Poco a poco, la democracia se está expandiendo por el mundo. Del Medio Oriente a América Latina y Asia, muchas autocracias están dando pasos graduales hacia una forma de gobierno más democrática y capaz de rendir cuentas de sus acciones, o se han convertido en democracias plenas. El gobierno de EE.UU. está decidido a consolidar las libertades políticas en varios países en desarrollo que se encuentran en su ámbito de influencia; de hecho, la expansión de la democracia se ha convertido en piedra angular de la política exterior estadounidense.
Hay muchas razones para celebrar el actual avance de la democracia. La democracia se relaciona con menos injusticia y abusos, con libertades ciudadanas y políticas básicas, y con una mayor sensibilidad por parte de los gobiernos frente a las verdaderas prioridades de sus ciudadanos. Pero, ¿cuán importante es la democracia para el éxito económico?
No mucho, según sugiere la evidencia empírica. Esto podría parecer sorprendente: después de todo, ¿no es verdad que prácticamente la totalidad de los países ricos tienen formas de gobierno democráticas, mientras los más pobres (principalmente en África) no son democracias? En efecto, en todo el mundo la democracia está estrechamente relacionada con un mayor ingreso per cápita.
Sin embargo, esta correlación desaparece cuando se considera la dimensión temporal en lugar de la espacial. En promedio, los países que se convierten en democracias no logran un crecimiento económico más acelerado después de su transición política y, viceversa, las democracias que fracasan y vuelven a caer en la autocracia, en promedio, no tienen un desempeño económico peor que antes.
La correlación positiva entre ingreso y democracia, que se puede ver en los diferentes países, se podría deber a una causalidad inversa: a medida que un país crece y prospera, es más probable que se afiance su democracia. También se podría deber a circunstancias históricas o culturales: algunas sociedades simplemente tienen más éxito que otras, tanto en términos de desarrollo económico como en su capacidad de desarrollar y mantener instituciones políticas democráticas.
Cualquiera sea la razón para la correlación positiva que podemos encontrar en los países entre ingreso y democracia, no se debe confundir con causalidad. Ser democrático no parece importante para asegurar el éxito económico.
Por supuesto, hay muchos tipos diferentes de transiciones democráticas, y ponerlas todas juntas puede producir confusión.
En la práctica, una distinción importante tiene que ver con la interacción entre los sistemas económico y político. Es más probable que una democracia nacida en un ambiente económico abierto, con un sistema de mercado que funciona bien, amplia inversión extranjera directa y un nivel importante de comercio internacional, pueda consolidar el liberalismo económico, estabilizar las expectativas y, en consecuencia, generar más inversión y un crecimiento más rápido. A la inversa, si una economía está estrechamente controlada por el estado, tiene barreras proteccionistas contra las importaciones y extranjeras y el movimiento de capitales, o depende de recursos no renovables para obtener divisas extranjeras, la transición a la democracia puede estar plagada de populismo y luchas por la redistribución, afectando el crecimiento económico.
La evidencia empírica apoya la idea de que el éxito de una democracia depende de lo abierto que sea el sistema económico subyacente al momento de la transición política. En el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, los episodios más exitosos de transiciones democráticas estuvieron precedidos por amplias reformas económicas que extendieron el alcance del mercado y facilitaron la integración internacional. Como ejemplos se puede mencionar a Chile y Corea del Sur a fines de los años 80, y México a mediados de los años 90.
De manera inversa, las veces que se intentó realizar una transición democrática en un ambiente frágil y cerrado, el resultado fue un panorama mucho peor. Esto se aplica a los casos de democratización de América Latina y Filipinas a mediados de los 80, pero también a Turquía a principios de esa década, y a Nepal en 1990. El contraste entre China y Rusia también se ajusta muy bien a este patrón.
China primero abrió su sistema económico al resto del mundo y sólo ahora está pensando (de modo un poco lento) en la reforma política. A diferencia de China, Rusia se apresuró a instaurar la democracia, y sólo entonces se preocupó de reemplazar el socialismo con un sistema de mercado. Probablemente no había otra manera de hacerlo en Rusia, pero el camino chino parece mucho más proclive a generar un éxito económico duradero.
Esto no quiere decir que la democracia no importe, pero la secuencia de reformas es fundamental para un desarrollo económico exitoso, y en primer lugar de esa secuencia se encuentran las reformas económicas. Con un sistema de mercado abierto y que funciona plenamente, es mucho más probable que la democracia lleve a una prosperidad duradera.
Una importante razón para eso es que, con el fin de crear un sistema de mercado exitoso, el estado debe respetar los derechos individuales básicos: el imperio de la ley, la propiedad privada y la aplicación de la justicia. Estos derechos fundamentales son parte integral de un gobierno democrático, pero cuando se trata del desarrollo económico, son más importantes que otros aspectos puramente políticos de la democracia, como el sufragio universal y la competencia política genuina.
Así es como el mundo occidental se volvió democrático en los siglos diecinueve y veinte. El liberalismo económico vino primero, y luego el liberalismo político. Sin embargo, las jóvenes democracias de hoy deben hacerlo todo mucho más rápido. No se pueden permitir el lujo de restringir el sufragio a sólo quienes posean propiedades, o a los ciudadanos más educados.
No obstante, debemos recordar las lecciones de la historia. Es más probable que las reformas políticas tengan éxito si están precedidas de reformas económicas. Deberíamos insistir en que Egipto o Pakistán mejoren su sistema de mercado, apliquen el imperio de la ley y abran sus economías al comercio internacional y a los movimientos de capital. Permitir elecciones libres y una verdadera competencia política tiene también una importancia fundamental, pero esto debería ocurrir después de las reformas económicas, no antes.


Comments (0)
You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.
The two commenting options explained
Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.
1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.
2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.