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Naomi Wolf

Una sexualidad velada

Naomi Wolf

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2008-08-30

NUEVA YORK – Una mujer vestida de negro hasta los tobillos y cubierta con un velo o un chador completo camina por una calle europea o norteamericana, rodeada de otras mujeres con camisetas sin mangas, minifaldas y pantalones muy cortos. Pasa bajo inmensos carteles de anuncios en los que otras mujeres se derriten en pleno éxtasis sexual, brincan con ropa interior o simplemente se estiran lánguidamente, casi completamente desnudas. ¿Acaso podría esa imagen ser más representativa de la incomodidad que Occidente siente ante las costumbres sociales del islam y viceversa?

Con frecuencia se riñen batallas ideológicas con cuerpos de mujeres como emblemas y la islamofobia occidental no es una excepción. Cuando Francia prohibió los velos en las escuelas, utilizó el jiyab como substituto de los valores occidentales en general, incluida la condición apropiada de la mujer. Cuando los americanos estaban preparándose para la invasión de Afganistán, se demonizó a los talibanes por prohibir los cosméticos y los tintes para el pelo a las mujeres; cuando se derrocó a los talibanes, los autores occidentales observaron con frecuencia que las mujeres se habían quitado el velo.

Pero, ¿no estaremos en Occidente malinterpretando radicalmente las costumbres sexuales musulmanas, en particular el significado de que muchas mujeres musulmanas vayan cubiertas con un velo o vestidas con un chador? ¿Y no estaremos ciegos ante nuestros marcadores de la opresión y del control de las mujeres?

Occidente interpreta el velo como represión de las mujeres y supresión de su sexualidad, pero, cuando viajé a países musulmanes y me invitaron a participar en  debates sólo entre mujeres en hogares musulmanes, me di cuenta de que las actitudes musulmanas sobre la apariencia y la sexualidad de las mujeres no tenían sus raíces en la represión, sino en un fuerte contraste entre la vida pública y la privada o lo que se debe a Dios y lo que se debe al marido. No es que el islam reprima la sexualidad, sino que encarna un sentido muy desarrollado de su apropiada canalización: hacia el matrimonio, los lazos que mantienen la vida familiar y el apego que protege un hogar.

Fuera de las paredes de las casas musulmanas típicas que visité en Marruecos, Jordania y Egipto, todo era recato y decoro, pero dentro las mujeres estaban tan interesadas en el atractivo, la seducción y el placer como las mujeres de cualquier parte del mundo.

En casa y en el marco de una intimidad marital, abundaban las prendas de Victoria’s Secret, de la moda elegante y las lociones para el cuidado de la piel. Los vídeos de bodas que me enseñaron, con la sensual danza que la novia aprende como parte de lo que hace de ella una esposa maravillosa y que exhibe, orgullosa, para su novio, indicaban que la sensualidad no era ajena a las mujeres musulmanas, sino que el placer y la sexualidad, masculinos y femeninos, no se deben exhibir promiscua y tal vez destructivamente para que todo el mundo los vea.

De hecho, muchas de las mujeres musulmanas con las que hablé en modo alguno se sentían sojuzgadas por el chador o el velo. Al contrario, se sentían liberadas de las mirada occidental que sentían como molesta, cosificadora y vilmente sexualizadora. Muchas mujeres decían algo así: “Cuando llevo ropa occidental, los hombres me miran descaradamente, me cosifican o estoy siempre comprándome con los niveles de las modelos de revistas, que son difíciles de alcanzar y más aún cuando vas teniendo más edad, por no hablar de lo agotador que puede ser estar en exhibición todo el tiempo. Cuando llevo el velo o el chador, las personas se relacionan conmigo como un individuo, no un objeto: me siento respetada”. Puede que esas palabras no representen un conjunto de imágenes feministas occidentales tradicionales, pero se trata de un conjunto de sentimientos claramente feminista occidental.

Lo experimenté yo misma. En Marruecos me puse un shalwar kameez y un velo para dar un paseo por el bazar. Sí, probablemente parte de la cordialidad que recibí se debiera a la novedad de ver a una occidental así vestida, pero, al recorrer el mercado con la curva de mis pechos cubierta y la forma de mis piernas oculta y sin que mi pelo flotara en torno a mí, tuve una nueva sensación de calma y serenidad. Sí, me sentí en cierto sentido, libre.

Además, las mujeres musulmanas no están solas. La tradición cristiana occidental representa toda la sexualidad, incluso la de los casados, como pecaminosa. El islam y el judaísmo nunca tuvieron esa clase de división mente-cuerpo. De modo que en esas dos culturas la sexualidad canalizada en el matrimonio y la vida familiar está considerada una gran bendición, aprobada por Dios.

Eso puede explicar por qué las mujeres musulmanas y ortodoxas no solo describen una sensación de liberación gracias a su ropa recatada y su pelo cubierto, sino que, además, expresan niveles de goce sensual en su vida conyugal mucho mayores de lo que es común en Occidente. Cuando se mantiene en privado la sexualidad y orientada de formas que son sagradas y cuando el marido no está todo el día viendo a su esposa (o a otras mujeres) medio desnuda, se puede sentir una gran fuerza e intensidad cuando el velo o el chador desparecen en la santidad del hogar.

