¿Por qué tantos sobrevivientes del Holocausto sienten el nacimiento de nuevas amenazas antijudías antes de verlas? Porque saben cómo una insinuación supuestamente »inocente" crece hasta ser una acusación y que las acusaciones se pueden convertir en discriminación y poco después en legislación. Es entonces cuando se suelta la histeria. Los sobrevivientes suenan las alarmas porque saben qué es lo que está en juego. Al hacerlo, fortalecen nuestras democracias en formas que otras personas no pueden. Escuchamos a los sobrevivientes para sobrevivir.
Como lo demuestran los resultados de la primera ronda de las elecciones presidenciales francesas, tenemos razones para escuchar. Sin embargo, no sólo los demagogos como Jean-Marie Le-Pen y el resto del lumpen de la extrema derecha de Europa incitan a los problemas.
A lo largo del siglo XX, gente que se consideraba a sí misma como »intelectuales" con frecuencia se convirtieron en compañeros de viaje del fascismo o del comunismo sin ingresar a los partidos políticos basados en esas ideologías. En el siglo XXI, entre las gentes ligadas a los medios masivos de comunicación, a la política, al gobierno y a las universidades encontramos a algunas que condenan a Israel con un lenguaje que nos recuerda a los compañeros de viaje de esos movimientos antidemocráticos fallidos. Estas no son las voces de la mayoría en el mundo occidental (afortunadamente, todavía no), pero son voces de minorías poderosas e influyentes.
Tomemos por ejemplo el caso del embajador francés en Gran Bretaña. Hace poco, durante una cena en Londres describió a Israel como »esa porquería de paisito". Sus vulgares comentarios no son particularmente aterradores. Lo preocupante es la respuesta. Su gobierno no lo retiró. El gobierno de Tony Blair no solicitó que lo retiraran. La opinión pública trató el asunto como un escándalo más. De hecho, la prensa francesa opinó que el embajador había sido víctima de los periódicos sensacionalistas ingleses y no de sus sentimientos despreciables.
Lamentablemente, el embajador francés en Gran Bretaña tiene muchos aliados entre las élites europeas. Sin embargo, el embajador francés sí nos hizo un favor; nos ayudó a darnos cuenta del grado al que se ha extendido este nuevo antijudaísmo. Como dijo un columnista, Israel se ha convertido en »el objeto del odio que no se atreve a hablar".
Pero debemos no solamente atrevernos a hablar; estamos obligados a hacerlo. No debemos permanecer callados sobre los ataques diarios en Francia en contra de los judíos y las sinagogas. Es una vergüenza para toda Europa que muchos judíos franceses no puedan enviar a sus hijos a la escuela sin preocuparse por su seguridad. Hay reportes de desmanes antisemitas en otros lugares: en Berlín y Londres, en Suiza, Italia, Suecia, los Países Bajos y en partes de Europa oriental.
No debemos permanecer callados sobre el hecho de que se está conviertiendo en rutina negar el Holocausto, así como los paralelos que los antisemitas-antizionistas encuentran entre Israel y el Tercer Reich. Debemos »hacerle frente a la nueva plaga nazi que está en Israel", decía un periódico sirio, al tiempo que la televisión palestina pinta a los soldados israelíes como violadores y asesinos de sangre fría. El Mufti de Jerusalén afirmó que »no es mi culpa que Hitler odiara a los judíos, los odian en casi todas partes". En un sermón televisado un viernes en la televisión palestina se decía a los musulmanes que »no tengan piedad de los judíos, sin importar dónde se encuentren ustedes...mátenlos...y a los americanos que son como ellos".
Lo que tenemos que recordar acerca del antisemitismo es que, aunque siempre empieza con los judíos, nunca se detiene con los judíos. El odio a los judíos, si no se controla, casi siempre crece en ataques a otros grupos y minorías, y termina por socavar a las instituciones democráticas y al imperio del derecho. Así, la lucha en contra del antisemitismo es una tarea tanto para judíos como para no judíos.
Sin embargo, ahora es una lucha más difusa que nunca, porque un elemento sorprendente del antisemitismo actual es su flexibilidad. Aunque el antisemitismo nunca cambia su objetivo (atacar judíos) sí cambia su cara, su estrategia, sus razonamientos, incluso su vocabulario.
Antes, el blanco era la religión judía. Cuando el judaísmo no se rindió, los judíos fueron expulsados o asesinados. En el siglo XIX, cuando la raza se convirtió en una teoría embriagante, los judíos fueron atacados por ser una raza maligna. Hoy, cuando Israel es una fuente de orgullo y protección para la mayoría de los judíos, se calumnia al zionismo como una ideología racista.
No equiparo a la crítica de Israel con el antisemitismo. Es tan legítimo oponerse a ciertas políticas y decisiones israelíes como lo es examinar a cualquier nación. Sin embargo, el antizionismo se está pareciendo cada vez más al antisemitismo.
A veces los antizionistas afirman que no están en contra de los judíos sino sólo en contra del Estado judío. Pero supongamos que alguien dijera: »Sólo estoy en contra de la existencia de Gran Bretaña, no soy antibritánico" O que alguien me dijera que: »Adoro a los suecos, pero Suecia debería de ser abolida". No les creeríamos. Es difícil querer o respetar a un pueblo y odiar a su Estado.
Sin embargo, la gente cree que puede cuando se trata de Israel. En varios organismos de la ONU atacar a Israel ya es rutinario. Esta demonización de la única democracia del Medio Oriente es parte central del nuevo antijudaísmo. Cuando se describe a Israel como »el enemigo de todo lo bueno y el depositario de todo lo que es malo", dice el profesor Irwin Cotler, miembro del parlamento canadiense, la cosa se convierte en una »enseñanza del desprecio" dentro de la ONU.
Esta constante singularización de un país como el enemigo de la humanidad es de hecho una campaña dirigida en contra del pueblo judío. En efecto, muchos de los arrebatos antijudíos en varios países tienen su raíz en las condenas de Israel que explotan la terminología antisemita. Los ataques en contra de las sinagogas con frecuencia son desencadenados por un lenguaje difamatorio sobre el Medio Oriente.
En comparación con otros estallidos antijudíos, el antisemitismo actual es menos un ataque en contra de los judíos individuales que un ataque en contra del »colectivo judío", el Estado de Israel. Ese tipo de ataques, sin embargo, han iniciado una reacción en cadena de ataques a lo largo de Europa y América Latina en contra de individuos e instituciones judías.
En el pasado, los antisemitas más peligrosos eran aquéllos que buscaban hacer del mundo un lugar Judenrein , sin judíos. Actualmente, los antisemitas más peligrosos son aquéllos que quieren hacer del mundo un lugar Judenstaatrein, sin un Estado judío.


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