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El estancamiento político de Alemania

Hace un año, Angela Merkel, la encantadora nueva canciller de Alemania, estaba en la fase final de su campaña electoral. El Canciller en funciones, Gerhard Schröder, estaba tan detrás de ella en las encuestas de opinión pública que la candidata pensó que lograría una victoria aplastante, perspectiva que la daría espacio para exponer abiertamente los aspectos más difíciles del programa liberal de austeridad delineado en su programa de campaña. Incluso anunció un aumento del impuesto al valor agregado, que de hecho el nuevo gobierno ha decidido implementar en 2007.

Sin embargo, los votantes alemanes no valoraron su honestidad. Cuando mencionó al profesor de derecho Paul Kirchhof, que se había manifestado partidario de un impuesto único, como su candidato al puesto de Ministro de Finanzas, la pasarela electoral de Angela Merkel se convirtió en una pesadilla. Perdió casi toda su ventaja y finalmente ganó sólo por un estrecho margen, demasiado pequeño como para implementar la coalición con los Liberales, que era su opción preferida. En lugar de ello, tuvo que formar coalición con el propio partido de Schröder, los Socialdemócratas, aunque sin Schröder mismo.

Pronto se cumplirá el primer año de gobierno de Merkel. Ha tenido éxito en términos de las relaciones internacionales. Se ganó el respeto de sus socios de la UE y se las arregló para curar los daños que existían en la relación con EE.UU. Su estilo poco pretencioso y su capacidad intelectual (tiene un doctorado en física) pronto le valieron el respeto de otros estadistas, incluso de Vladimir Putin, cuyo idioma habla con fluidez.

Sin embargo, ha decepcionado a quienes esperaban que continuara e incluso ampliara el programa de reformas económicas de Schröder para Alemania. Si bien el programa de su partido habla de abrir los contratos de los sindicatos, relajar la protección al empleo y, en particular, lograr un cambio en la estructura de incentivos del sistema de bienestar, su gobierno ha tendido a permanecer callado acerca de estos temas. Los cautelosos pasos hacia la aplicación de subsidios para el empleo que ha tomado su gobierno no son más que una cortina de humo y no se pueden tomar en serio.

Hasta ahora, Angela Merkel ha desanimado las esperanzas de que durante su gobierno de la así llamada "Gran Coalición" se lleven a cabo las importantes y difíciles reformas que anunciara durante su campaña. Es cierto que ha puesto sobre la mesa los temas de la reforma de la salud y una reforma a la tributación de las empresas, pero hasta ahora los planes que ha presentado no dan señal alguna de que se trate de un cambio radical.

Este estancamiento político ha sido fuertemente criticado por los medios de comunicación y el influyente Wirtschaftsrat, el Consejo Económico Alemán, que es una asociación de empresarios simpatizantes del partido de Merkel, la Democracia Cristiana. Incluso el Presidente de la Democracia Cristiana, Horst Köhler, tiene que recordar constantemente a su gobierno la necesidad de continuar aquellas reformas económicas que pueden allanar el camino a un crecimiento sustentable. ¿Por qué Angela Merkel no se atreve a más ni cumple los anuncios hechos durante su campaña?

La respuesta superficial es que los Socialdemócratas, sus socios de coalición, no desean avanzar. Sin embargo, si esta fuera la explicación, la siguiente pregunta es por qué los Socialdemócratas no quieren continuar el rumbo trazado por las reformas de Schröder.

La verdadera explicación del estancamiento político de Alemania es que simplemente no existe una mayoría para las reformas liberales porque, en un primer momento, perjudicarían a demasiada gente. Alemania tiene un amplio sistema de bienestar y dedica un 31% de su PIB a fines sociales, a través del sector gubernamental. No menos de un 41% de la población adulta en edad de votar vive principalmente de transferencias gubernamentales como las pensiones estatales, estipendios públicos a gran escala, beneficios de desempleo, beneficios por discapacidad y asistencia pública. (En Alemania del este la cifra llega a un notable 47%).

Entre los adultos que llegan a votar, los destinatarios de fondos públicos forman una clara mayoría. En línea con estas cifras, el 10% superior de estos destinatarios paga más de un cincuenta por ciento en impuestos a la renta, y el 20% superior cerca de un 80% en total, mientras que un 40% de quienes reciben fondos del gobierno no paga impuestos. No es de sorprender, entonces, que una vasta mayoría de la población, e incluso una ligera mayoría de los votantes democratacristianos prefiera un fortalecimiento de la orientación social del estado, en lugar de una mayor orientación hacia el mercado.

El Partido Socialdemócrata lo aprendió con dureza, cuando las reformas liberales de Schröder, con todo lo cautelosas que fueron, generaron una revuelta en su partido e hicieron que su predecesor como jefe del partido y Ministro de Finanzas por corto tiempo, Oskar Lafontaine, dejara el SDP y fundara un nuevo partido. Lafontaine apela a las preferencias de los destinatarios de fondos públicos y ocupa con solidez el margen izquierdo del arcoiris político, soñando el sueño de un estado de bienestar eterno que haga uso de recursos ilimitados.

Tras la fusión de su partido, "La Izquierda", con los ex comunistas de Alemania del este, se aseguró una firme base de votantes que cambio el equilibrio político alemán. Temerosos de la fuga de votos y correligionarios hacia el nuevo partido, los Socialdemócratas simplemente no pueden seguir con la agenda de reformas de Schröder.

Muchos democratacristianos pueden soñar con formar una nueva coalición con lo Liberales y los Verdes en las próximas elecciones, que haga posible la implementación de las reformas necesarias al estado de bienestar y al mercado laboral que hasta el partido Verde esté dispuesto a apoyar. Sin embargo, los líderes del partido Demócrata Cristiano están preparando una reorientación hacia actitudes más sociales, con el fin de acceder a una mayor cantidad de votantes, proceso que pospondrá las reformas necesarias. Y en estas maquinaciones políticas, puede que Alemania pierda gradualmente su futuro.

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