Entre jóvenes sanos de Occidente, que se crían con pornografía e imágenes sexuales en todas las esquinas, la reducción de la libido es una epidemia en aumento, por lo que resulta fácil imaginar la gran fuerza que la sexualidad puede seguir entrañando en una cultura más recatada y vale la pena entender las experiencias positivas que las mujeres –y los hombres– pueden tener en culturas en las que la sexualidad está canalizada de forma más conservadora.

No pretendo desestimar a las muchas mujeres del mundo musulmán que consideran el velo un medio de control de las mujeres. La libertad de elección es fundamental, pero los occidentales deben reconocer que, cuando una mujer en Francia o en Gran Bretaña opta por el velo, no necesariamente se trata de una señal de su represión y –lo que es más importante– cuando se opta por la minifalda y la camiseta sin mangas en una cultura occidental en la que las mujeres no son tan libres para envejecer, ser respetadas como madres, trabajadoras o seres espirituales y no interesarse por Madison Avenue, vale la pena pensar en una forma más matizada sobre lo que la libertad femenina significa de verdad.

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viator 04:54 07 Sep 08

As a man I am always glad to see the sisterhood supporting the patriarchy. I always thought my wife's person, body and sexuality were my property. A also appreciate the permission of corporal punishment that comes along with these privileges. Now the sisterhood needs to push the envelope so I can get some more wives in case I tire of the first one.


nribeiro 05:55 09 Sep 08

Ms. Wolf's argument is very compelling. Coming from a Brasilian family and having lived in Brasil, it is very interesting to see a case for both extremes. I understand the comment that there is indeed a very real sense of what is public and what is private, but I think that even in a society such as Brasil, which arguably pushes the limit on sexuality in public, there is still an inherent understanding of the importance of family and fidelity in the context of the article above. There is a consensus I would think, that the increasing power and influence of secular marketing techniques is where we will continue to see much debate over the "freedom" of womens sexuality. Much of the time, and in a way, to take the opposite side of Ms. Wolf's comment while in the bazaar, "I felt a novel sense of calm and serenity. I felt, yes, in certain ways, free" - I think that western women 'perceive' themselves to be free, but in reality, they may actually be more confined to conforming to endless wants that western advertising imbibes in its female consumers.

As an aside, I wonder what reactions/responses the purchasing of such personal care items in the presence of male shoppers would elicit in such mentioned bazaar atmospheres...


harvross 12:11 10 Sep 08

The article is excellent in just about every respect. Indeed, those with a propensity to studying ideological effects in critical discourse analysis would argue as follows: The very fact that women purport to feel 'free' when they wear headscarves and the like is in itself evidence of them being subject to a particular ideology (in the negative, critical conception of the word). However, I have difficulty with the method as it seems awfully predetermined.

Secondly, choice is important. It is not everything, but it is nonetheless an important indicator of levels of oppression. We in the west must be careful, though, of saying that because something is institutionalised it is necessarily forced. Also, dress itself must not be viewed as a strong signal of freedom of choice. What the west considers to be freedom (promiscuity and pornography abounding) is really not freedom at all. What it amounts to is slavery, lack of libido and unsatisfying escapades of lust that destroy families. In all this, the author is accurate.

Finally, however, I take serious exception to the ignorance (with all due respect) with which miss Wolf makes claims about the Christian tradition. It is true (very unfortunately) that at a particular time in church history sexuality has been displayed as undesirable both inside and outside of marriage. That is NOT to say, however, that it has EVER been portrayed as sinful inside marriage. The Scriptures do not support any such view. Even 1 Corinthians 7 that is couched in the language of advocating against marriage (on account of the contextual distress that the church was suffering) advocates pleasurable, sensual sexual fulfillment within the context of sanctified marriage. Additionally, the Song of Solomon is one of the most beautiful pieces of Scripture that Christians (and Jews) have as an indication of how sexual intimacy and fulfillment should be attained.

Therefore, even though the west is connotatively understood to represent the Christian tradition, its current delusion that pornography and indulgent sensual lusts are fruits of liberty, is nowhere close to the truth of Scripture that Christians believe in. What it thinks is freedom really is just slavery to sin (and sex within marriage is by no means sinful, it is wonderful and designed by God himself - see Genesis 2:24)...

Kind regards

Ross


good1 07:24 20 Oct 08

Ms Wolf found Feminine Sexuality. The beauty Myth, Promiscuities, Misconception etc

Ms Wolf found Jesus. No books

Ms Wolf found Patriotism. The End of America. http://www.project-syndicate.org/commentary/wolf2, Anti Republicans lectures. http://www.youtube.com/watch?v=RjALf12PAWc

Ms Wolf now discovering Islam? Any Books?



AUTHOR INFO

Naomi Wolf    Naomi Wolf
Naomi Wolf is a political activist and social critic whose most recent book is Give Me Liberty: A Handbook for American Revolutionaries.