Thursday, September 18, 2014
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La dolencia de Oriente Medio de Obama

PARIS – Tan pronto como el presidente estadounidense Barack Obama les dio la bienvenida a las tropas norteamericanas que regresaban de Irak y elogió la estabilidad y la democracia de ese país, una ola sin precedentes de violencia -en Bagdad y otras partes- reveló la gravedad de la crisis política de Irak. ¿Esa crisis es una excepción desafortunada o, más bien, un síntoma del fracaso de la diplomacia de Obama en Oriente Medio, desde Egipto hasta Afganistán?

Tras asumir la presidencia, Obama planteó cuatro objetivos en Oriente Medio: estabilizar a Irak antes de marcharse de ese país; retirar las tropas de Afganistán desde una posición de fortaleza y sobre la base de una mínima convergencia política con Pakistán; lograr un avance importante en el proceso de paz de Oriente Medio presionando al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a frenar la construcción de asentamientos; y abrir el diálogo con Irán sobre el futuro de su programa nuclear. Sobre estas cuatro cuestiones importantes, los logros de Obama son claramente escasos.

Con respecto a Irak, desde la presidencia de George W. Bush, Estados Unidos ha luchado por ejercer una influencia moderadora sobre el poder chiíta, de manera que el país pueda crear un sistema político más inclusivo -específicamente, sancionando una nueva ley sobre la distribución de los ingresos por exportaciones de petróleo entre las comunidades chiítia, sunita y kurda-. Desafortunadamente, sucedió exactamente todo lo contrario.

Kurdistán se embarcó en un camino hacia una mayor autonomía, mientras que los sunitas están cada vez más marginados por un gobierno central sectario y autoritario dominado por los chiítas. Esto tiene implicancias para el equilibrio regional del poder, porque Irak se está acercando más a Irán para contrarrestar a Turquía, país al que se ve como protector de los sunitas.

Las declaraciones del primer ministro iraquí, Nouri al-Maliki, en un viaje reciente a Washington sobre que estaba más preocupado por Turquía que por Irán puso de manifiesto la enorme brecha entre Irak y Estados Unidos, que hoy parece haber perdido toda influencia política transcendente en las cuestiones iraquíes. Por cierto, en una actitud inquietante, Estados Unidos decidió no jugar la última carta que le quedaba en su trato con al-Maliki: las ventas de armas.

Ya no pueden albergarse dudas de que la ocupación de Irak fue una inmensa derrota estratégica para Estados Unidos, porque en definitiva sólo sirvió para fortalecer a Irán. Sin embargo, Obama carece de una visión a mediano plazo para hacer frente a la gravedad de la situación -un descuido que, tarde o temprano, le costará caro a Estados Unidos.

Hay dos desenlaces posibles: una contención más ajustada de Irán a través de sanciones a las exportaciones petroleras puede arrojar resultados positivos y debilitar a Irán, o bien puede fracasar y llevar a Estados Unidos inexorablemente a una nueva guerra en Oriente Medio. No es improbable que en los círculos de política exterior de Estados Unidos haya quienes consideren el agravamiento de la crisis iraquí como un ladrillo en la construcción del escenario para una intervención militar en Irán.

Pero Obama no tiene ni un pelo de tonto. Percibió la hostilidad del Congreso de Estados Unidos hacia Irán y el deseo de confrontar militarmente a la República Islámica. Cree, sin embargo, que puede evitar las soluciones extremas; en la diplomacia, todo puede suceder, y el peor escenario nunca está garantizado.

El problema es que Obama tiene una marcada tendencia a sobrestimar la capacidad de Estados Unidos de influir en los actores más débiles. Lo que es válido para Irak también es válido para Afganistán: Obama puede sentirse orgulloso de haber eliminado a Osama bin Laden, lo cual sin duda fue un triunfo, claro que un triunfo que no logró abordar la raíz del problema. A pesar de una presencia militar de 10 años, que implicó el despliegue de más de 100.000 tropas a un costo de 550.000 millones de dólares, Estados Unidos todavía no logró crear una alternativa creíble para los talibanes. Peor aún, su alianza política con Pakistán se deshilachó.

En rigor de verdad, las relaciones entre Estados Unidos y Pakistán regresaron al nivel que tenían antes del 11 de septiembre de 2001, un momento que se caracterizaba por una profunda desconfianza mutua. Los líderes paquistaníes obviamente tienen una alta dosis de responsabilidad de que las cosas estén como están. Pero si Estados Unidos no logró involucrar a Pakistán en la resolución del conflicto en Afganistán, esto no hace más que reflejar la negativa por parte de Estados Unidos a darles a los paquistaníes lo que querían: un giro en el equilibrio regional del poder a expensas de India.


