Alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) para 2015 es un desafío enorme al que se enfrenta la comunidad internacional y hay un acuerdo generalizado de que se necesita asistencia externa adicional para encararlo. Así, la pregunta no es si hay que aumentar la asistencia sino cuál es la mejor forma de financiarla.
La búsqueda de financiamiento adicional y más estable para alcanzar los ODM ha generado varias propuestas de mecanismos de financiamiento y de alivio de la deuda innovadores, en particular del Ministro de Finanzas británico, Gordon Brown. Pero la amplia gama de los planes propuestos a fin de reforzar los recursos para la asistencia al desarrollo plantea preguntas duras sobre el equilibrio adecuado entre las necesidades objetivas y un financiamiento sólido y eficaz.
Tanto donadores como receptores deben garantizar la consistencia entre el financiamiento y la capacidad de absorción. También deben garantizar que el financiamiento oficial adicional y el alivio de la deuda no distorsionarán los incentivos ni crearán peligros morales. El financiamiento nuevo se debe orientar a quienes tengan un buen desempeño, no sólo a quienes atraviesen por dificultades en cuestión de deuda.
Además de estos temas, las propuestas de financiamiento para alcanzar los ODM se deben discutir desde la óptica de un banco central. Las mejores soluciones incluyen aumentos suficientes en las asignaciones para asistencia externa de los países ricos y una liberalización comercial más ambiciosa. Pero esas políticas parecen ser políticamente insostenibles a corto plazo, aun cuando --según los cálculos del Banco Mundial-- una conclusión adecuada de la ronda comercial que se celebra actualmente bajo los auspicios de la Organización Mundial del Comercio podría aportar 350 mil millones de dólares al año a los países en desarrollo para 2015.
De manera similar, en lo que toca a aumentar los presupuestos para la asistencia externa, los políticos quieren soluciones que los contribuyentes (es decir, los electores) no "resientan" y que puedan permanecer fuera de los presupuestos nacionales. Sin embargo, las soluciones oscuras diseñadas para evitar el escrutinio crítico del público no parecen particularmente democráticas. Las soluciones financieras "innovadoras" también podrían socavar la asignación clara de responsabilidades para reunir y utilizar fondos públicos.
En efecto, el término "mecanismo financiero innovador" evoca la idea de que existe una forma fácil de lograr los ODM. Pero, a final de cuentas, sólo hay tres formas de asegurar un financiamiento adicional para la asistencia al desarrollo o el alivio de la deuda: impuestos más elevados, un mayor endeudamiento (es decir, impuestos más elevados para las generaciones futuras) y/o la expansión monetaria.
Una propuesta sugiere gravar las transacciones financieras nacionales e internacionales. Otras,
asignar Derechos Especiales de Giro (DEGs) del FMI o utilizar las reservas de oro del Fondo. Pero ninguna de ellas es deseable.
Para ser eficaz, cualquier impuesto a las transacciones financieras tendría que aplicarse a escala global, lo que actualmente no parece realista. Además, los impuestos aumentarían los costos (que se transmitirían a los deudores) y reducirían el volumen de las transacciones, alimentando así la volatilidad del mercado en medio de una liquidez decreciente.
Asignar nuevos DEGs también es inadecuado. Los DEGs representan sobre todo liquidez y sólo se pueden asignar cuando hay una "necesidad mundial", lo que actualmente sería difícil demostrar dadas las condiciones líquidas y "fáciles" del mercado internacional de capital.
Incluso si se reconociera una "necesidad global", los DEGs, como componentes de las reservas oficiales de divisas de los países, no deben estar disponibles para el gasto presupuestal. Financiar la asistencia al desarrollo con DEGs --o incluso sustituir la ayuda financiada vía el presupuesto con esas asignaciones-- es comparable a financiar déficits presupuestales con fondos del banco central.
En cualquier caso, hacer nuevas asignaciones de DEGs exige el apoyo del 85% de los votos en el consejo del FMI, lo cual no parece posible en el futuro cercano, puesto que los accionistas principales se oponen. Incluso la emisión única de DEGs acordada en 1997 para asegurar que todos los miembros del Fondo recibieran una parte "equitativa" de asignaciones acumulativas de DEGs aún no se ha activado debido a una oposición infranqueable.
Por último, la propuesta de un "mejor uso" de las reservas de oro del FMI para financiar el costo del alivio de la deuda busca reunir hasta 8 mil millones de dólares. Al precio actual de mercado, ello requeriría vender aproximadamente la cuarta parte de las reservas del Fondo de 103.4 millones de onzas finas. Sin embargo, esas reservas representan un activo "oculto" importante que da fuerza a la hoja de balance del Fondo. Los acreedores del FMI lo consideran una salvaguardia necesaria en contra del aumento en el riesgo del portafolio crediticio del Fondo.
Esto se debe a que el Fondo ha experimentado un acceso excepcional y un uso prolongado de sus recursos por parte de unas cuantas economías grandes en la última década. Además, la participación del Fondo en la deuda externa total de países en crisis ha alcanzado niveles sin precedentes y sistémicamente problemáticos.
Como resultado de ambas tendencias, hay una alta concentración de créditos en unos cuantos deudores grandes. Utilizar el oro del FMI para aliviar la deuda ante riesgos más elevados amenaza la integridad financiera del Fondo y contradice la reciente decisión de incrementar los balances precautorios del FMI.
La asistencia al desarrollo se debe financiar en "términos reales" o de manera seria, y no mediante el gasto de los fondos del banco central o poniendo en peligro la integridad financiera del FMI. La asistencia se debe financiar de preferencia a través de los presupuestos nacionales de los países donadores de manera transparente y democráticamente responsable. "Innovador" no debe convertirse en eufemismo por no transparente, ineficaz o poco sólido.


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