Thursday, October 23, 2014
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Los fantasmas del pasado de la economía

En la gran novela "Canción de navidad", de Charles Dickens, el desalmado hombre de negocios Ebeneezer Scrooge es atormentado por una visita del Espíritu de la Navidad Pasada. Hoy, los fantasmas indeseados acosan de manera parecida a los economistas, cuando éstos piensan sobre la reaparición de enfermedades económicas hace largo tiempo muertas y enterradas.

Desde Stephen Roach en Morgan Stanley a Paul Krugman en Princeton, e incluyendo a los Gobernadores de la Reserva Federal de EEUU, al personal superior del Banco Central Europeo y a casi todos en el Japón, los economistas de todo el mundo están cada vez más preocupados por la deflación. Sus reflexiones vuelven sobre los pasos del pensamiento económico de hace más de cincuenta años, una época en que los economistas concluyeron que lo que se debía hacer con la deflación era evitarla como a la peste.

Ya en 1933, Irving Fisher (predecesor de Milton Friedman como líder de la escuela monetarista de economistas estadounidenses) anunciaba que los gobiernos podían prevenir las depresiones profundas si evitaban la deflación. La deflación, un declive constante y sostenido de los precios, dio a las empresas y consumidores poderosas razones para reducir el gasto y acumular efectivo. Disminuye la capacidad de las empresas y bancos de pagar sus deudas, y podría detonar una cadena de grandes bancarrotas que destruirían la confianza en el sistema financiero, generando incentivos adicionales para guardar el dinero bajo el colchón.

Unos incentivos así de fuertes para guardar el dinero en lugar de gastarlo pueden mantener a la demanda en un nivel bajo y en caída, y al desempleo en un nivel alto y en ascenso, por un tiempo mucho mayor al que hasta el político más orientado al laissez-faire se haya atrevido a proponer jamás. De allí la solución keynesiana: usar la política monetaria (bajar las tasas de interés) y la política fiscal (aumentar el gasto del gobierno y reducir los impuestos) para mantener a la economía apartada del precipicio en donde la deflación comience a parecer posible.

Pero si este es un problema que se solucionó hace cincuenta años, ¿por qué nos está perturbando ahora? ¿Por qué es esta amenaza objeto de grandes preocupaciones en Japón hoy en día, y una perspectiva que merece inquietud en EEUU?

A fines de la década de 1940, quienes protagonizaron la creación del orden económico internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial intentaron crear un sistema monetario internacional que (a) permitiera que los tipos de cambio fueran lo suficientemente estables como para que los productores y consumidores quedaran a salvo de los riesgos de las fluctuaciones excesivas e irracionales en los mismos, (b) permitiera a los países aplicar sus propias políticas macroeconómicas nacionales, y (c) previniera los catastróficos arrebatos de pánico, que afectan no sólo a los bancos individuales sino a países completos, y que produjeron la devastadora crisis financiera internacional de la Gran Depresión.

El resultado fue el sistema de tipos de cambio fijos pero ajustables de Bretton Woods, que con el tiempo se convirtió en el sistema de tipo flotante de la década de 1980. Luego llegaron los años 90. Repentinamente estuvieron de vuelta las devastadoras crisis financieras en estampida: los casos de México, Tailandia, Corea, Brasil y demás tenían todo el aspecto del pánico financiero de 1873 en EEUU o la crisis austriaca del Creditanstalt en 1931. La crisis de la Argentina a fines del 2001 se asemejó notablemente a la crisis del Baring Brothers en 1890, también en la Argentina, con la diferencia de que los políticos y los banqueros internacionales parecen haber tenido en 1890 una idea mucho más clara de lo que había que hacer para reducir el daño al mínimo, en comparación con lo que se ve hoy.

Pero si quienes crearon el sistema monetario posterior a la Segunda Guerra Mundial trabajaron para generar salvaguardas contra los peligros planteados por las crisis financieras internacionales impulsadas por el pánico, ¿por qué estos demonios financieros están de vuelta?

La verdad es que quienes diseñan las políticas económicas están haciendo malabarismos con series de potenciales desastres, cambiando el que parece más amenazador por uno que parezca más distante. En EEUU, la administración Bush es escéptica acerca del poder de estimulación de la política monetaria y desea mayores déficits fiscales para reducir el desempleo, esperando que los peligros futuros planteados por los déficits persistentes (baja inversión, lento crecimiento, pérdida de confianza, inflación descontrolada y depreciación de la tasa de cambio) se puedan esquivar o no se hagan visibles sino hasta que el equipo de Bush deje el poder.

En Europa, el Banco Central Europeo cree que el peligro de una inflación descontrolada que podría ocurrir tras una pérdida de confianza pública sobre su compromiso con la reducción de la inflación es algo peor que los costos del empleo europeo, que es demasiado alto. En los países en desarrollo, se teme que los controles del capital para prevenir las crisis financieras se conviertan en obstáculos para atraer los fondos necesarios para la industrialización y en potenciales fuentes de corrupción, si los flujos financieros pasan, de algún modo, por las manos del sobrino lejano del Viceministro de Finanzas.

Los tipos de cambio flexible, diseñados para permitir que el mercado dé señales cuando baja la confianza en la moneda, también ponen a los exportadores en una desventaja competitiva con respecto a los productores de países extranjeros cuyos precios no tienen que revolotear alrededor de tipos de cambio impredecibles. Incluso las políticas de sustitución de importaciones, ahora universalmente menospreciadas, fueron adoptadas originalmente por el mundo en desarrollo por buenas (y también malas) razones: el cierre proteccionista de los mercados de los países desarrollados durante la Gran Depresión, que había tenido desastrosas consecuencias para las economías en desarrollo.

Los fantasmas del pasado económico vuelven porque siempre se exagera la validez de las lecciones del presente. Los políticos y quienes diseñan las políticas presentan su enfoque económico como la "Única Doctrina Verdadera". Lo que hacen, sin embargo, es tratar de enfrentar el mayor problema que tienen en el momento, pero al precio de eliminar instituciones y políticas que otros en el pasado habían puesto en práctica para controlar problemas que sentían eran los más urgentes.

Los visitantes nocturnos de Ebeneezer Scrooge lograron convencerlo de los errores que estaba cometiendo. Esperemos que los economistas de hoy también aprendan las lecciones de sus fantasmas indeseados.

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  1. CommentedStamatis Kavvadias

    Prof. J. Bradford DeLong is describing a deflation that seems to have nothing to do with the recent crisis. If it is not just a book definition of deflation, it definitely has nothing to do with this crisis. Deflation is a result of something and, it seems to me that in big crisis, the reason is in the banking system. Deflation is not the cause of a number of unfortunate behaviors. The causes of deflation are the causes of a number of unfortunate behaviors.

    Lets hope that, along with economists and policymakers, he will learn the lessons of the ghost of fractional reserve banking, without which deflation would not be a problem but a blessing!!!

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