El político ultranacionalista y antisemita mas feroz de Rumania, Corneliu Vadim Tudor, esta esforzándose al máximo para convencer a la gente de que ha cambiado de actitudes. Para la mayoría de los periodistas y los expertos políticos de ese país, esa autoproclamada conversión de damasceno parece simplemente otra farsa política por parte de alguien con incomparables dotes histriónicas.
Si Tudor fuera un simple payaso político, la cuestión de si sigue o no odiando a los judíos no importaría, pero Tudor es un poder político al que hay que tener en cuenta. Como se acercan las elecciones legislativas y presidenciales, todo el mundo quiere saber qué se trae entre manos.
Tudor fue el poeta cortesano del ex dictador Nicolae Ceausescu. Apoyó a la Securitate (la policía secreta de la Rumania comunista) y elogió el patriotismo de Ceausescu. Cuando se desplomó el comunismo, achacó cualquier deficiencia en el proceso de reforma a "extranjeros"... con lo que se refería a Occidente, a la minoría étnica húngara de Rumania y en particular a los judíos. De hecho, profesó un culto al mariscal Ion Antonescu, dictador de Rumania entre 1940 y 1944 y aliado de Hitler, que ordenó la matanza de unos 200.000 judíos. La violencia de la retórica de Tudor, dirigida contra quienquiera que se le opusiese, alcanzó proporciones no vistas desde la era fascista.
En 1990, Tudor fundó un semanario mediante el cual incitó a la organización de campañas feroces y reaccionarias. Poco después fundó el ultranacionalista Partido de la Gran Rumania (PGR) y confeccionó la "lista nacional de la traición", en la que reservó un lugar para casi todas las figuras políticas y culturales notables. Formuló la amenaza (o promesa) de apiñar en los estadios, en caso de llegar al poder, a los delincuentes y ametrallarlos.
Aunque Tudor tuvo que afrontar numerosos juicios por difamación, no se pudo silenciarlo. En las elecciones generales de 2000, al implosionar de la coalición de centro derecha, el PGR recibió el 20 por ciento, aproximadamente, del voto popular, con lo que pasó a ser el segundo partido en importancia del Parlamento. Posteriormente, Tudor acabó en segunda posición en las elecciones presidenciales.
Después, hace dos meses, Tudor anunció de repente que había experimentado una conversión religiosa y había cambiado de opinión sobre los judíos. Reconoció haber sido antisemita, pero afirmó que Dios le había abierto los ojos y ahora amaba a los judíos tanto como antes los había odiado.
De hecho, comenzó disculpándose por su anterior profesión de odio antisemita. El hombre que en cierta ocasión había dicho que podía "imaginar perfectamente la cultura mundial sin los judíos" afirmaba ahora haber comprendido lo esenciales que son los judíos para la cultura mundial. Anunció que había contratado a Eyal Arad, un conocido relaciones publicas israelí, para que dirigiera su campaña presidencial. Según dijo, "los judíos" habían dejado de ser sus enemigos; incluso trabajaban para él.
Pero no pararon ahí las prolijas disculpas de Tudor. No tardó en patrocinar el descubrimiento en Brasov (Transilvana) de un busto del primer ministro israelí asesinado Yitzak Rabin. Para aquella ocasión Tudor llevó puesto un yarmulke y habló de su "filosemitismo" durante más de dos horas. Otros representantes del PGR, entre los que Tudor distribuyó yarmulkes, hicieron lo propio torpemente.
Un coro cantó canciones rumanas y judías y todo el mundo hizo votos por que Vadim fuera el "próximo Presidente y el primero cristiano" de Rumania, ¡pese al yarmulke! A continuación, Tudor encabezó una delegación del PGR para colocar una corona en Auschwitz, donde el en tiempos negador del Holocausto declaró que en Rumania se había exterminado a los judíos.
¿Qué se oculta tras ese oportunismo político? Tudor sabe que su éxito electoral en 2000 es cosa del pasado. En las elecciones locales celebradas en junio, el PGR obtuvo resultados decepcionantes. En la gran batalla de verdad, el próximo noviembre, participarán los socialdemócratas (PDSR) y la centrista Alianza Democrática. Tudor no tiene posibilidades de llegar a ser "el primer Presidente cristiano de Rumania". Su única posibilidad de participar siquiera en el poder es la de unirse a una futura coalición y para eso tiene que parecer semirrespetable.
En realidad, la estrategia de Tudor puede dar resultado, porque el ex comunista PDSR, encabezado por el Presidente Ion Iliescu y el Primer Ministro Adrian Nastase, probablemente no se oponga a semejante alianza, si le resulta necesaria para obtener una mayoría después de las elecciones generales de noviembre. Se aferra con desesperación al poder, pase lo que pase, por lo que no es probable que discuta el pedigrí democrático de Tudor. Al fin y al cabo, de 1992 a 1996 gobernó con el PGR.
Sin embargo, hay una pega: en 2007 Rumania debe ingresar en la UE y la presencia del PGR en el gobierno, pero tildado de partido extremista y antisemita, podría desbaratar el proceso de integración. Ningún gobierno de la UE deseará invitar al club a un gobierno del que forme parte una versión mas fea aún de Le Pen y Haider. Ésa es la razón por la que Tudor necesita urgentemente una pátina de respetabilidad democrática. Tudor parece abrigar la esperanza de que poniéndose un yarmulke y arrepintiéndose de su antisemitismo engañará a unos pocos políticos occidentales ingenuos.
Pero nadie debe dejarse engañar. Pese a sus zigzags políticos, Tudor ha sido extraordinariamente coherente. Siempre ha pensado y escrito que "los judíos" llevaron el capitalismo, el comunismo, el espiritismo, el alcoholismo, las decadentes películas de Hollywood y la pornografía a Rumania. Pero decir eso públicamente ya no da resultado, no porque los rumanos no piensen así (muchos sí que lo piensan, desde luego), sino porque la clase política desde la izquierda hasta la derecha quiere formar parte de Europa y no se asociará con nadie que ponga en peligro la materialización de ese deseo.
Así, pues, el abrazo de Tudor a los judíos es una conversión de conveniencia. Si París bien valía una misa para los reyes franceses de antaño, Bucarest bien vale un yarmulke para Tudor.


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