NUEVA DELHI – La India se destacó en todo el mundo por ser uno de los pocos países indiferentes a la elección presidencial de Estados Unidos. De hecho, un asombroso 87% de los indios encuestados dijeron que no creían que la elección los afectara.
El presidente electo Barack Obama tendrá que lidiar con desastres en muchos frentes cuando su administración asuma las riendas del gobierno. La India, supuestamente, no será uno de ellos. Si existe una relación bilateral que la administración Bush, según se considera, manejó exitosamente, es la relación con la India.
Esta impresión no es casual. Un fuerte esfuerzo de cabildeo incluyó millones de dólares invertidos para respaldar la sanción de uno de los logros que coronaron la política exterior de Bush: el Acuerdo de Cooperación Nuclear Civil entre India y Estados Unidos. El senador Obama votó a favor del acuerdo, al igual que el senador Joe Biden, uno de sus defensores en calidad de presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado.
En los primeros meses impetuosos tras asumir el poder, la administración Bush bosquejó una nueva visión audaz que le dio a la India –una democracia asiática en ascenso en la frontera con China, próxima a los canales de transporte marítimo del Océano Indigo y al epicentro del terrorismo islámico- un rol protagónico en la política exterior norteamericana. El argumento frente a la India era esencialmente el siguiente: ustedes nos necesitan para concretar su ambición de convertirse en una importante potencia mundial y nosotros compartimos la preocupación sobre el ascenso de China y el terrorismo islámico, así que trabajemos juntos.
Sin embargo, la visión de la administración Bush era, y sigue siendo, errónea, ya que considera la relación entre Estados Unidos y la India únicamente como una relación estratégica que mejora el alcance militar de ambos países. De hecho, los 5.500 millones de dólares en compras de armas a Estados Unidos por parte de la India representan un sorprendente 20% de los 24.800 millones de dólares en ventas de armas norteamericanas en 2007.
El defecto consiste en parte en ver a China, el principal socio comercial de la India, como una amenaza. Es más, si bien es cierto que Estados Unidos y la India enfrentan amenazas terroristas, ambos se equivocaron en su estrategia a la hora de hacerles frente.
Las equivocaciones de Estados Unidos incluyen la Ley Patriota, la invasión de Irak, el mal manejo de Afganistán, la tortura cometida en Abu Ghraib y la prisión de la Bahía de Guantánamo. La lista de respuestas equivocadas de la India al terrorismo es casi tan extensa. Su Ley de Prevención del Terrorismo (POTA, tal su sigla en inglés), sancionada después de los ataques a Estados Unidos del 11 de septiembre de 2001 por parte del entonces gobierno liderado por el Partido Bharativa Janata (BJP), contiene muchas de las características veneradas en la Ley Patriota: una definición excesivamente vaga de lo que constituye terrorismo o actos ilícitos, inmunidad a la persecución por parte de los agentes policiales o gubernamentales y la expansión de las escuchas ilegales.
Esta ley permaneció vigente hasta que el actual gobierno liderado por el Partido del Congreso la rechazó en 2004. Pero el BJP bien puede ganar las elecciones nacionales de la India en la próxima primavera (boreal) y ya prometió volver a implementar la POTA, o algo incluso más draconiano.
Al mismo tiempo, frente al alarmante aumento de la cantidad de ataques terroristas, el gobierno de Manmohan Singh también cayó en una respuesta de mano dura frente a los sospechosos terroristas islámicos, que son arrestados bajo evidencias débiles y asesinados antes de que puedan ser procesados por algún crimen. Mientras tanto, una comisión a la que el gobierno encargó la misión de investigar las masacres condonadas por el estado de ciudadanos musulmanes en Gujarat en 2002 dio como resultado un encubrimiento de faltas al absolverse a los perpetradores de cualquier acto criminal –y alimentar un incremento aún mayor del terrorismo de cosecha propia por parte de musulmanes indios profundamente resentidos.
Este tipo de comportamiento tuvo consecuencias terribles para la credibilidad moral de la democracia, para la seguridad de la India y para la seguridad regional en el sur de Asia. La administración Obama debería implementar un quiebre tan contundente con la política de la administración Bush hacia la India como lo hizo la administración Bush con su antecesor, focalizando la relación en la solución de las verdaderas causas de inseguridad.
El presidente Obama debe hacer que la base fundamental de la relación entre Estados Unidos y la India deje de ser una sociedad estratégica basada en una noción militarizada de seguridad y adopte una visión holística de la seguridad humana en la que la fuerza militar desempeñe un papel apropiado pero no definitorio. Una nueva visión de la relación entre Estados Unidos y la India debería concentrarse así en el calentamiento global, el colapso de la agricultura industrial, la creciente brecha entre ricos y pobres, la carrera armamenticia convencional y nuclear en Asia y la intensificación del conflicto étnico y religioso.
Los elementos de una nueva visión de Obama para la relación entre Estados Unidos y la India serían los siguientes: una fuerza conjunta de emergencia para acelerar el desarrollo de soluciones sustentables para satisfacer las florecientes necesidades de energía, agua y alimentos de la India y del mundo. También debería forjar una sociedad para la eliminación de las armas nucleares dentro de un marco de tiempo prefijado en el que Estados Unidos adopte un papel protagónico. También es necesario un compromiso nuevo y vigoroso para proteger los derechos y libertades de todos los ciudadanos y residentes, así como una política de tolerancia cero hacia toda connivencia o tolerancia estatal frente a la depuración étnica, la tortura, la detención sumarial, la vigilancia de los ciudadanos u otros insultos a la democracia.
Una presidencia de McCain no habría ofrecido ninguna esperanza de un cambio radical con la fanfarronada militar y el capitalismo compinche de los años de Bush, en los cuales se construyó la relación bilateral con la India. En nombre del futuro de los pueblos de las democracias más antigua y más grande del mundo, ojalá que una presidencia de Obama convierta esta esperanza en una realidad.


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