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La herejía de la ONU

No hay organización más respetada que las Naciones Unidas. Quizás eso sea natural, ya que la ONU encarna los más nobles sueños de la humanidad. Pero, como lo demuestra el actual escándalo que rodea la administración por parte de la ONU del programa de petróleo por alimentos en Irak, y en momentos en que el mundo recuerda el genocidio de Ruanda que comenzó hace 10 años, el respeto hacia la ONU se debe ver como algo parecido a una superstición, con el Secretario General Kofi Annan como su falso profeta.

Desde Dag Hammarskjöld, ningún jefe de la ONU ha sido tan aclamado como Annan. Hasta cierto punto, esto es comprensible. Por lo general, Annan mantiene un porte sereno y digno. Tiene encanto y, según dicen varios, carisma. Pero un líder debería ser juzgado por sus acciones cuando hay asuntos importantes en juego. Casi invariablemente, se restó importancia a los fracasos de Annan en tales situaciones.