Saturday, November 22, 2014
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El leviatán financiero de EE.UU.

BERKELEY – En  el año 1950, según las estimaciones del Departamento de Comercio de EE.UU., el sector financiero y de seguros en Estados Unidos representaban el 2,8% del PIB. Hasta el año 1960, dicha proporción había crecido hasta el 3,8% del PIB, y había alcanzado el 6% del PIB en el año 1990. En la actualidad representa el 8,4% del PIB, y dicha proporción no está en descenso. Justin Lahart de The Wall Street Journal informa que la proporción en el año 2010 fue mayor que la proporción pico del año 2006.

Lahart continúa sus apreciaciones indicando que el crecimiento de la proporción del sector financiero y de seguros de la economía “no ha sido, por lo general, una mala cosa... Al desplazar capital a lugares donde puede ser utilizado de mejor manera, se ayuda a que la economía crezca...”

Pero si EE.UU. estuviera obteniendo un buen valor a cambio del 5,6% adicional del PIB que ahora gasta en  finanzas y seguros – es decir, por los $750 mil  millones extras que se desvían anualmente de lo que hubiese estado destinado a pagar a personas que fabrican directamente bienes útiles y proporcionan servicios útiles – dicho valor se mostraría de forma obvia en las estadísticas. A una típica tasa anual del 5% de interés real para flujos de efectivo riesgosos, desviar una porción tan grande de recursos alejándolos de los bienes y servicios con utilidad directa este año sería un buen negocio únicamente si ello impulsa el crecimiento económico anual general en un 0,3%  – es decir, en un 6% por el periodo de una generación de 25 años.

La economía de EE.UU. atravesó en el último par de generaciones por muchos shocks, y muchos factores aumentaron o disminuyeron el crecimiento económico. Mas no es obvio que hoy en día la economía de EE.UU. sería un 6% menos productiva si se hubiera mantenido el sistema financiero y de seguros del año 1950, en lugar del que ha prevalecido durante los últimos 20 años.

Hay cinco formas en las que una economía se beneficia de un sistema financiero y de seguros que funciona óptimamente. En primer lugar, las personas ya no están tan vulnerables ante los efectos de los incendios, inundaciones, desastres médicos, desempleo, colapsos empresariales, cambios sectoriales, y otros hechos similares, ya que un sistema financiero y de seguros que funciona óptimamente diversifica y por lo tanto disipa algunos riesgos, y se ocupa de los demás riesgos emparejando a las personas que temen al riesgo con aquellas que cómodamente pueden soportarlo. Aunque puede ser cierto que de alguna forma el actual sistema financiero y de seguros de Estados Unidos distribuye mejor el riesgo, es difícil de ver cómo ello podría ocurrir en los hechos, dadas las experiencias por las que atravesaron los inversores en instrumentos de renta variable y en el sector de vivienda durante los últimos dos decenios.

En segundo lugar, los sistemas financieros que funcionan óptimamente emparejan proyectos de inversión grandes e ilíquidos con cantidades pequeñas de dinero aportadas por ahorristas particulares quienes valoran altamente la liquidez. Ha habido una importante innovación en las últimas dos generaciones: las empresas ahora pueden emitir bonos de alto rendimiento. Sin embargo, dados los costos del proceso de quiebra, nunca ha quedado claro por qué una empresa preferiría emitiría bonos de alto rendimiento (aparte de porque desea realizar una jugada al sistema impositivo), o por qué los inversores preferirían comprarlos en lugar de invertir en una participación accionaria.

En tercer lugar, existen oportunidades mejoradas para gastar más cuando uno es pobre, y de posteriormente, ahorrar más cuando uno se convierte en rico. Los hogares en la actualidad pueden prestarse más gracias a los préstamos para la compra de viviendas, manejo de saldos en tarjetas de crédito, y préstamos sobre el sueldo. Pero, ¿qué están comprando las personas realmente? Muchos de ellos no están comprando la capacidad de gastar cuando son pobres, y ahorrar cuando se convierten en ricos, sino que parece que están comprando el aplazamiento de la conversación sobre “recortes desagradables de gastos” con los demás miembros de su hogar. Y, eso no es algo que usted desea comprar.

En cuarto lugar, hemos visto grandes mejoras en la facilidad para realizar transacciones. Pero, mientras que las transacciones electrónicas han hecho que una gran cantidad de la vida financiera sea mucho más fácil, dicha facilidad debería haber sido acompañada por una disminución, no por un aumento, de la proporción del PIB, de la misma forma que las comunicaciones telefónicas automatizadas en el ámbito de las telecomunicaciones llevaron a una disminución en el número de telefonistas en relación al número de llamadas telefónicas. De hecho, las operaciones de aquellas partes del sistema financiero que están más estrechamente relacionadas con las mejoras tecnológicas han disminuido notablemente: considere lo que ha sucedido con las operaciones de verificación de los Bancos de la Reserva Federal regionales.

Por último, una mejor financiación debería significar un mejor gobierno corporativo. Debido a que la democracia que ejercen los accionistas no proporciona un control efectivo sobre una gestión gerencial que es arraigada, fuera de control, y auto-indulgente, las finanzas pueden desempeñar un papel  potencialmente poderoso para garantizar que los gerentes corporativos trabajen por los intereses de los accionistas. Y, en verdad, un cambio sustancial ha ocurrido durante las últimas dos generaciones: los directores ejecutivos prestan mucha más atención que antes a la tarea de complacer al mercado de valores, y probable esto puede ser algo bueno.

Sin embargo, en general, sigue siendo preocupante que no veamos los grandes beneficios obvios, ya sea a nivel micro o macro, en la eficiencia de la economía de EE.UU., que podrían justificar gastar un 5,6% extra del PIB cada año en finanzas  y seguros. Lahart cita la conclusión a la que llegó Thomas Philippon de la Universidad de Nueva York que indica que el sector financiero de EE.UU. en la actualidad tiene una hipertrofia que se calcula que es de dos puntos porcentuales del PIB. Y es muy posible que la estimación Philippon de la magnitud de dicha hipertrofia del sector financiero de EE.UU. sea demasiado baja.

¿Por qué la devoción de una gran cantidad de habilidades y de emprendimientos en el sector financiero y de seguros no ha pagado los dividendos económicos obvios? Hay dos maneras sostenibles de hacer dinero en el sector financiero: encontrar personas con riesgos que deben ser llevados a cabo y emparejar a dichas personas con personas que tienen una capacidad  aún no utilizada para soportar riesgos, o encontrar personas con tales riesgos y emparejarlas con las personas que no tienen ni idea, pero que sí tienen dinero. ¿Estamos seguros de que la mayor parte del crecimiento en el sector financiero proviene de una proporción creciente de profesionales de las finanzas que se avocan a la primera actividad descrita en lugar de la última citada?

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