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Por una primavera Ucraniana

A todos quienes viven en Ucrania se les obliga a creer en tres grandes falsedades: la primera consiste en la suposición de que todos los humillantes desórdenes actuales (colapso económico, pobreza, desempleo) son consecuencia natural de nuestra transición poscomunista. Eso es cínico y cruel; además, es peligrosamente erróneo. La verdad es que, a diario, a los ucranianos se nos priva por la fuerza de gran parte de nuestras riquezas nacionales. Nos vemos privadas de ellas debido a la traición del Estado, a acuerdos ilegales y a funcionarios corruptos e incompetentes.

La segunda falsedad consite en la creencia de que alguien ``allá afuera'' ayudará a Ucrania a ponerse en pie. Con ingenuidad aguantamos la respiración esperando el feliz momento en que llegue otra porción de ayuda extranjera. Debemos dejar de creer en remedios importados. ¿Dónde está nuestra dignidad? Tenemos que empezar a entender que nadie más que los ucranianos puede ayudar a Ucrania. Debemos aplicar nuestros talentos y nuestro intelecto, y no esperar las dádivas del extranjero.