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Las amenazas democráticas de Taiwan

El reciente llamado del presidente de Taiwán, Chen Shui-bian para aprobar una ley que permita el referéndum rápidamente se convirtió en una crisis internacional. China, temiendo que esa ley pudiera utilizarse para buscar la independencia de Taiwán, reaccionó enérgicamente incluso antes de que el Yuan, el parlamento taiwanés, aprobara la iniciativa.

El General de División Wang Zaixi, subdirector de la Oficina para Asuntos Taiwaneses, advirtió que se utilizaría la fuerza si las autoridades de Taiwán "se coluden con las fuerzas separatistas en actividades abiertamente proindependentistas y retan al continente y al principio de una sola China". El primer ministro chino, Wen Jiabao fue un poco más cortés. En una entrevista con un periódico estadounidense le recordó a Taiwán que China "pagará cualquier precio para salvaguardar la unidad de la patria".

Unos días después de la entrevista de Wen, al comentar sobre los acontecimientos recientes en Taiwán con el primer ministro a su lado, el presidente de los EU, George W. Bush, dijo que Estados Unidos se opone a "cualquier decisión unilateral para cambiar el statu quo, y los comentarios y las acciones del líder de Taiwán indican que estaría dispuesto a tomar decisiones unilaterales para cambiar el statu quo, a lo cual nos oponemos".

Preocupado por la reelección y absorto en Iraq, el presidente Bush no se pude dar el lujo de una crisis en el lejano oriente. En efecto, necesita la ayuda de China para convencer a la obstinada Corea del Norte de que negocie seriamente el desarme nuclear.

Pero el presidente Bush no es el único que se enfrenta a presiones democráticas. Taiwán tiene su propio electorado interno al que hay que atender. Ahora que durante su administración el crecimiento económico ha alcanzado su nivel más bajo en 50 años, Chen Shui-bian busca la manera de desviar la atención del público asumiendo el papel de un líder valiente dispuesto a defender la soberanía de Taiwán.

La política de moderación hacia China que Chen solía apoyar ya no existe. En un cambio radical de política, anunció el pasado agosto que hay "un Estado de cada lado del Estrecho de Formosa".

Para distanciarse aún más del Kuomintang (el partido que gobernó Taiwán durante casi toda la segunda mitad del siglo XX) y su aliado, el Primer Partido del Pueblo, Chen ha hecho de la defensa de los valores locales, la salvaguarda de la soberanía de Taiwán y la teoría de los "dos Estados" el tema central de su presidencia. Una nueva constitución, apoyada por un referéndum nacional, es parte de ese esfuerzo para rediseñar la identidad de Taiwán y para distinguir a la nueva generación de políticos de aquéllos que llegaron como exilados del continente.

Aunque un referéndum funciona como artilugio electoral, no deja de ser una herramienta democrática normal en casi todas partes, y la estrategia no habría causado el revuelo que provocó si el público taiwanés no pareciera apoyarla. Es claro que la opinión pública en Taiwán ha cambiado dramáticamente en lo que toca a las relaciones con China.

Anteriormente, los taiwaneses repudiaban términos como referéndum o nueva constitución, debido a la sensibilidad de China. Pero encuestas recientes demuestran que la postura de los taiwaneses hacia China ha cambiado notablemente, y que a un número cada vez mayor de personas le importa menos lo que China opine. Pocos consideran que los gobernantes de China sean siquiera remotamente amigables, y esta creciente aversión hacia el continente les da margen de maniobra a los políticos audaces.

Pero la política de Taiwán hacia China también ha atravesado por un proceso muy distinto de cambios en la última década. Las confrontaciones del pasado han sido sustituidas con una relación nueva enfocada a explorar las oportunidades económicas del vasto mercado chino. Taiwán ha sido un proveedor importante del flujo de capital extranjero hacia China: contribuye el doble que los EU y representa aproximadamente el 20% de ese flujo.

Taiwán es también la fuerza motriz de las industrias de alta tecnología de China. Se calcula que el 70% del hardware fabricado en la industria de tecnología de la información de China es producido por compañías en manos de taiwaneses. Taiwán también ha permitido que se abran "mini-vínculos" de manera que los habitantes de la isla de Kinmen y del puerto de Xiamen puedan viajar sin restricciones a través del estrecho.

Sin embargo, estos gestos de buena voluntad no han logrado que China modere su postura beligerante. Sin tomar en cuenta las pruebas con misiles, China ha estado intentando persuadir a los Estados Unidos para que dejen de vender armas a Taiwán. El rumor sobre la propuesta que el ex presidente chino, Jiang Zemin, hiciera en una reunión con el presidente Bush durante octubre de 2002 de retirar los misiles chinos a cambio de la suspensión de la venta de equipo militar de los EU a Taiwán es sólo un ejemplo.

Esta hostilidad se extiende a casi todas las actividades. China bloqueó el ingreso de Taiwán a la Organización Mundial de la Salud, aun cuando la epidemia del SARS golpeó fuertemente a la isla hace poco. China también logró convencer a tres naciones de que retiraran su lealtad al débil cuerpo diplomático de Taipei a lo largo de los tres años que lleva Chen en el poder. Peor aún, dos de esos casos estuvieron calculados para humillar a Chen (uno en la víspera de que asumiera la presidencia del Partido Progresista Democrático, y el otro antes de su escala en Nueva York durante una visita a América Central).

Así, en términos de la estabilidad a través del canal, se puede afirmar que China es tan provocadora como Taiwán, y las cosas podrían salirse de control si los líderes en ambos lados mantienen sus actitudes imprudentes. Mientras que el pequeño Taiwán debe cuidarse de provocar a su vecino gigante, China debe hacerse a la idea de una democracia funcional. La intimidación y la represión sólo conseguirán sembrar la hostilidad entre los taiwaneses comunes y corrientes.

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