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El euro espera su veredicto

WASHINGTON, DC – La creación del euro hace diez años fue un experimento singular y audaz. Ahora, el resultado es muy dudoso, -que el euro sobreviva o que los europeos hagan bien en conservarlo. Sin embargo, si la eurozona sobrevive promete grandes ventajas para los Estados miembros –y tal vez para el mundo.

El euro es una moneda fijada estrictamente entre los miembros: los países participantes aceptaron un tipo de cambio inicial frente a sus divisas existentes y no planearon un mecanismo de salida. Actualmente, un número creciente de europeos están buscando discretamente la forma de poder salir.

El euro tiene similitudes importantes con versiones del antiguo patrón oro, bajo el cual los países fijaban los tipos de cambio entre sus monedas mediante el establecimiento del precio al que su moneda nacional podía canjearse por oro. Ahora, algunos son fuertes partidarios de la idea de que el patrón oro era sinónimo de estabilidad económica y financiera. Pero eso va totalmente en contra de los datos históricos: la era del patrón oro está llena de ciclos de auge y caída propiciados por un excesivo endeudamiento de los gobiernos, las empresas y los individuos.

Hay tres diferencias entre el euro y el patrón oro –ninguna de ellas es particularmente tranquilizadora en este momento.

Primero, la premisa central del patrón oro era que había una cantidad finita de oro en el mundo porque no se puede crear o descubrir más, al menos no rápidamente. En contraste, el Banco Central Europeo puede producir  más euros si lo desea. Los países nunca se quedarán sin liquidez porque el BCE siempre podrá ofrecer más efectivo.

Pero los gobiernos y los inversionistas lo saben, y lo que ha resultado son coeficientes de deuda-PIB mucho más altos de lo que habría sido posible con el patrón oro. En conjunto, la zona euro tiene un coeficiente deuda-PIB de 90%, que es elevado bajo cualquier estándar.

Esos niveles de deuda son sostenibles mientras los inversionistas sigan suponiendo que habrá otro rescate. Pero si el BCE amenaza con interrumpir el apoyo –debido, por ejemplo a que un gobierno no se ajuste a lo que los alemanes consideran que es una política económica adecuada—todo el castillo de naipes podría venirse abajo.

En segundo lugar, los mercados financieros se han vuelto enormes en comparación con lo que existía en la época del patrón oro. Los bancos europeos pudieron crecer en buena medida porque se partía del supuesto de que sus gobiernos respectivos los respaldaban. Ahora, no solo esos bancos son grandes con respecto a algunas economías nacionales, sino que la calidad del crédito público se pone en duda en toda la periferia de la eurozona – incluida Italia. El término “valor sin riesgo” ya no tiene sentido en la Europa contemporánea.

Los bancos europeos han estado funcionando con mucha deuda y muy poco capital social –el amortiguador esencial contra posibles pérdidas. Una sacudida en la deuda soberana o una mayor desaceleración de las economías locales se transmitirá mediante un sistema bancario demasiado grande y descapitalizado a otros países europeos y muy probablemente a otros lugares, incluidos los Estados Unidos.

Por último, a pesar de todo lo que se dice actualmente sobre la disciplina que el patrón oro supuestamente proporcionaba, los países que se ajustaban a ese patrón suspendían regularmente la convertibilidad –lo que significaba que la moneda local ya no podía convertirse en oro. Pero hoy en día los europeos no tienen una moneda nacional –únicamente el euro. Si cualquier país –por ejemplo, Grecia- abandonara el euro, todos los contratos en ese país tendrían que volverse a hacer. Las perturbaciones serían profundas, sobre todo para el crédito.

El funcionamiento adecuado del patrón oro exigía un alto nivel de flexibilidad de los salarios y los precios. Si los tipos de cambio no pueden devaluarse, entonces los salarios y los precios en un país que tiene un déficit insostenible en cuenta corriente deben disminuir. Pero, como lo puede atestiguar la Europa de la periferia, esta es una forma de ajuste económico onerosa, dolorosa y políticamente impopular. Es previsible que en los próximos meses y años aumenten las reacciones en su contra.

Actualmente, la atención se centra en lo difícil que resulta para la periferia de la eurozona hacer ajustes y volver a crecer, debido a la combinación de deuda pública elevada y medidas de austeridad reales o percibidas. Pero el problema tiene otra faceta: el capital está fluyendo hacia Alemania, que es el refugio regional, con lo que hay más disponibilidad de crédito en ese país. La dinámica de los ajustes en la eurozona agrava los desequilibrios subyacentes - Alemania se está haciendo más competitiva, mientras que la periferia sigue rezagándose.

Las recientes elecciones en Grecia han hecho que entren en escena partidos más radicales. Alexis Tsipras, dirigente de la Coalición de la Izquierda Radical tiene razón cuando dice que la “devaluación interna” –la reducción de salarios y precios- es una estrategia fallida. Aparentemente su alternativa es abandonar el euro. Afirma que si Grecia no puede mejorar, entonces debe salir de la eurozona.

Pero ya no es solamente un asunto que concierne a Grecia. Italia, España y Portugal, e incluso Irlanda, enfrentan los mismos problemas aunque están en una etapa más temprana de reacciones. El desempleo está aumentando, sus economías no se vuelven más competitivas y las tasas de interés de su deuda siguen subiendo. En algún momento estos países pueden optar por dejar el euro. Y aunque no tomen esa decisión, el temor que se tiene a que países lo abandonen fácilmente puede convertirse en una profecía que se cumple a sí misma.

El sistema euro se creó para ofrecer a todos prosperidad y estabilidad. Es claro que para algunos países ese objetivo no se alcanzó, y muchos otros países pueden verse en la misma situación. La pésima administración de políticos europeos ha causado daños que perdurarán durante décadas.

Tal vez una unión fiscal más sólida, un ministerio de finanzas central, y un reparto de la deuda reduciría las dificultades y desequilibrios como para permitir que el euro resista. Probablemente el ajuste empiece a funcionar en el momento preciso.

Hay mucha agitación en la sala del jurado. Pronto habrá un veredicto.

Traducción de Kena Nequiz

Peter Boone, presidente de Intervención Efectiva del Centro para el Desempeño Económico de la London School of Economics, es director de Salute Capital Management Ltd.