de la población ocurren lentamente, pero sus efectos se pueden predecir tempranamente. Para los países de la UE sean capaces de superar los retos demográficos del próximo medio siglo, es necesario que no posterguen ni demoren los planes y medidas que les permitan enfrentarlos.

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