TOKIO – El 1 de mayo se inauguró la Exposición Universal de Shangai, iluminada con una enorme exhibición de fuegos artificiales. Las celebraciones continuarán hasta el final de octubre. En 1970, el Japón celebró su extraordinario crecimiento económico de la posguerra con la Exposición Universal de Osaka, además de lanzando el tren de alta velocidad. El mundo observa y se pregunta si China seguirá la senda del Japón y surgirá como un país plenamente moderno y con inclinaciones pacíficas.
Hay razones para dudarlo. La voluntad de China de demostrar su nuevo poderío no se limita a la tierra; al contrario, las ambiciones marítimas de China parecen ilimitadas. De hecho, cuando el almirante Timothy J. Keating, comandante de la flota de la marina de guerra de los Estados Unidos en el Pacífico, visitó China en 2007, un oficial de marina chino de alta graduación propuso que los dos países demarcaran una “zona de control” en Hawaii, que determinase los límites de la influencia naval de los EE.UU. y el comienzo de la esfera marítima de China. Ahora se cree que la marina de guerra china está intentando lograr ese fin.
La ambición de China se manifiesta en una exhibición de fuerza. El 8 de abril, un helicóptero procedente de un buque de guerra chino que se encontraba en aguas internacionales al sur de Okinawa se acercó a 90 metros de un buque escolta de las Fuerzas de Autodefensa japonesas... tan cerca, que resultaba claramente visible un soldado chino que blandía un arma. El Japón protestó y calificó el incidente de “acto extraordinariamente peligroso”.
Como para demostrar su intención de hacer caso omiso de la protesta, el 21 de abril buques de la marina de guerra china navegaron hacia el Norte, entre Okinawa y las islas Miyako, e hicieron maniobras en gran escala. Una vez más, un helicóptero militar chino sobrevoló en círculo un buque escolta japonés.
Aunque en el cielo septentrional del Japón hay con frecuencia vuelos de reconocimiento de las fuerzas aéreas de Rusia, los dos países entienden la necesidad de actuar con cautela. Sin embargo, los ejércitos chino y japonés no tienen vínculos suficientes para crear la confianza en que prevalecerá la cautela. Para evitar que un accidente provoque un incidente con consecuencias graves, es absolutamente necesario que ambas partes mantengan un diálogo militar bilateral más profundo.
Nada de eso está sucediendo. Además, el Gobierno del Japón ha alentado las ambiciones regionales chinas, al adoptar una actitud antiamericana similar a la del gobierno del ex presidente de Corea del Sur, Roh Moo-hyun. Al prometer en la campaña para las elecciones del verano pasado cerrar las bases de los Estados Unidos en Okinawa, el Primer Ministro, Yukio Hatoyama, se metió en un apuro. Ahora parece que quiere desdecirse de su promesa, pero las protestas en masa lo disuaden de hacerlo.
Al notar que se está produciendo un distanciamiento cada vez mayor entre el Japón y los EE.UU., la marina de guerra china está demostrando su poderío en aumento en los mares que circundan al Japón... y afirmando su aspiración a substituir a los EE.UU. como potencia naval dominante en el Pacífico. Existe un precedente: cuando los EE.UU. cerraron la base naval de la bahía de Subic y la base Clark de las fuerzas aéreas en las Filipinas, el ejército chino se apresuró a aumentar su actividad en torno a las islas Spratly, reconocidas como territorio filipino, pero que China reivindica vehementemente.
Los intentos de China de dominar el Pacífico están infundiendo temores ahora en el Japón. Al sur de Okinawa se encuentra la isla de Yonaguni, con una población de tan sólo 1.800 habitantes y visible desde Taiwán en un día claro. En el Japón arrecia la polémica sobre una ley que permitiría a residentes extranjeros en la isla votar en las elecciones locales. Los habitantes de Yonaguni se oponen rotundamente a dicha ley, no porque sean excluyentes, sino porque consideran que están protegiendo una frontera delicada.
Como bastan tan sólo 137 votos para ser elegido concejal, un gran número de extranjeros particularmente interesados en trasladarse a la isla podrían elegir a un candidato ganador. Lo que preocupa es que un concejo municipal de esa clase podría legislar “a favor” de Estados vecinos, lo que podría comprometer dramáticamente la seguridad nacional del Japón.
Incluso el ministro de Defensa de Hatoyama, Toshimi Kitazawa, que había mostrado inclinación a hacer observaciones ingenuas al respecto, parece haber recuperado la sensatez. Ahora pide la construcción de una base de las Fuerzas de Autodefensa en Yonaguni, pero la situación en la isla demuestra de nuevo que China está dispuesta a aprovechar cualquier metedura de pata del gobierno de Hatoyama, tan propenso a cometerlas.
Y no sólo las aguas cercanas al Japón deberían preocupar a Hatoyama, pues la marina de guerra china no sólo tiene puesta la mira en el Pacífico, sino que también se orienta hacia el Asia meridional, el océano Índico, Oriente Medio y África. De hecho, la pugna cada vez más intensa entre la India y China no es sólo de carácter militar, sino que también afecta a la adquisición de recursos naturales. Mediante el control de las vías marítimas, China abriga la esperanza de mediatizar la capacidad de la India en materia de crecimiento económico.
La expansión militar china ha experimentado un aumento anual de dos dígitos durante 22 años. Aunque los funcionarios chinos dicen que se ha limitado el presupuesto militar para 2010 y sólo aumentará un 7,5 por ciento, los gastos militares de China ya superan los del Japón en un 15 por ciento. En realidad, es probable que China limitara el aumento este año tras reconocer que la comunidad internacional está alarmándose ante la pronunciada trayectoria ascendente del incremento de su potencia militar.
Pero sigue habiendo dudas sobe el nivel verdadero del gasto militar de China, causadas por una pronunciada falta de transparencia del proceso presupuestario. No está claro, por ejemplo, si se incluyen en él los gastos de investigación e innovación correspondientes a un portaaviones.
La Historia ha demostrado repetidas veces que semejante ambigüedad, en particular si la practica una potencia en ascenso, puede desencadenar una carrera de armamentos. El secreto incremento de la potencia naval del Káiser Guillermo II de Alemania, por ejemplo, contribuyó al estallido de la primera guerra mundial. El convencimiento por parte del Presidente John F. Kennedy de que existía un “desfase en materia de cohetes” a favor de la Unión Soviética inspiró la producción de cohetes nucleares de ojivas múltiples, lo que aceleró la carrera de armamentos nucleares en el momento culminante de la Guerra Fría.
China afirma que tiene derecho a desempeñar un papel en la formulación de las normas que rigen el sistema internacional. Naturalmente, China debe desempeñarlo, pero, mientras no actúe con mayor sinceridad y transparencia para disipar las preocupaciones de la comunidad internacional, corre el riesgo de que sus vecinos no sólo sospechen de sus actuaciones en el ruedo internacional, sino que, además, adopten medidas activas contrarias para defender su seguridad.


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