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América Latina y la Nueva Arquitectura Financiera

La actual crisis de Argentina demuestra, si es que todavía hacen falta demostraciones, que las crisis de los mercados emergentes siguen presentes. Sin duda, tales crisis han sido tan frecuentes durante los años recientes que parecemos darlas por hecho. En los 120 meses de la década de 1990, 40 mercados emergentes (es decir, 33% de los países en desarrollo del mundo) experimentaron serios problemas financieros. Así que es tiempo de preguntar: ¿qué medidas viables se han tomado para crear una arquitectura financiera capaz de contener y reducir ese número?

Sí ha habido, creo yo, un progreso real, pero es insuficiente y asimétrico. Los avances positivos incluyen la expansión y adaptación de las nuevas posibilidades de préstamo del FMI para la prevención y el manejo de crisis, así como un incremento de los recursos totales del FMI. También se han introducido importantes innovaciones institucionales, incluyendo la creación del Foro de Estabilidad Financiera (FEF).

Basado en una Iniciativa Británica y desarrollado por Hans Tietmeier (expresidente del Bundesbank), el Foro intentará identificar fuentes de riesgo sistémico y desarrollar una reglamentación financiera consistente en diversos sectores financieros y diversos países. El FEF fue establecido por el G-7 a inicios de 1999. Inicialmente el Foro incluía sólo a los países del G-7, pero se añadieron cuatro nuevos miembros (Australia, Holanda, Hong Kong y Singapur) en el presente año.

Además de los representantes nacionales, entre los miembros del Foro se encuentran organizaciones internacionales enfocadas en la estabilidad financiera. En su primer año de operación, el Foro comisionó a cinco grupos de trabajo a que examinaran las cuestiones que afectan la estabilidad financiera internacional, incluyendo a instituciones altamente respaldadas, a los flujos de capital y a los centros financieros de ultramar. Sin embargo, a pesar de tales avances, el progreso general sigue siendo insuficiente. Lo que este tiempo demanda es un sistema financiero internacional que apoye, no que mine, el crecimiento y el desarrollo.

Las medidas que deben tomarse internacinoalmente para que tal sistema se afiance ya han sido delineadas por lo que ha logrado cada país individualmente durante las últimas décadas, cuando las instituciones, como los bancos centrales y las agencias reguladoras, fueron creadas para ayudar a manejar el rápido crecimiento de los bancos privados y de los mercados financieros. Marcando una línea paralela a partir de esa evolución nacional, es esencial desarrollar una arquitectura financiera que realice funciones similares en la arena internacional. La àapida y aparentemente incesante globalización del capital privado hace que esto sea más urgente día con día.

Una arquitectura tal requiere de:

Una apropiada transparencia y reglamentación internacional de los mercados de capital y de crédito. Esa reglamentación debería desalentar las oleadas de flujos de capital de corto plazo hacia los países en desarrollo porque, cuando se revierten, generalmente viene una crisis.

El suministro de suficiente liquidez oficial cuando los países enfrentan problemas. Una sugerencia valiosa es transformar la Línea Contingente de Crédito del FMI, que nunca ha sido usada desde su creación hace dos años. Ese Crédito Contingente podría ser adaptado para que cualquier país lo pueda usar en tiempos de crisis, siempre y cuando haya recibido un reporte positivo en su consulta anual con el FMI.

Un marco general para resolver los problemas de deuda de los países, que se activaría cuando ocurriese una crisis.

El avance en la reforma del sistema financiero internacional también está desfigurado por el hecho de que a los países en desarrollo, particularmente aquellos de América Latina, no se les ha permitido participar suficientemente en las discusiones y las instituciones clave en las que se toman las decisiones. Por ejemplo, los países latinoamericanos tienen poca voz y voto en los Comités de Basilea y en el FEF.

¡Pero un FEF sin las economías emergentes de Amércia Latina es un tanto parecido a un Hamlet sin el Príncipe! Una política más sensata sería hacer que algunos de los países con mercados emergentes participaran, de forma rotativa, en el Foro. Los temas que se discuten afectan profundamente sus economías. Además, ellos pueden ofrecer ideas valiosas acerca de la inestabilidad, pues han soportado lo más duro de las crisis recientes.

Los encargados de la definición de políticas de América Latina temen que si no se hacen cambios suficientes a la arquitectura financiera internacional, haya un serio riesgo de que continúen dándose costosas y frecuentes crisis. Esto no sólo tendría profundos efectos dañinos, económicos y políticos, para esos países, como Argentina hoy en día, sino que podría también amenazar el bien público que es la estabilidad financiera global.

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