Pakistán, en consecuencia, congeló la cooperación con Estados Unidos, porque sus líderes ya no veían demasiado rédito en el combate de los talibanes. El riesgo es que cuando empiece el retiro de tropas estadounidenses de Afganistán -un proceso que se acaba de adelantar del 2014 al año próximo-, Estados Unidos vuelva a intentar imponerle sanciones a Pakistán, un estado nuclear poco confiable que reaccionará fortaleciendo sus lazos con China y apelando al terrorismo islamista.

Obama también intentó utilizar la influencia de Estados Unidos para resolver el conflicto palestino-israelí como parte de su estrategia para Oriente Medio. En un principio, pensó que forzando a Netanyahu a frenar los asentamientos lograría revivir el proceso de paz. Pero rápida y hábilmente fue superado por su aliado, que sabe lo importante que es la cuestión israelí para la política interna norteamericana. Al enfrentar a Obama con el resto del establishment de Estados Unidos, Netanyahu lo obligó a retroceder.

En 2009, Obama imaginaba una resolución del conflicto a través del fuerte compromiso de la comunidad internacional. En 2011, afirmó que sólo la voluntad de ambas partes podría asegurar un desenlace exitoso. Claramente, Estados Unidos no puede hacer mucho para resolver el conflicto.

No existe una explicación generalizada para los sucesivos fracasos de Obama en Oriente Medio, pero sí existen algunos factores que merecen ser considerados: el aumento en la cantidad de conflictos asimétricos, en los que el uso tradicional de la fuerza es ampliamente inefectivo; líneas cada vez más desdibujadas entre los aliados difíciles y los adversarios intransigentes; y diferencias políticas importantes entre un presidente estadounidense de centro y un Congreso que está dominado más que nunca por las ideas extremas.

Sin embargo, el propio Obama es en gran parte responsable. Contrariamente a lo que uno podría pensar, no tiene una verdadera visión estratégica del mundo -una desventaja que se reflejó en su rápida capitulación frente a la oposición con la que se enfrentaron sus propuestas-. Obama normalmente tiene un plan A, pero nunca un plan B. Cuando se trata de llevar adelante una política exterior exitosa, el plan A nunca es suficiente.

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  1. CommentedPaul A. Myers

    Obama is not and has not failed. Bush failed. As a consequence, Obama is engaged in a major foreign policy reconfiguration in the Middle East and South Asia that will last well into the middle of the decade.

    First, to "contain" requires that active military forces be disengaged from the region. You "contain" from the periphery. When you get your conventional land forces out, then your sea and air power have greater leverage.

    As to a so-called Middle East peace process concerning Israel, that was, is, and will be for the foreseeable future simple political theater. Israel thinks that it can contribute to Obama's defeat in the presidential election and that its reward will be continued de facto control of the West Bank. This will probably set up some future crisis of unknowable proportions and consequences. But that decision is being made by the Israeli government, not Obama.

    The United States has a lot fewer "vital interests" in the region than its previous commitment of forces and money would indicate. Once its commitment is scaled to the level of its real interests, then the United States will be in a better position to protect those interests.

  2. CommentedZsolt Hermann

    I would take the last paragraph as an example:

    "...But Obama himself bears a large part of the blame. Contrary to what one might think, he does not have a real strategic vision of the world – a shortcoming reflected in his quick capitulation in the face of opposition to his proposals. Obama often has a plan A, but never a plan B. When it comes to conducting a successful foreign policy, plan A is never enough..."

    It is true not only about Obama, but about everybody. That Obama is less successful than his predecessors is not his fault, but it is due to how the world has changed.

    Every leader and in fact every human being only examines each situation from a subjective, self calculating point of view, we only allow in information about any situation that interests us, that we can profit from. Each personal, national and international conflict is assessed and solved this way, the only time people, or nations connect is when they have some mutual benefit from the connection.

    Previously this very short sighted, subjective vision could be partially successful as the world was still fragmented, polarized and those temporary alliances, double crossings could yield some benefit for the big players.

    But today the world has become completely round, interconnected and interdependent. If I touch one part of the network that brings immediate changes on the other side, and if my initial action is negative the negative action comes back to me multi fold.

    Today the only way we can achieve success in anything from diplomacy to economics is if before any planning or action we take into consideration the whole system with all of its elements, and their weaknesses and strength. Whether we like it or not we are mutually responsible for each other not because or morality or ethics, or because we are such angels, but in an integral system my success and prosperity depends on the well being of everybody else.

    When diplomacy starts to resemble such a scenario, when leaders will have such "strategic vision" than we will have a true chance for lasting peace all around the world.

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