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El fin de comenzar a terminar con la pobreza

Con el Presidente Bush en la mesa, los “maestros del artificio mediático” que tienden un brillante halo sobre todas su acciones tienen poca necesidad de rebajar las expectativas acerca del resultado de la reunión del G-8 en Escocia. Cualquier acuerdo sería visto como un logro de importancia. La cancelación de la deuda multilateral de los países más pobres del mundo, gracias a la iniciativa británica, es aún así especialmente bienvenida.

El acuerdo por parte del G-8 de aliviar la deuda es un acontecimiento de envergadura, pero no debemos dejarnos engañar por la aparente magnanimidad del gesto: gran parte de la deuda no habría sido pagada de todos modos. Se necesita un mayor alivio de la carga de la deuda, que abarque a más países y más deuda (incluida la deuda bilateral). Pero esto debería verse apenas como un comienzo. Como Inglaterra misma lo ha hecho notar, los países en desarrollo necesitan más ayuda y un régimen internacional de comercio más justo.

Quizás no sea de sorprender que el FMI haya intentado aplicar paños fríos sobre el entusiasmo internacional hacia su generosidad. Ha advertido que nuevos estudios sugieren que, en general, la ayuda no conduce a un crecimiento más rápido.

Esto fue recibido con alivio por la administración Bush, que afirma haber aportado todo lo que permiten sus "procesos presupuestarios". El país más rico del mundo, que despreocupadamente dio a sus ciudadanos más ricos una serie de recortes de impuestos por un valor de cientos de miles de millones de dólares, ahora dice que simplemente no se puede permitir gastar más en ayuda.

Incluso después de los aumentos en la ayuda anual prometidos por Bush en 2002 en la reunión de la ONU en Monterrey, México, Estados Unidos sigue aportando menos de un cuarto de su compromiso del 0,7% del PGB. Ahora el FMI ofrece las siguientes palabras tranquilizadoras: "Puede que ustedes sean unos tacaños, puede que no cumplan sus compromisos, pero el dinero probablemente no habría significado una gran diferencia de todos modos."

Por supuesto, no todo el dinero de la ayuda extranjera se gasta bien. Sin embargo, lo mismo se puede decir del dinero que se gasta, digamos, en la defensa nacional. Incluso si los estadounidenses no hubieran sido engañados por proveedores del Departamento de Defensa como Halliburton, está claro que el dinero gastado en Irak no ha producido la paz y la seguridad prometidas para el Oriente Medio. Pero nadie argumenta que EE.UU. debería recortar los gastos de defensa.

El objetivo debería ser mejorar la eficiencia del gobierno, para asegurar que obtengamos el mejor valor por lo que gastamos. Sorprendentemente, en este respecto ha habido notables avances en los últimos años. Por ejemplo, el Banco Mundial ha estado asignando una mayor proporción de su dinero a países con un historial comprobados de buen gasto de estos fondos. Ha estado explorando nuevas maneras de "entregar" ayuda, algunas veces mediante los gobiernos estatales y locales cuando así parece más eficaz.

De manera similar, los así llamados "Fondos sociales", a través de los cuales las comunidades diseñan proyectos y compiten para obtener financiamiento, han mejorado la participación y la "propiedad" de los proyectos de desarrollo. En una aldea, se construyó un puente para conectar dos vecindarios separados durante la sesión lluviosa.

Un proyecto tan simple como este puede significar una enorme diferencia para la vida de una comunidad. Por ejemplo, los niños que viven en un lado del río ahora pueden asistir a la escuela que se encuentra al otro lado durante la estación lluviosa. De modo similar, los planes de microcrédito en todo el mundo en desarrollo han proporcionando financiamiento para que los pobres amplíen sus emprendimientos económicos, con índices de devolución de lo adeudado verdaderamente impresionantes.

El FMI advierte sobre los problemas de la "enfermedad holandesa", cuando el ingreso de un flujo de moneda extranjera eleva la tasa de cambio de la moneda local, dificultando la creación de trabajos en el sector exportador o la protección de los empleos frente a la arremetida de las importaciones extranjeras. En este respecto, el FMI tiene parte de razón. Los países necesitan depender de si mismos y movilizar los recursos nacionales (a pesar de que esto se ve dificultado por la frecuente insistencia del FMI para restringir las políticas monetarias y fiscales). Sin embargo, sigue habiendo una enorme necesidad de bienes importados: medicinas para promover la salud, tecnología para reducir la brecha del conocimiento entre los países en desarrollo y el resto del mundo, y maquinarias para elevar la productividad.

En cualquier caso, en mi opinión no hay que darle demasiada importancia a los estudios estadísticos del FMI en cuanto al impacto de la ayuda extranjera sobre el crecimiento, en parte debido a que los resultados no parecen ser muy sólidos. Diferentes estudios, con conjuntos de datos ligeramente distintos, diferentes países, distintos técnicas y años distintos producen resultados notablemente diferentes. Por ejemplo, un conjunto de estudios anterior mostró que la ayuda significa una diferencia en países con buen gobierno y políticas macroeconómicas sólidas.

Y lo que es igual de importante es el hecho de que históricamente se proporcionó mucha ayuda extranjera no para promover el desarrollo sino para comprar la amistad de los países, especialmente durante la Guerra Fría. Cuando Occidente le dio dinero a Mobutu, sabía que los fondos estaban yendo a cuentas de bancos suizos, en lugar de beneficiar al pueblo de Zaire (hoy Congo). El dinero funcionó según lo esperado, no para promover el desarrollo sino para mantener a Zaire del lado de Occidente.

Por supuesto, la corrupción sin límites de Mobutu nos desafía a ser más cuidadosos con respecto a la ayuda extranjera, tanto sobre el modo en que se gasta el dinero como quién es responsable de "entregar" la asistencia. Algunos gobiernos han demostrado mejor capacidad que otros para usar los fondos de buena manera. En los países donde los gobiernos son deficientes, a menudo hay vías alternativas de proporcionar asistencia, como por ejemplo las ONG.

El apoyo mundial a "hacer que la pobreza sea historia" muestra cómo el problema de la pobreza en el Tercer Mundo finalmente ha generado reacciones responsables. El alivio de la deuda es un buen comienzo. Pero eso es todo lo que es.

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