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La creciente carrera armamenticia del sudesde asiático

El retorno a la prosperidad del sudeste asiático desde la crisis financiera de 1997 generó un despliegue de armas nuevas a nivel regional. La mayoría de los países del sudeste asiático, de hecho, hoy están muy ocupados modernizando sus fuerzas armadas. Hasta el momento, la mayoría lo hizo sin comprometer su autonomía en cuestiones de seguridad. Pero, en un momento en que el fortalecimiento militar de China causa nerviosismo en todas partes, muchos gobiernos de la región están empezando a trabajar con potencias externas.

El presidente de Indonesia, Susilo Bambang Yudhoyono, quizás haya sido el más agresivo. Además de adoptar un rol más activo en la diplomacia mundial, Yudhoyono se reunirá este mes en Moscú con el presidente ruso, Vladimir Putin, para discutir la compra de los aviones de combate más modernos de Rusia. Indonesia aspira a formar un escuadrón de defensa aérea de 12 aviones, con ocho aviones caza rusos que complementen los dos Su-27SK y Su-30MKM rusos que ya compró.

En otras partes de la región, Singapur aparentemente optó por comprarle 12 aviones de combate nuevos F-15SG a Estados Unidos. El primer ministro de Tailandia, Thaksin Shinawatra, se reunión con Putin a fines del año pasado y tentativamente acordó comprar 12 Su-30MKM. Malasia acordó comprar 18 SU-MKM en los próximos dos años, mientras que Vietnam adquirió 36 SU-27SK, 12 de los cuales ya están en servicio.

Con excepción de Singapur, parece que los aviones de combate rusos, en este momento, son el arma preferida en la región. El creciente porcentaje de participación de Rusia en el mercado de armas local preocupa a Estados Unidos, el mayor proveedor de armas del mundo y, aún hoy, la mayor potencia militar de Asia. Por lo tanto, y a título de ejemplo, en noviembre del año pasado Estados Unidos levantó su embargo de seis años a las ventas militares a Indonesia, impuesto en 1999 en respuesta a los abusos a los derechos humanos en Timor Oriental. Indonesia inmediatamente manifestó su intención de comprar aviones de transporte C-130, así como botes patrulla rápidos para implementar “medidas antiterrorismo y antipiratería”.

Sin embargo, Indonesia también está intentando alinearse con la creciente potencia de Asia, China, a través de una mayor cooperación en defensa y seguridad. Como resultado de este progreso en las relaciones, Indonesia recibió de China tecnología de misiles de corto alcance.

La posibilidad de que los gobiernos del sudeste asiático puedan empezar a enfrentar a Estados Unidos con China es una de las preocupaciones que más motiva la última revisión de defensa cuadrienal de Estados Unidos, destinada a “concentrarse en el Océano Pacífico” frente a la evidencia del creciente poderío naval de China. Sin dudas, Estados Unidos intentará forjar vínculos más estrechos con Indonesia a través de una mayor cooperación militar, porque Indonesia linda con los horizontes marítimos de comunicaciones que son claves en la región.

En particular, Indonesia, inevitablemente, se verá involucrada en la lucha crítica entre Estados Unidos y China por ejercer influencia en una zona de vital importancia, el estrecho de Malaca. Como China debe importar grandes cantidades de petróleo a través del estrecho de Malaca, ese horizonte marítimo se convirtió en un elemento central en la estrategia de seguridad del país. Por esta razón, China intenta utilizar la ayuda económica y militar como influencia para mejorar las relaciones incluso con países con los cuales tuvo enfrentamientos militares en el pasado, principalmente Vietnam y las Filipinas.

La India, por su parte, también se está sumando al fortalecimiento militar. El país lideró activamente ejercicios multilaterales conjuntos en la región, como el ejercicio naval conjunto que la marina de la India organizó en el mar de las Andaman, en el este del Océano Indico, a principios de este año. Allí participaron nueve países del Pacífico asiático, entre ellos Indonesia, Malasia, Singapur y Tailandia.

Tanto la India como China intentan ejercer una mayor influencia en Myanmar, un país de estratégica importancia. Por ejemplo, después de que Myanmar firmara un acuerdo con China en 2005 para suministrar gas natural, la India respondió reduciendo su propio acuerdo de gas con Myanmar.

Corea del Sur también se sumó a la pelea. El presidente Roh Moo-hyun visitó Malasia y acordó expandir la cooperación económica mutua, especialmente en el campo de la tecnología de la información, la biotecnología y recursos y energía. Se dice que Roh también discutió la exportación de materiales de defensa por 2.300 millones de dólares, que incluyen aviones de entrenamiento, destructores y vehículos armados. Es más, en enero de 2006, el ministro de Defensa coreano Yoon acordó con las Filipinas la entrega de dos botes patrulla usados.

En este juego de poder superpoblado, sólo Japón queda afuera, ya que el país elige, en general, no intervenir y cultivar sus relaciones con Estados Unidos. Sin embargo, a pesar de la profunda animosidad histórica por la Segunda Guerra Mundial, hay crecientes pedidos en la región para que Japón aumente su influencia para contrarrestar a China. En realidad, Japón no está preparado para esto, porque todavía adhiere enfáticamente a las “limitaciones autoimpuestas” en contra de ejercer “alguna influencia en otros países en el área de seguridad y defensa”, incluso las exportaciones de armas.

En los años 60, mientras atravesaba un período de despegue económico, Japón inició un diálogo serio con los actores regionales, con el objetivo de forjar relaciones más sólidas con aquellos países que alguna vez había conquistado y ocupado. No es exagerado decir que aquellos esfuerzos, que alentaron el comercio y la inversión en la región, sirvieron de cimiento para el poder nacional de Japón hoy en día. Pero ahora la influencia política y económica de Japón en el sudeste asiático está mermando gradualmente, en parte debido a su incapacidad para ejercer influencia en cuestiones de seguridad y defensa.

Para aquellos países asiáticos que recuerdan cómo Japón propició, de manera moderada y razonable, las políticas regionales desde los años 60, existe una creciente expectativa de que Japón repiense su postura. En un momento de incertidumbre regional sobre las políticas chinas –entre ellas la perspectiva de un primer portaaviones chino-, la participación de Japón en el cambiante marco de seguridad asiático es fundamental para la estabilidad. Los tiempos en que Japón podía no intervenir quedaron atrás.

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