Monday, September 1, 2014
0

El cuarto momento de Francia

KYIV – Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, Francia constantemente aceptó el reto de reestructurar a Europa en tiempos de crisis. Al hacerlo, se convirtió en el catalizador no sólo de la construcción de la unidad europea, sino también de la creación de la prosperidad que marcó las décadas de posguerra de Europa -una prosperidad hoy amenazada por la crisis financiera y económica global-. Si de los desafíos actuales hemos de ver surgir una Europa más fuerte, se necesita una vez más del visionario liderazgo francés.

El primer momento en que el liderazgo francés decisivo comenzó a unificar a Europa se produjo cuando Robert Schumann y Konrad Adenauer crearon la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Al enraizar a la entonces Alemania occidental en el tejido político, económico y social de Occidente, ese paso presagió el inicio del renacimiento y el milagro económico de Alemania.

La segunda vez que Francia consolidó la arquitectura interna de Europa fue en 1983, durante los debates sobre la instalación de misiles crucero y Pershing norteamericanos en Alemania para contrarrestar el despliegue de misiles SS20 por parte de la Unión Soviética. La determinación de Francia de permanecer junto a Alemania ayudó a impedir que Alemania cayera en una neutralidad peligrosa que habría sacudido a la comunidad europea hasta la médula.

El tercer momento se produjo después de la caída del Muro de Berlín, cuando se temía que una Alemania ampliada pudiera desestabilizar a Europa. Después de intentar en un principio demorar la reunificación, Francia terminó aceptándola, a cambio de que Alemania reafirmara su compromiso con la unidad europea y el liderazgo franco-alemán de la comunidad europea. Como resultado, Alemania se comprometió con la idea de "una unión cada vez más estrecha", y hasta de una manera más definitiva aún, al prometer sumarse a la moneda europea común, el euro.

Hoy es urgente que las visiones que animaron las relaciones franco-alemanas se apliquen a toda Europa central y del este. Sólo asegurando la identidad europea de esta región, y afianzando la creciente relación ruso-germana en un contexto europeo, la Unión Europea podrá seguir en su sendero de estabilidad y prosperidad. Sólo reforzando el comercio y las relaciones financieras abiertas a lo ancho de toda Europa podremos aspirar a superar la crisis actual. Ya que no está en el interés de ningún país europeo, ni de la UE en su totalidad, que Europa central y del este sientan que han sido lanzadas a la deriva o que Alemania y Rusia se apeguen obsesivamente en este momento de la crisis.

Como sucedió con Alemania en los años 1950, la naturaleza de los vínculos de Rusia con sus vecinos inmediatos está demostrando ser el factor definitorio a la hora de dar forma a la imagen internacional del país. Muchos observadores ven estas relaciones como una señal no sólo para la región, sino para el resto del mundo, del tipo de potencia que quiere ser Rusia.

La cuestión tiene que ver, en parte, con el "internacionalismo" mismo. A diferencia de Europa -con su red estrecha de organizaciones multilaterales a través de las cuales los estados formulan e implementan gran parte de sus políticas exteriores-, Rusia no está acostumbrada a procedimientos internacionales intensamente cooperativos.

Sin embargo, mantener a Rusia distanciada de Europa no hizo más que fortalecer la sensación de aislamiento que sienten muchos rusos, lo que los tienta a definir los intereses del país de maneras que son irreconciliables con las de Europa. También incrementó el deseo de Rusia de construir una relación ruso-germana bilateral y especial, sin hacer caso al contexto de la UE.

La historia europea durante los últimos 60 años deja en claro que la estrategia más prometedora para enfrentar el desafío de la reconciliación nacional y la estabilidad consiste en no concentrarse en contingencias específicas, sino en establecer procedimientos que propicien el cambio ordenado. Una visión singular siempre animó este proceso: no debe permitirse que cunda la animosidad entre vecinos, y debe imperar el régimen de derecho no sólo al interior de los países, sino también entre ellos.

Creer que una visión así puede funcionar para Rusia, Ucrania y Europa no es una ilusión infundada; descansa, más bien, en la experiencia exitosa de Francia y Alemania a la hora de promover la camaradería. De hecho, la existencia o ausencia de un marco de cooperación muchas veces determina si una disputa deviene en una crisis. Estos marcos cooperativos intentan reconciliar la independencia nacional con la interdependencia regional, focalizando las mentes de los líderes políticos en la prosperidad para su pueblo y no en obtener ventajas unilaterales que, en definitiva, empobrecen y desestabilizan a todos.

La primera lección de unidad europea es que los tiempos de crisis deben unir aún más al continente, no dividirlo a través de proteccionismo, devaluaciones competitivas y expulsiones de inmigrantes. De la misma manera, no debe permitirse que el euro se convierta en una Cortina de Hierro que consigne a los no miembros a una zona de alto riesgo donde los inversores no se atreven a aventurarse.

En el caso de Ucrania, Europa puede ayudar circunscribiendo el acuerdo de libre comercio que hoy estamos negociando. Sumado a nuestra exitosa membresía de la Organización Mundial de Comercio, Ucrania terminaría beneficiándose cuando el comercio mundial y europeo empiecen a recuperarse. Europa también puede considerar el uso de diversos fondos de estabilización para ayudar a nuestra economía durante la crisis que todos estamos padeciendo.

No pido estas cosas motivada por un interés egoísta en la salud de mi país. De la misma manera que la Reserva Federal de Estados Unidos entabló permutas crediticias y monetarias con Brasil, México, Singapur, Corea del Sur y otros países para facilitar su acceso a los dólares que necesitan, el Banco Central Europeo debe ofrecer este tipo de acuerdos de permuta a los países de Europa que no pertenecen a la eurozona a fin de que continúen los procesos de comercio y producción.

Sí, estos son tiempos oscuros, y todos los políticos quieren proteger a sus votantes. Pero los mayores líderes de posguerra de Europa entendieron que mantener en mente una visión más amplia de Europa es la mejor manera de alcanzar este objetivo. Como muchas veces antes, hoy -con todas nuestras economías en peligro- es el momento adecuado para un liderazgo francés decisivo.

Hide Comments Hide Comments Read Comments (0)

Please login or register to post a comment

Featured