NUEVA DELHI – El 1 de julio fui uno de los 30 hombres y mujeres de todo el mundo -ministros de gobierno, burócratas, especialistas en tecnologías y pensadores estratégicos- que se reunieron en la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) en Ginebra para debatir cómo la banda ancha puede transformar el mundo para mejor. Esta "Comisión de Banda Ancha" se reunió bajo la presidencia conjunta del Presidente de Ruanda Paul Kagame y el magnate mexicano de las comunicaciones Carlos Slim.
La UIT, una entidad de las Naciones Unidas, creó la Comisión junto con la UNESCO y la presidencia conjunta no fue casual. La ONU reconoce que para que la revolución de la información siga avanzando es necesaria la colaboración entre las esferas pública y privada. Como lo expresara el Secretario General de la UIT, Hamadoum Touré: "En el siglo veintiuno las redes de banda ancha asequibles y ubicuas serán tan importantes para la prosperidad económica como el transporte, el agua y la energía".
El escritor y dramaturgo suizo Max Frisch rechazó alguna vez la tecnología como "el arte de disponer el mundo de manera que no tengamos que vivirlo como experiencia". Sin embargo, hoy en día la tecnología es esencial para una participación eficaz en nuestro mundo. Y, si bien la humanidad no puede vivir sólo de la tecnología, la revolución de la información ha liberado a millones de personas.
La información es liberadora en el sentido político tradicional del término: la divulgación de la información ha tenido un efecto directo sobre el nivel de transparencia y respuesta que los gobiernos deben ofrecer si es que desean sobrevivir.
También es liberadora en lo económico. Las tecnologías de la información son una forma de capital rentable en función de sus costes. Estonia y Costa Rica son ejemplos bien conocidos de cómo las estrategias de acceso a la información pueden ayudar a acelerar el crecimiento del producto nacional y elevar los niveles de ingreso.
Algunos de los países menos desarrollados, como Mali y Bangladesh, han demostrado cómo un liderazgo decidido y métodos innovadores pueden, con apoyo internacional, conectar áreas remotas y rurales a la telefonía móvil y de Internet, ayudando con ello a liberar a los agricultores de subsistencia que antes estaban limitados a los conocimientos y mercados locales. De manera similar, las redes móviles están permitiendo el acceso a servicios de salud en las más remotas áreas de India.
Una iniciativa exitosa de la UNESCO es la creación de telecentros comunitarios multipropósito a lo largo del mundo en desarrollo, que proporcionan infraestructura de comunicación e información - teléfono, fax, Internet, computadoras, equipos audiovisuales- para una amplia variedad de usos comunitarios. El proyecto el Número Único de Identificación de India, bajo la capaz dirección de Nandan Nilekani, pionero de las tecnologías de la información, permitirá el acceso a servicios de gobierno, bancarios y de seguros en la base social.
No hay duda de que la Internet puede ser una herramienta de democratización. En algunas partes del mundo -sobre todo en Occidente- ya lo es, puesto que casi cualquiera puede acceder a grandes cantidades de información. Sin embargo, la triste realidad del mundo actual es la diferencia entre ricos y pobres se puede medir según sus conexiones a Internet.
En la actualidad el desarrollo económico requiere más que pensar únicamente en la línea de pobreza; también se hace necesario pensar en la línea digital de alta velocidad, la línea de fibra óptica... de hecho, todas las líneas que excluyen a quienes no están conectados a las posibilidades de nuestro mundo.
Sin embargo, la brecha digital no es inmutable. Por el contrario, la diferencia tecnológica entre los países desarrollados y los países en desarrollo, medida según los niveles de penetración de computadoras personales y servicios de comunicaciones y tecnología de la información, se ha reducido notablemente en el transcurso de la última década, con un rápido crecimiento del uso de la telefonía móvil e Internet. El nivel promedio de penetración de estos dos elementos en el mundo rico en 1997 -4,1 usuarios de Internet y 10,7 teléfonos móviles por cada 100 habitantes- se alcanzó en los países en desarrollo apenas cinco años más tarde.
En contraste, el nivel promedio de penetración de líneas fijas en los países en desarrollo está cerca de 50 años por detrás del de Occidente. No es de sorprender que haya sido en África -no en Europa ni América- donde el teléfono móvil superó por primera vez al aparato fijo. Más africanos se han convertido en usuarios de telecomunicaciones en los últimos cuatro años que en todo el siglo veinte.
La historia india es incluso más notable. Cuando salí de India en 1975 para realizar mis estudios de postgrado en los Estados Unidos, el país tenía cerca de 600 millones de residentes y apenas dos millones de teléfonos de línea fija. Hoy ostenta el récord de cantidad de teléfonos móviles vendidos en un mes -20 millones- y de la mayor cantidad de conexiones telefónicas realizadas en un solo mes en un país en la historia de las telecomunicaciones.
El crecimiento en la tecnología de telefonía móvil demuestra que la brecha digital está cambiando y que el énfasis de las iniciativas de desarrollo debe cambiar con ella. Por ejemplo, India tiene 525 millones de usuarios de teléfonos móviles y menos de 150 millones de personas con acceso a Internet, de modo que el uso de la tecnología de telefonía móvil como herramienta de gobierno electrónico se ha vuelto vital. Esto llama a implementar medios creativos para realizar la transferencia de información y hacer y recibir pagos oficiales por teléfono.
Hoy, la seguridad es un área de preocupación esencial en el gobierno electrónico: tanto la seguridad física, en esta época marcada por el terrorismo, como la 'ciberseguridad'. El uso de tecnología para proporcionar seguridad se volverá incluso más importante en áreas como el uso compartido de información, el manejo de desastres y los estándares de privacidad de los datos.
La tecnología de la información y las comunicaciones es una herramienta potente para enfrentar el subdesarrollo, el aislamiento, la pobreza y la falta de responsabilidad y libertad políticas. El acceso a banda ancha de alta velocidad puede mejorar numerosos ámbitos, como la gestión de las redes de transporte, la protección ambiental, los servicios de emergencia, la atención de salud, la educación a distancia y la productividad agrícola. Para hacer llegar estos beneficios a cada vez más personas serán necesarios recursos, cooperación internacional y voluntad política.


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