Friday, October 24, 2014
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Los nuevos cucos del capitalismo financiero

La crisis de las hipotecas de alto riesgo ha desviado la atención de los crecientes temores sobre los Fondos de Riqueza Soberana (SWF, tal su sigla en inglés) como los nuevos cucos de las finanzas globales. Pero apenas ceda la crisis de las hipotecas de alto riesgo, las ansiedades sobre los SWF regresarán, ya que el surgimiento de este vasto y creciente manojo de fondos controlados por el estado puede tener implicancias de mayor alcance y, por cierto, políticamente más sensibles, que la angustia con suerte temporaria causada por la crisis de las hipotecas de alto riesgo.

De hecho, si los SWF siguen creciendo, sus inversiones están destinadas a alterar de manera permanente el peso relativo de los activos controlados por el estado y los privados en las economías avanzadas. Según Morgan Stanley, se espera que los SWF gestionen 12 billones de dólares para 2015, con respecto a los aproximadamente 2,5 billones actuales. Ambas sumas hacen que los montos controlados por los fondos de cobertura y los grupos de capital riesgo parezcan pequeños. Por lo tanto, algunos de los mayores inversores -tanto pasivos como estratégicos- en los mercados financieros en los próximos años serán instituciones de gobierno. Que entre estas instituciones las más grandes estén en China, en la Rusia de Vladimir Putin y en algunos estados petroleros inestables suma otra preocupación a la mezcla.

El crecimiento de los SWF es una consecuencia directa de la acumulación de más de 5 billones de dólares en reservas extranjeras por parte de las economías de los mercados emergentes en Asia y entre los países exportadores de petróleo y productos básicos. Los excedentes de cuenta corriente de estas economías, junto con las masivas afluencias de capital, llevaron a sus autoridades monetarias a intentar impedir que sus monedas nacionales se apreciaran para mantener la competitividad de sus industrias.

En un principio, estos países invirtieron sus reservas extranjeras en activos líquidos –letras del Tesoro de Estados Unidos y títulos del gobierno a corto plazo emitidos por otros países con monedas de reserva-. Luego se dieron cuenta de que sus tenencias en activos líquidos y de bajo retorno excedían por lejos lo que se necesita para evitar el tipo de corridas especulativas que el este de Asia experimentó en 1997 y Rusia en 1998. Después de todo, ¿por qué tener letras del Tesoro de Estados Unidos con un retorno magro del 5%, bonos alemanes con un retorno del 4% o bonos del gobierno japonés con un retorno del 0,5%, cuando se pueden adquirir firmas extranjeras, invertir en activos reales, mercados bursátiles o bonos corporativos de mayor rendimiento?

La respuesta parecía una obviedad. De manera que los bancos centrales están transfiriendo sus excesos de reservas a SWF existentes o creados recientemente, que a su vez invierten en acciones de alto retorno.

Pero la aparición de los SWF está creando una reacción política violenta en la forma de "proteccionismo financiero". Los ejemplos incluyen el esfuerzo fallido por parte de la National Overseas Oil Company de China por comprar la firma energética norteamericana UNOCAL y la oferta fallida de Dubai Ports para comprar una firma que administra los principales puertos estadounidenses. Hoy hay legislación pendiente en el Congreso norteamericano destinada a intensificar el proceso de aprobación para la adquisición extranjera de firmas norteamericanas, y una reacción similar se está produciendo en Asia y Europa.

Por supuesto, no todos los SWF favorecen las inversiones estratégicas; es decir, asumir participaciones de control en las firmas adquiridas. Algunos, como la Government Investment Corporation de Singapur, prefieren inversiones pasivas y diversificadas sin ninguna participación en el control de las empresas. Y China, cuando adquirió una participación del 10% en el grupo de capital riesgo norteamericano Blackstone, evadió cualquier derecho de voto en la administración de la compañía, tal vez como una manera de mantener contentos a los reguladores financieros norteamericanos.

Un tercer tipo de SWF adopta la forma de fondos de inversión petrolera entre los países exportadores de petróleo/energía, que están ahorrando sus ganancias en activos extranjeros. Noruega, de hecho, viene haciendo esto -muy silenciosamente- desde hace muchos años.

Las opiniones sobre cómo responder a los SWF varían. El Reino Unido adoptó una política de no interferir, mientras que las preocupaciones políticas predominan en Estados Unidos, Francia y Alemania. A algunos les preocupa la reciprocidad: si a las empresas chinas se les permite invertir en compañías norteamericanas y de la UE, ¿las empresas de Estados Unidos y la UE no tendrían que poder invertir libremente en cualquier compañía china? A otros les preocupa la seguridad nacional: ¿qué pasaría si "nuestros" puertos e industrias de seguridad u otras empresas "estratégicas" fueran comprados por China, Rusia o Arabia Saudita?

Y hay quienes se preocupan por el hecho de que los SWF sean propiedad del Estado: ¿qué le sucedería al gobierno corporativo si los inversores tuvieran objetivos que no fueran maximizar los retornos ajustados por exposición a un riesgo? De la misma manera, existen temores por la transparencia: muchos SWF no revelan sus estrategias de inversión ni cómo operan. ¿Qué pasaría si un pequeño grupo de grandes SWF de propiedad del estado hiciera inversiones muy importantes en una variedad de activos? ¿Cómo podrían distorsionar los precios de las acciones o los rendimientos de los bonos gorilas de 200.000 millones de dólares que necesitan invertir 4.000 millones de dólares por semana?

Las predicciones calamitosas de que el surgimiento de los SWF implica que el sistema financiero global se está convirtiendo en una forma de capitalismo de estado pueden ser exageradas. Pero un pequeño grupo de actores gubernamentales que gestionan una vasta cantidad de activos extranjeros sí crea complicaciones. Por supuesto, mientras Estados Unidos tenga déficits anuales de cuenta corriente de casi un billón de dólares, necesitará pedirle prestado a rivales estratégicos como China, Rusia y los estados petroleros inestables de Oriente Medio, que cada vez más prestarán en forma de inversiones en acciones de alto rendimiento y no tanto en letras del Tesoro de bajo rendimiento. De manera que, a menos que Estados Unidos empiece a ahorrar más, le costará quejarse de la forma –acciones en lugar de deuda- que adopta el financiamiento de su déficit externo.

También es cierto que la masiva acumulación de reservas extranjeras que hoy está alimentando el crecimiento de los SWF es excesiva y está impulsada por políticas erróneas de tipo de cambio, donde las monedas muy subvaluadas resultan en excedentes de cuenta corriente. Estos países necesitan permitir una mayor flexibilidad del tipo de cambio y una apreciación de la moneda para reducir sus excedentes externos –y, así, la necesidad de acumular gigantescas reservas extranjeras en primer lugar.

De hecho, las economías de los mercados emergentes deberían reducir su acumulación de activos extranjeros en lugar de querer resistir la reacción política violenta contra los SWF en Estados Unidos y la UE. Al parecer, los SWF están aquí para quedarse y crecer, y es verdad que ofrecen beneficios significativos. Pero si se vuelven demasiado grandes mientras que sus actividades siguen siendo opacas, el “proteccionismo financiero” generalizado se volverá cualquier cosa menos inevitable.

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