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Cómo enfrentar el desafío de crecimiento de Estados Unidos

BERKELEY – Estados Unidos sigue recuperándose de su crisis económica más profunda desde la Gran Depresión, pero el ritmo de la recuperación sigue siendo lento a niveles que rayan la frustración. Hay varias razones para anticipar una mejora modesta en 2013, aunque, como es habitual, existen riesgos que pueden resultar inconvenientes. 

Una recesión prolongada o una crisis financiera en Europa y un crecimiento más lento en los mercados emergentes son las principales causas externas de un peligro potencial. Fronteras para adentro, los enfrentamientos políticos generan los dos riesgos mayores: la imposibilidad de llegar a un acuerdo para aumentar el techo de la deuda y una ronda adicional de contracción fiscal que bloquee el crecimiento económico.

Desde 2010, un tibio crecimiento anual promedio del PBI del 2,1% se tradujo en una creación débil de empleos. Tanto en esta recuperación como en las dos anteriores, el rebote del crecimiento del empleo ha sido más débil y más lento que la recuperación del crecimiento del PBI. Pero la pérdida de empleos en la recesión más reciente cuando menos fue el doble que en recesiones anteriores, de modo que una recuperación lenta implicó una tasa de desempleo mucho más alta durante mucho más tiempo. 

Una demanda agregada débil es la causa principal de un crecimiento moderado del PBI y del empleo. La recesión de 2008 fue originada por una crisis financiera que estalló después que una burbuja de activos alimentada por el crédito diezmó el mercado inmobiliario. La demanda del sector privado se contrae marcadamente y sólo se recupera lentamente después de este tipo de crisis. El balance financiero del sector privado osciló entre un déficit del 3,7% del PBI en 2006, en el pico del auge, y un excedente de aproximadamente el 6,8% del PBI en 2010 y alrededor del 5% hoy. Esto representa la contracción más severa y la recuperación más débil de la demanda del sector privado desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. 

El crecimiento de dos componentes de la demanda privada, la inversión residencial y el consumo, que representan más del 75% del gasto total en la economía de Estados Unidos, ha sido especialmente lento. Ambas fuentes de demanda probablemente se fortalezcan en 2013.

La inversión residencial sigue estando en un mínimo histórico en términos de porcentaje del PBI como resultado de una construcción en exceso durante el auge inmobiliario de 2003-2008 y el tsunami de ejecuciones hipotecarias que vino después. Pero los vientos de frente en el mercado inmobiliario se están disipando. Las ventas, precios y construcción de viviendas aumentaron el año pasado, mientras que las ejecuciones hipotecarias decayeron. La inversión residencial debería ser una fuente de producción y crecimiento del empleo este año.

Las grandes pérdidas en la riqueza de los hogares, el desapalancamiento de una deuda insostenible, el crecimiento débil de los salarios y una caída de la participación de la mano de obra en el ingreso nacional a un mínimo histórico se combinaron para restringir el crecimiento del consumo. El ingreso mediano real de los hogares sigue estando cerca del 7% por debajo de su pico de 2007, el patrimonio neto mediano real de los hogares cayó el 35% entre 2005 y 2010 (y sigue estando significativamente por debajo de su pico previo a la recesión) y alrededor del 90% de las alzas de los ingresos durante la recuperación han ido a parar a manos del 1% que más gana.

Sin duda, los vientos de frente de los balances que frenan el consumo se han calmado. Los hogares han achicado su deuda -muchas veces a través de ejecuciones hipotecarias y quiebras dolorosas- y su deuda en relación a los ingresos se redujo hasta su nivel de 2005, significativamente por debajo de su pico de 2008. Favorecido por tasas de interés bajas, el servicio de la deuda en relación a los ingresos de los hogares ha regresado a niveles que no se veían desde principios de los años 1980. Pero el consumo se verá afectado por la expiración del recorte del impuesto sobre la nómina, que reducirá el ingreso de los hogares en aproximadamente 125.000 millones de dólares este año.

Otro factor que retrasó la recuperación ha sido el crecimiento débil del gasto en bienes y servicios tanto por parte de los gobiernos estatales como locales, y más recientemente del gobierno federal. De hecho, desde el estallido de la recesión, los gobiernos estatales y locales han recortado casi 600.000 empleos y reducido el gasto en proyectos de infraestructura en un 20%.

Las tendencias fiscales para 2013 siguen siendo mezcladas, pero negativas en términos generales. Si bien los recortes del gasto y el empleo que están implementando los gobiernos estatales y locales están terminando en tanto la recuperación beneficia sus ingresos tributarios, el arrastre fiscal a nivel federal se está fortaleciendo. La Ley Estadounidense de Alivio a los Contribuyentes -el acuerdo impositivo al que se llegó a principios de enero para evitar el "abismo fiscal"- recorta aproximadamente 750.000 millones del déficit en los próximos diez años y podría quitar un punto porcentual de la tasa de crecimiento del 2013. Por otra parte, aunque no se las perciba tan ampliamente, ya se están implementando reducciones significativas en el gasto federal, y es muy probable que haya aún más. 

Los recortes del gasto y los aumentos de los ingresos que se han legislado desde 2011 reducirán el déficit proyectado en 2,4 billones de dólares en los próximos diez años -las tres cuartas partes vendrán de recortes del gasto, casi exclusivamente en programas discrecionales no vinculados a la defensa-. En base a las actuales suposiciones económicas, Estados Unidos necesita unos 4 billones de dólares de ahorros para estabilizar su ratio deuda/PBI en los próximos diez años. Ya ha recorrido el 60% del camino.

La llamada confiscación (los recortes generales del gasto programados para comenzar en marzo) recortaría otros 100.000 millones de dólares este año y 1,2 billones de dólares en los próximos diez años. Si bien podría estabilizar el ratio deuda/PBI, la confiscación sería un error: no distingue entre prioridades de gasto, minaría los programas esenciales e implicaría otro golpe significativo para el crecimiento este año.

Es más, a pesar de las advertencias de los alarmistas del déficit, Estados Unidos no enfrenta una inminente crisis de deuda. En la actualidad, la deuda federal en manos de la población está apenas por encima del 70% del PBI, un nivel que no se vio desde principios de los años 1950. Sin embargo, la deuda del gobierno asciende en un promedio del 86% después de las crisis financieras profundas, de modo que el alza en la deuda federal del 70% entre 2008 y 2012 no es sorprendente.

Tampoco resulta alarmante. La economía de Estados Unidos creció rápidamente durante varios años después de la Segunda Guerra Mundial con un ratio deuda/PBI más alto, y el ratio de hoy es más bajo que en todos los demás países industriales importantes (y aproximadamente la mitad que en Grecia, de modo que las analogías son absurdas y engañosas).

Durante los últimos dos años, Washington ha estado obsesionado con la necesidad de recortar el déficit y poner el ratio deuda/PBI en un sendero "sostenible", a pesar de que los inversores globales se han inclinado masivamente por la deuda gubernamental de Estados Unidos, lo que llevó las tasas de interés a bajas históricas. También se han pasado por alto los desafíos inmediatos del crecimiento bajo, la inversión débil y el desempleo alto.

Es hora de redefinir las cosas. Estados Unidos necesita un plan para un crecimiento más rápido, no más reducción del déficit. Evsey Domar, un legendario economista especializado en el crecimiento (y uno de mis profesores en el MIT) aconsejó que el problema de aliviar el peso de la deuda es esencialmente un problema que tiene que ver con lograr un crecimiento del ingreso nacional. Deberíamos prestar atención a su sabiduría.