Thursday, November 27, 2014
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Un compromiso multilateral para la seguridad energética

Nuestra necesidad global de fiabilidad energética nos une tanto como la red mundial que la proporciona; si cualquier parte de la red sufre un problema, inevitablemente nos afectará a todos. Los intereses locales y los persistentes conflictos que afectan a nuestras redes, como el problema todavía no resuelto del suministro de gas ruso a Ucrania y Europa, nuevamente han hecho surgir el fantasma de que la energía se utilice como arma para obtener ventajas políticas. La seguridad energética es un tema prioritario de la agenda de la reunión del G-8 en San Petersburgo, de la cual el Presidente Vladimir Putin será el anfitrión. El G-8 ha identificado correctamente el problema económico fundamental, la interdependencia energética, y ahora es el momento de establecer un compromiso multilateral sobre este tema.

Para algunos países bendecidos con vastas reservas de petróleo y gas, el uso de las exportaciones de estos recursos para recompensar a amigos y castigar a enemigos parece una opción tentadora. Sin embargo, en la actualidad es más probable que esta actitud provoque problemas tanto a amigos como a enemigos, y que termine dañando a los propios países que la practiquen. Por lo general, los embargos de energía han demostrado ser contraproducentes. Los aumentos de precios ocurridos después de los embargos petroleros de la OPEC en la década de los 70 no se pudieron sostener y condujeron al surgimiento de iniciativas de conservación y ampliación de la producción de los países que no pertenecen a dicha organización. Como resultado, la participación de la OPEC en las exportaciones mundiales de petróleo se redujo drásticamente en los doce años posteriores al embargo de 1973-1974.

La experiencia nos ha enseñado que la transparencia y la estabilidad de los precios es conveniente para todas las partes. Las iniciativas para hacer realidad estos objetivos, al mismo tiempo que estimular el desarrollo de los mercados globales, es fundamental para tener mayores perspectivas de crecimiento generales para la economía mundial. De manera que, cuando Rusia intentó este año cuadruplicar el precio de sus exportaciones de gas a Ucrania, se argumentó que simplemente estaba pidiendo los precios del mercado. El mensaje sonaba justo y, durante algún tiempo, resultó atractivo a algunos encargados de diseñar políticas e inversionistas que no estaban completamente al tanto de la situación.

Para ser claros, nunca se discutió el que se implementaran cambios moderados en los precios a lo largo del tiempo; de hecho, era necesario hacer algunos ajustes internos de precios para Ucrania. Desgraciadamente para los vecinos de Rusia, no es el mercado el que determina el precio a pagar por el gas o el transporte rusos; es Gazprom y su presidente, Dmitry Medvedev, quien también es el Primer viceprimer ministro del gobierno ruso. El precio que Gazprom cobra a cada país que limita con Rusia es diferente y en gran medida está determinado por las relaciones políticas con el Kremlin. En términos económicos, los precios del suministro y transporte del gas están más correlacionados con relaciones políticas que con la oferta y la demanda o con cálculos básicos del transporte del gas.

Ucrania fue amenazada con una cuadruplicación inmediata de sus precios –o la interrupción de su suministro de gas- como resultado de la independencia que logró con respecto a Rusia durante la Revolución Naranja. Georgia también sintió la ira de Moscú tras la Revolución Rosa y enfrentó aumentos de precios potencialmente perjudiciales. Sin embargo, Bielorrusia –que manifiesta todavía una sólida alineación con el Kremlin- sigue disfrutando de un gas altamente subsidiado.

Por supuesto, Ucrania no fue el único país amenazado por esta actitud discrecional y arbitraria: proveedores como Turkmenistán, encerrado geográficamente y obligado a transitar sus recursos energéticos por Rusia, también se vio afectada. Y en el caso de las naciones consumidoras de Europa Central y Occidental, los efectos en los precios y la inquietud ante una potencial interrupción el suministro tuvieron consecuencias significativas. La intervención multilateral inmediata por parte de la Unión Europea y los Estados Unidos probablemente fue lo que hizo que Gazprom continuara el suministro de gas.

El gas natural debe de ser la mercancía básica más vulnerable a interrupciones del suministro debido a acontecimientos externos. Los gasoductos interconectados fijos hacen que los productores y consumidores queden en una relación de cuasi-necesidad mutua. La diversificación del transporte de gas natural es una propuesta de desarrollo de bienes transfronterizos de largo plazo que exige una enorme inversión y un compromiso político a nivel multilateral.

Ya se están considerando varias soluciones: mayor capacidad de almacenamiento de gas, mayor eficiencia, el aumento de la producción nacional tanto de petróleo como se gas, y recursos energéticos alternativos, como el metano de yacimientos de carbón. Además, está surgiendo rápidamente un mercado de gas natural licuado (LNG). Es más factible diversificar la cadena de suministro, aunque deba hacerse por etapas, importando gas de productores distantes, en lugar de hacerlo de productores monopólicos cercanos en lo geográfico. En su conjunto, estas iniciativas amortiguarán los golpes y crearán una mayor autosuficiencia energética. No obstante, es necesario hacer más aún.

En primer lugar, los líderes del G-8 deberían considerar la implementación de estándares para las transacciones energéticas, exigiendo contratos abiertos y transparentes que estén en línea con las mejores prácticas de negocios. Es importante diluir el impacto global de los políticos locales que tienen intereses no energéticos o, simplemente, sus propios y limitados intereses. En la actualidad vemos estos problemas en las firmas estatales de América Latina, los desórdenes políticos en África, las tensiones en el Oriente Medio o en intermediarios comerciales poco transparentes, como en el cuestionable acuerdo gasífero entre Ucrania y Rusia, conocido hoy como RUE (RosUkrEnergo).

A fin de cuentas, la seguridad energética para todos en Europa exige reconocer que la naturaleza vinculante de nuestros sistemas de suministro y transmisión nos hace interdependientes. Aquí es donde podría ser útil una “Alianza energética” de consumidores y proveedores, que comience con que las naciones europeas ayuden a garantizar el suministro energético de otras en el caso de una interrupción de gran magnitud. La Carta de la Energía, que subraya la transparencia y el acceso al mercado, es una iniciativa loable pero no suficiente para esos momentos de crisis; nuestros mercados aún no están lo suficientemente equipados como para enfrentar las interrupciones causadas por acontecimientos externos. Si se profundiza y amplía, podría convertirse en un vehículo de seguridad energética colectiva.

Nuestro deber como líderes es trazar un curso de acción para lograr un futuro energético seguro. Si hoy se toleran tratos cuestionables debido a razones de conveniencia política, el precio que todos tendremos que pagar en el futuro será mayor. Cuando ocurren los inevitables conflictos, la confianza pública, la credibilidad política y la fiabilidad del mercados se sacrifican innecesariamente, como se ve claramente en los casos de Rusia y Ucrania. Las amenazas a la seguridad energética se deben enfrentar y resolver de manera multilateral, con todas las partes involucradas presentes. La naturaleza interdependiente de nuestra infraestructura energética exige un enfoque multilateral. Todos dependemos de ello.

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