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La mutilación genital femenina nos mutila a todos

El 10 de diciembre mujeres de todo el mundo se reunirán en el Parlamento Europeo para luchar contra la multilación genital femenina. Según la Organización Mundial de la Salud, en los últimos años cerca de 130 millones de mujeres sufrieron alguna forma de mutilación genital. La verdad es que es probable que estas cifras sean aun peores, ya que las estimaciones de los actos ilegales siempre están por debajo de los números reales.

La mutilación genital femenina, según la OMS, consiste en la "remoción de la totalidad o parte de los órganos genitales femeninos externos". En un procedimiento doloroso, realizado mediante métodos poco seguros por mujeres de mayor edad que buscan iniciar a las niñas a la condición de mujer y, más concretamente, a una vida consistente en una cadena sin fin de dolor físico y marginación social. En efecto, la mutilación femenina hace que la mujer experimente el sexo, ese tabú de tabúes, como un procedimiento doloroso, humillante y castigador.

En los últimos 80 años las mujeres de las sociedades democráticas han luchado por ser reconocidas y tratadas como ciudadanas dotadas de los mismos derechos que los hombres. El derecho a poseer propiedad, a votar, a trabajar, a divorciarse, el derecho a escoger si tener o no hijos, sólo se han asegurado a través de la lucha política. Todas estas victorias civiles para las mujeres contribuyeron poderosamente al avance de la vida social y han servido como instrumentos para iniciar amplias reformas sociales que han transformado las sociedades occidentales.

En estas trascendentales batallas, el enemigo más fiero de la mujer ha sido la tradición y su constante aliada, la religión. Con la ayuda de la información, la educación y la participación de masas, los hombres y mujeres han derrotado a la ignorancia y la violencia que va a la par con ella. La lucha contra la mutilación genital femenina no es una repetición de la "guerra de los sexos" occidental de los años 60; más bien una lucha contra el temor a enemigos desconocidos; contra el miedo al cambio y a las oportunidades y contextos que surgen cuando el cambio se produce.

En todo el mundo, desde el África del sub-Sahara a la península arábiga, desde ciertas regiones del extremo oriente a las comunidades de inmigrantes en Europa, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, las mujeres están reaccionando contra su mutilación genital, social, civil y política. En otras palabras, reaccionan contra el ser consideradas y tratadas como una especie de "otro ignorado".

Las redes de profesionales médicos, organizaciones no gubernamentales y políticos están colaborando para enfrentar el problema de la mutilación genital femenina a nivel nacional y darlo a conocer. Hay permanentes esfuerzos en África y en el resto del mundo para internacionalizar una campaña que busca lograr una conciencia pública del triste hecho de que, en muchos países, las mujeres siguen siendo meros bienes a disposición de la tradición.

En la actualidad, la mayoría de los países africanos, árabes y asiáticos afectados por la costumbre de la mutilación genital femenina son, sin embargo, firmantes de las convenciones internacionales que condenan esta práctica, particularmente la Convención internacional sobre la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer y la Convención internacional sobre los Derechos del Niño. La mayor parte de estos países también apoyan una serie de resoluciones de la ONU que llaman a eliminar la mutilación genital femenina. Pero todos estos encomiables esfuerzos no han podido combatir el fenómeno. De modo que el problema no se enfrenta con hermosas palabras y promesas públicas, sino asegurando la voluntad política necesaria para lograr una solución real.

La mutilación genital femenina es un crimen con víctimas reales, pero ¿quiénes son los criminales? ¿Deberíamos encarcelar a todas las mujeres que practican estas mutilaciones sobre sus congéneres? ¿Deberíamos poner en la cárcel a las madres porque sacrifican voluntariamente la integridad física de sus hijas en el altar de la tradición? ¿Deberíamos imponer sanciones a los países que no ilegalizan esta práctica? ¿Deberíamos patrullar los remotos poblados africanos con grupos de activistas de los derechos humanos?

La tradición sólo se puede contrarrestar con creatividad. Necesitamos encontrar maneras de enfrentar la falta de una verdadera libertad de expresión para las mujeres en tantas sociedades y, al mismo tiempo, resarcir el daño hecho a quienes han sido víctimas de la mutilación genital femenina. Al hacerlo, debemos estar conscientes de que la solución a la mutilación genital de las mujeres no se puede limitar sólo a este problema. De hecho, debe ser parte de un esfuerzo más amplio dirigido a fortalecer y dar derechos civiles a las mujeres, que constituyen el 50% de la población de las sociedades en donde se desarrolla esta práctica.

Una acción concertada de este tipo debe ir más allá del esfuerzo sacrosanto de proporcionar otro trabajo a las mujeres de edad que practican la mutilación femenina o encontrar sustitutos simbólicos o rituales al acto de cortar el clítoris de una mujer. Necesitamos entrar al ámbito de la política, ya que no habrá libertad para las mujeres africanas, árabes o asiáticas sin la llegada de la democracia política a sus países.

Este es el desafío al que se enfrentan quienes viven en países en donde la mutilación genital femenina no se practica rutinariamente, pero que se preocupan acerca del destino de las mujeres de todo el mundo. No reconocer el aspecto político del problema hará que la derrota sea segura y causará la continuación de una práctica violenta que abusa de millones de mujeres cada año.

En los últimos años he tenido la oportunidad de conocer a cientos de personas y grupos en lugares donde existe esta práctica. Estas personas han hecho de la lucha contra la mutilación genital femenina una prioridad en sus vidas. Su valentía, experiencia, dedicación y resolución son estimulantes, pero no debemos dejarles solos en su lucha.

El 11 de diciembre en Bruselas, eminentes personalidades de África y todo el mundo lanzarán una convocatoria de firmas para internacionalizar su lucha. Quienes deseen unirse a la campaña de Erradicación de la Mutilación Genital Femenina, impulsada por AIDOS (Asociación Italiana de Mujeres para el Desarrollo), TAMWA (Asociación de Mujeres de los Medios de Comunicación de Tanzania) y No hay Paz sin Justicia pueden firmar la petición visitando el sitio www.stopfgm.org . Al permitir que tantas vidas sean azotadas por la mutilación genital femenina, nos degradamos a nosotros mismos y a nuestro mundo.

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