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El espejo americano

¿Qué va a aportar el año próximo a la economía mundial? ¿Qué va a ser de la producción en el mundo en desarrollo y en el núcleo industrial rico? De hecho, ¿nos atrevemos aún a mantener esa distinción por más tiempo? Al fin y al cabo, la mayoría de los países ricos han entrado en una era postindustrial, mientras que los países en desarrollo tienen ahora -o tendrán pronto- una proporción tan grande de su población empleada en la "industria" como las naciones ricas del mundo.

En los Estados Unidos, los temores de hace nueve meses a que la economía sucumbiera a la deflación se han disipado. Lo que queda es la sensación de una inmensa oportunidad desperdiciada.

Desde que George W. Bush ocupó su cargo, el crecimiento anual real del PIB de los Estados Unidos ha sido, por término medio, de 2,3 por ciento, ritmo que se habría considerado normal y satisfactorio cuando el padre de George W. Bush o Ronald Reagan eran presidentes, pero que ahora, tras el auge de la época de Clinton, parece poca cosa y lento. De hecho, está claro que la economía americana podría haber crecido mucho más rápidamente.

La Oficina de Estadística Laboral de los Estados Unidos ha informado de un descenso en la proporción empleo-población de 64,4 por ciento en 2000 a 62,3 por ciento en la actualidad, junto con un descenso durante el mismo período de 131,8 millones a 130,2 millones en el número de empleados, exceptuado el sector agrario,. El rápido progreso de la revolución de las tecnologías de la información, subyacente a la coyuntura económica, está impulsando el crecimiento de la productividad americana tan aprisa como siempre o más. Si la Reserva Federal hubiera adoptado una actitud más decidida para bajar los tipos de interés o si Bush y el Congreso hubiesen aprobado reducciones fiscales encaminadas a estimular la demanda y el empleo a corto plazo, la economía estadounidense habría crecido a un ritmo sin precedentes desde hace generación y media.

¿Aprovechará la economía americana su oportunidad de crecer rápidamente en el año próximo? Probablemente. A no ser que un estancamiento del empleo cause una reducción repentina en el consumo de los hogares, las rebajas fiscales y los bajos tipos de interés deben impulsar la economía de los Estados Unidos a un ritmo de crecimiento del 4 por ciento el año que viene.

Puede que sea bastante crear gran cantidad de puestos de trabajo y reducir en gran medida la tasa desempleo o puede que no, pero será suficiente para que los Estados Unidos sigan siendo el componente con crecimiento más rápido del núcleo postindustrial de la economía mundial, pero la economía de dicho núcleo en conjunto seguirá siendo como un aeroplano con un solo motor en funcionamiento. No es de esperar que el crecimiento real del PIB en el Japón y en la Europa occidental alcance la mitad siquiera del ritmo de los Estados Unidos.

Sin embargo, la falta de un crecimiento rápido en la Europa occidental y en el Japón no es una gran desventaja para los países en desarrollo, porque, para empezar, Europa y el Japón nunca han estado demasiado abiertos para las importaciones de los países en desarrollo. Un crecimiento sólido de la demanda en los Estados Unidos originará un aumento de la demanda de exportaciones de los países en desarrollo... aunque no con los precios imperantes cuando el dólar estaba más fuerte.

Más importante es el hecho de que el mundo en desarrollo tenga poco que temer de un pánico repentino en Wall Street. Los tipos de interés de los Estados Unidos son tan bajos y el miedo a un mayor descenso del valor del dólar tan grande, que resulta casi imposible prever una retirada repentina de capitales de los países en desarrollo con destino al núcleo postindustrial. De modo que no es probable que en 2004 haya una repetición de la huida de capitales que afectó a México en 1995 o al Asia oriental en el período 1997-98. Si la histeria afecta a los mercados de capitales del mundo, es mucho más probable que la agitación adopte la forma de huida de capitales de los Estados Unidos.

Sin embargo, más importante que los ciclos a corto plazo son las tendencias a largo plazo. El aumento de la productividad laboral anual en los Estados Unidos se ha acelerado de forma constante en los 30 últimos años, al pasar de 1,2 por ciento en el período comprendido entre mediados del decenio de 1970 y mediados del de 1990 a 2,3 por ciento al final de este último y a 4,2 por ciento desde 2000. No es seguro hasta qué punto se mantendrá el segundo salto en el aumento de la productividad, pero no es arriesgado apostar por que así será en parte.

La pregunta más intrigante es la siguiente: ¿cuándo se extenderá al resto de los países ricos el rápido aumento de la productividad impulsado por las tecnologías de la información que vemos en los Estados Unidos? No lo sabemos, pero lo que sí que sabemos es que no dejará de hacerlo. Asimismo, no sabemos cuándo experimentará el comercio mundial de servicios de información -como tramitación de formularios, contabilidad y servicios de atención al cliente- un auténtico auge a consecuencia de la existencia de la red Internet y del cable de fibra óptica, pero sí que sabemos que, como el auge en el siglo XIX del comercio de los productos básicos impulsado por el barco de vapor con casco de hierro para travesías oceánicas y el telégrafo submarino, no dejará de hacerlo.

La enseñanza que se desprende es la de que los gobiernos, las empresas, los inversores, los trabajadores y los padres del mundo entero deben empezar a apostar por tendencias a largo plazo que se han manifestado a lo largo del último decenio. No es de esperar que esas apuestas den rendimientos el año próximo o los dos o tres años próximos, pero en los diez próximos años no dejarán de empezar a hacerlo.

Karl Marx no estaba del todo equivocado cuando escribió que los países más industrializados son espejos en los que el resto del mundo puede ver su propio futuro. El espejo que son los Estados Unidos muestra que la decisión de aprovechar los cambios económicos posibilitados por la revolución de las tecnologías de la información da rendimientos muy elevados. La pregunta difícil para otros países es cómo hacerlo.

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