Tuesday, July 22, 2014
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Obama y los dos futuros de Asia

TOKIO – A pesar del implacable desplazamiento del poder económico global hacia el continente asiático, y el ascenso de China como una gran potencia –los principales sucesos históricos de nuestro tiempo, que serán el motor de los asuntos mundiales en el futuro previsible- la atención de los Estados Unidos se ha centrado en otras cuestiones. Los ataques terroristas de 2001, seguidos de las guerras en Irak y Afganistán, la gran contracción de 2008, la primavera árabe, y la crisis de deuda soberana de Europa, todo distrajeron a los Estados Unidos e impidieron que ayudaran a crear una estructura duradera de paz en la que se tuviera en cuenta el resurgimiento actual de Asia.

En noviembre, el presidente estadounidense Barack Obama puede empezar a corregir este desequilibrio cuando sea el anfitrión de la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico, que se realizará en Hawaii, su estado natal. El momento es propicio porque hay una serie de temas críticos sobre Asia que están llegando a un punto de ebullición.

Por ejemplo, las islas, arrecifes y lecho marino del mar de China Meridional son ahora objeto de reclamos opuestos, incluida la audaz afirmación de China de que todo es territorio soberano chino. En la cumbre de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático) de este año en Bali, se acordó que todas estas disputas territoriales se resolverían mediante negociaciones bilaterales. Sin embargo, la magnitud de las reclamaciones chinas condenaron el acuerdo desde el principio; de hecho, ahora China insiste en que el mar es uno de los principales  asuntos de interés nacional, al mismo nivel que Taiwán y el Tíbet, y está preparado para luchar por él.

China está dispuesta a hacer sentir su poder lo que intensifica el enorme desequilibrio, tanto en tamaño como en influencia, entre dicho país y los demás que bordean el mar de China Meridional. Esto hace inviables las negociaciones bilaterales como medio para resolver las disputas. Vietnam y Filipinas han recibido presiones recientemente pero ambos se han resistido en lugar de someterse a las condiciones impuestas por China.

Las elecciones presidenciales previstas para el próximos año en dos de las democracias más sólidas de Asia –Corea del Sur y Taiwán- probablemente también harán que suba el tono de los intercambios diplomáticos en los meses por venir. El riesgo no radica en la conducta de los surcoreanos o los taiwaneses, sino en las decisiones democráticas que hagan, que podrían ofender a dos de las últimas dictaduras de Asia.

En Corea del Sur, el notable esfuerzo de Park Guen-hye para convertirse en la primera presidenta de su país puede servir como pretexto  –como si hicieran falta- para las fechorías de Corea del Norte. El régimen de Pyongyang está tratando de garantizar que el poder pase a manos de una tercera generación de Kims, representado por el gordinflón y bien alimentado “joven General,” Kim Jong-un, y parece pensar que las provocaciones, como el bombardeo a una isla surcoreana hace unos meses, son el medio para asegurar la sucesión.

Taiwán también podría elegir el próximo año a una mujer presidente, Tsai Ing-wen, líder del Partido Popular Democrático de la oposición. Ese resultado avivaría la ira china, no porque Tsai sea mujer sino por su posición política. Durante mucho tiempo este ha sido el partido taiwanés más interesado en obtener la independencia de su país.

Un tercer asunto regional que podría generar tensiones es Birmania, donde otra mujer excepcional, la Premio Nobel de la Paz, Aung San Suu Kyi, está en el centro de los acontecimientos. Las elecciones de hace unos meses, que muchos al principio consideraron una farsa, ahora parecen haber producido cambios a los que los países asiáticos tendrán que responder colectiva e individualmente. El gobierno no solo liberó a Suu Kyi después de dos décadas de arresto domiciliario, sino que incluso ha iniciado un diálogo con ella –la meticulosa líder de la oposición ha expresado tener verdaderas esperanzas en estas conversaciones.

En efecto, el gobierno del presidente, Thein Sein, ha empezado a poner en libertad a miles de prisioneros políticos, incluido el monje que dirigió las enormes protestas populares de 2007. El gobierno de Sein también ha respondido al descontento del público birmano por la gran influencia de China en el país y canceló la gigantesca presa de 3 mil 600 millones de dólares que las empresas chinas estaban construyendo.

Es evidente que China es el origen de la mayoría de las disputas que afectan a Asia. Se deben abordar dos cuestiones principales -una filosófica y otra estructural- para tratar de mitigar los problemas provocados por el ascenso implacable de China. Asia solo logrará superar el problema filosófico si resuelve el estructural.

El problema filosófico tiene que ver con la renovada concepción de China de sí misma como “el Reino Medio”, un Estado sin un igual soberano. A lo largo de su historia, China intentó tratar a sus vecinos como vasallos – actitud que actualmente se refleja en la forma en que ha conducido sus negociaciones con Vietnam y Filipinas sobre el tema del mar de China Meridional.

El ascenso sin limitaciones de China, que no se apoya en ninguna estructura ni acuerdo regional hace que esta actitud sea particularmente preocupante. En la cumbre de Hawaii, Obama debe dirigir los primeros pasos hacia la construcción de un marco multilateral efectivo en el que se puedan tratar las complicaciones generadas por el ascenso de China.

En cierta medida, la falta de dicha estructura de paz no había sido tan evidente debido al papel dominante de los Estados Unidos en Asia desde la guerra del Pacífico. Sin embargo, el ascenso de China y las demás inquietudes globales e internas de los Estados Unidos hacen que muchos asiáticos se pregunten si esos compromisos serán duraderos en el futuro. No obstante, la reciente autoafirmación estratégica de China ha conducido a muchas democracias asiáticas a tratar de profundizar sus vínculos con los Estados Unidos, como ha hecho Corea del Sur mediante un acuerdo bilateral de libre comercio. De manera recíproca, los Estados Unidos han prometido no recortar el gasto de defensa relacionado con Asia, a pesar de la gran reducción del gasto total de defensa de los Estados Unidos que queda por hacer.

Lo que más necesita Asia en este momento es un sistema regional bien diseñado, integrado en instituciones multilaterales vinculantes. Una “Asociación Transpacífica” entre Australia, Brunei, Chile, Malasia, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, los Estados Unidos y Vietnam para gestionar la cadena de suministro, la protección de la propiedad intelectual, las inversiones, las normas de las empresas estatales y otros temas comerciales –que probablemente se  mencionarán en Hawaii- es un buen comienzo en el ámbito económico. Sin embargo, se necesita hacer mucho más.

En última instancia, la mejor manera para que perdure la paz en la región es que los Estados Unidos y China asuman de forma compartida la responsabilidad de crear un orden regional con las demás potencias asiáticas, en particular la India, Indonesia, Japón y Corea del Sur.

La elección de Asia es clara: se integra en una estructura de paz multilateral o se verá limitada por alianzas militares estratégicas. En Hawaii, Obama y los otros líderes reunidos –en particular los chinos- deben empezar a escoger entre estos dos futuros para Asia.

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