LONDRES - A medida que los gobiernos de Europa Occidental comenzaron a rescatar bancos y a sus depositantes, los europeos del este observaban nerviosamente, sin saber muy bien cómo les afectaría la tormenta financiera global. Ahora que los ha golpeado, se están poniendo a prueba los frágiles vínculos de la solidaridad europea.
Dos países –Hungría y Ucrania- ya han pedido grandes paquetes de ayuda. Varios más podrían seguir su ejemplo el próximo mes si los mercados del crédito no salen de la parálisis. Si la situación sigue así hasta fin de año -lo que no se puede descartar- varios otros países podrían enfrentar serias crisis bancarias.
A lo largo de las últimas dos décadas, Europa del Este ha emprendido amplias reformas y abrazado la integración financiera global. Los bancos extranjeros, principalmente europeos, han entrado a estos mercados con una fuerza y velocidad sin precedentes, llegando a más empresas riesgosas de tamaño pequeño y mediano, y ayudando a que la gente compre nuevas casas y comience nuevos negocios. Sin embargo, el éxito del desarrollo financiero exitoso ahora también está mostrando la otra cara de la moneda.
Hasta ahora, los países de la Europa emergente resistieron las dificultades financieras globales notablemente bien, enfrentando la desaceleración en importantes mercados de exportación y el aumento del costo de los préstamos. Sin embargo, ninguna economía abierta puede resistir un cierre completo de los mercados prestatarios. Quizás se volvieron demasiado dependientes del crédito barato, pero no estaban solos en este respecto.
Algunos bancos extranjeros ahora están retirando fondos líquidos desde las filiales de los países emergentes de Europa. Según el Banco Nacional de Rusia, los bancos extranjeros retiraron más de 10 mil millones de dólares de ese país, sólo en septiembre. Otros bancos centrales afirman cosas similares. Para ser justos, Raiffeisen International ha anunciado que apoyaría a su filial ucraniana, Bank Aval, con 180 millones de euros adicionales. El que otros bancos matrices activos en la región hagan lo mismo con sus filiales depende de cuán grave se vuelva la crisis en Europa Occidental.
No obstante, los paquetes de rescate financiero de los países de Europa Occidental podrían empeorar la situación en los países europeos emergentes. Si bien es posible que la mayoría de los bancos matrices de la región se beneficien con estas medidas, esto no necesariamente se traduce en apoyo para sus filiales extranjeras. De hecho, existe el serio riesgo de que estos rescates se hagan a expensas de Europa del Este. Varios gobiernos han declarado que el dinero de los contribuyentes no puede destinarse a operaciones en el extranjero.
Por supuesto, los gobiernos de los países emergentes deben hacer lo suyo para estabilizar sus sistemas financieros, pero en este punto hay importantes límites a lo que pueden realmente llevar a cabo. La mayoría de ellos no tiene la influencia y el prestigio financieros necesarios para contrarrestar las extraordinarias presiones de los sistemas financieros. Una oferta del gobierno de Hungría de ampliar una garantía general de los depósitos o asegurar la liquidez en los mercados interbancarios tiene una credibilidad limitada.
Para sobrevivir a la crisis, los países emergentes de Europa necesitan apoyo del exterior. Antes que todo, los líderes europeos deben asegurarse de que la crisis se solucione en sus aspectos fundamentales, y muchos observadores dudan de que se haya hecho lo suficiente. En segundo lugar, deben evitar que las medidas que ya se han tomado discriminen contra las filiales ubicadas en Europa Central y del Este, independientemente de que estén dentro o fuera de la Unión Europea. En tercer lugar, deben combinar fuerzas, como en Hungría, con las instituciones financieras internacionales para apoyar estas economías.
Las experiencias de Georgia tras su reciente guerra con Rusia ofrecen un posible modelo. El Fondo Monetario Internacional proporcionó una línea de crédito de emergencia para apoyar la moneda, el Banco Mundial coordinó las iniciativas paliativas (gran parte ellas financiadas por los Estados Unidos y la UE), y el Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo usó sus conocimientos y recursos para encabezar los esfuerzos por salvar el sistema financiero. El paquete para Georgia no es un acuerdo al que se le haya puesto punto final y las circunstancias en otros lugares son diferentes, pero muestra que los instrumentos estándar pueden adaptarse bastante.
Sin embargo, habrá necesidad de más recursos e instrumentos. El caso de Hungría muestra que la UE puede afinar un instrumento ya existente –el apoyo a la balanza de pagos- y usarlo con creatividad. En el caso de los países que no pertenecen a la UE, como Turquía y Ucrania, también hay una urgente necesidad de ideas novedosas.
No debe haber dudas sobre lo que hay en juego. Pocos lo han notado, pero en los últimos años Europa del Este, incluida Rusia, superó a Estados Unidos y al Reino Unido como principal mercado de las exportaciones de la eurozona. Varios de los mercados que forman parte de él enfrentan ahora una desaceleración o un crecimiento negativo. Más aún, las compañías de Europa Occidental han invertido en una escala que antes era difícil de imaginar. Existe un serio riesgo de que, si la crisis empeora, los gobiernos de Europa del Este no tengan más alternativa que nacionalizar algunas instituciones, particularmente algunos de los bancos controlados por instituciones extranjeras.
Sin embargo, lo que es más importante es que se corre el riesgo que se desmoronen décadas de desarrollo financiero y amplias reformas económicas. Al igual que en Europa Occidental y los Estados Unidos, los gobiernos volverán a jugar un papel más importante en le economía, pero la acción del estado tiene connotaciones diferentes en estas ex economías socialistas, particularmente en momentos en que enfrentan una fuerte reacción de rechazo hacia el desarrollo financiero y los reformistas.
Como si esto no fuera suficiente, los gobiernos y empresas occidentales deberían ponderar qué tipo de ofertas pueden provenir de fuentes rusas, privadas o públicas, para los bancos y compañías en problemas. No hay duda de que no serán incondicionales.


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