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El duopolio en duelo de Asia

TOKIO – En Asia, hoy en día, existen dos potencias económicas de estatura global, Japón y China. Pero el equilibrio de poder económico entre ambas está cambiando, y rápido. En algún momento de este año, el PBI de China superará al de Japón (si ya no lo ha hecho). Es más, la impronta económica de China se está propagando rápidamente en toda Asia y el resto del mundo.

La mayoría de los países asiáticos se están recuperando fuertemente de la recesión global que se desató tras el colapso de Lehman Brothers en 2008. La tasa de crecimiento de China el año pasado fue del 8,7%, y más del 10% en los dos últimos trimestres. Los países vecinos, como Corea del Sur y Singapur, también están registrando tasas muy altas de crecimiento. La única excepción es Japón, donde una falta de liderazgo político y un conocimiento limitado de economía básica entre los ministros de gobierno socavan las perspectivas de crecimiento a mediano plazo.

Si bien la capacidad de China de mantener un crecimiento elevado durante la “crisis Lehman” fue una notable hazaña en materia de gestión económica, tres cambios importantes en China tienen implicancias geopolíticas para la región y el mundo.

El primer cambio tiene que ver con el patrón de crecimiento económico de China, que hasta el momento se ha logrado principalmente a través de factores de producción de rápido crecimiento –mano de obra, capital y energía-. De acuerdo con investigación reciente, sin embargo, aproximadamente un tercio del crecimiento en China hoy surge del progreso tecnológico, o un incremento en la productividad de factores. En otras palabras, el patrón de crecimiento de China se está asemejando al de las economías industrializadas.

Segundo, se espera que el renminbi se aprecie sustancialmente en los próximos años, no sólo como consecuencia de la presión por el enorme superávit comercial de China, sino también por la concepción del gobierno chino de que un renminbi más fuerte, a pesar de su impacto negativo en las exportaciones, es necesario para combatir la inflación.

El interrogante es con qué rapidez las autoridades chinas permitirán que se aprecie el renminbi. En 1989, antes del incidente de la Plaza Tiananmen, el tipo de cambio del renminbi era 45% más alto que ahora –un nivel al que se podría llegar nuevamente en un tiempo relativamente corto -. Entre 2003 y 2005, el renminbi se apreció 20%. En vista del rápido crecimiento económico y la continua apreciación del renminbi, el PBI chino podría superar el de Estados Unidos antes de 2015.

Sin embargo, para el 2015 aproximadamente, China enfrentará un tercer cambio dramático –un cambio demográfico que refleja los efectos de su política de un solo hijo implementada hace un largo tiempo-. Se estima que la tasa de fertilidad total de China es de aproximadamente 1,5, lo que implica que la población en edad de trabajar comenzará a decaer para mediados de esta década. En consecuencia, el crecimiento económico se retardará, y los problemas domésticos de China –como la desigualdad en materia de ingresos- se agravarán, mientras las instituciones políticas que pueden encauzar los reclamos populares aún no están desarrolladas.

En estas circunstancias, el papel que juegue el liderazgo político se tornará cada vez más importante. El presidente Hu Jintao terminará su mandato en 2013, pero conservará su puesto en la crucial Comisión Militar Central hasta que se lleve a cabo una sucesión completa, también alrededor de 2015. De manera que, teniendo en cuenta todos los factores, la inminente transición de liderazgo de China se perfila como un período de muchos desafíos para China y el mundo.

Mientras que la economía de China está creciendo muy rápidamente, Japón sigue luchando. De hecho, el país necesita desesperadamente un fuerte liderazgo político para evitar un escenario griego –un liderazgo político que le costará encontrar-. Por el contrario, la reciente renuncia de la jefatura de gobierno de Yukio Hatoyama creó más incertidumbre que su propio gobierno.

El gabinete de Hatoyama, liderado por su Partido Democrático de Japón (PDJ), ignoró la gestión macroeconómica después de asumir funciones en septiembre de 2009. Por el contrario, tal como le había prometido el PDJ a sus votantes, el gobierno se concentró en aumentar el gasto, lo que incluyó enormes créditos nuevos a hogares y agricultores. En consecuencia, la porción del ingreso tributario en el gasto total es inferior al 50% por primera vez en la historia de posguerra de Japón. Y la relación deuda gubernamental-PBI ronda el 190%, comparado con 120% en el caso de Grecia.

Sin embargo, el mercado para los Bonos del Gobierno Japonés (JGB, por su sigla en inglés) hasta ahora se ha mantenido estable. Dado que quienes compran los JGB son esencialmente las organizaciones y los hogares del país, existe poco riesgo de una fuga de capital, a pesar de la gravedad de la situación presupuestaria. En otras palabras, el ahorro negativo del gobierno está siendo financiado por el ahorro positivo del sector privado y de los hogares.

Esta situación, sin embargo, está cambiando. En primer lugar, el volumen de JGB se ha disparado en relación a los activos de los hogares japoneses. Los hogares japoneses tienen aproximadamente 1.100 billones de yenes en activos monetarios netos, una cantidad que será superada en aproximadamente 3-5 años por el valor de los JBG. En ese momento, la deuda gubernamental ya no estará respaldada por los activos de los contribuyentes. Y, como resultado del envejecimiento de la sociedad japonesa, la tasa de ahorro de los hogares declinará drásticamente, lo que le dificultará al sector privado la financiación de los déficits presupuestarios anuales.

Al mismo tiempo, las tendencias demográficas de Japón impulsarán la demanda de gasto fiscal, a medida que aumenten los costos de las jubilaciones y de la atención médica. De modo que, tarde o temprano, será necesaria una suba de los impuestos.

Sin una reforma integral bajo un fuerte liderazgo político, un incremento impositivo por sí solo no puede solucionar los problemas de Japón. Y el impacto en Asia y la economía global de una crisis fiscal en Japón haría que los problemas de Grecia parecieran triviales. La porción del PBI de Japón es aproximadamente un tercio de Asia y 8% del mundo.

De manera que el futuro en Asia hoy parece pertenecerle a China, cuyo crecimiento económico sustenta el de los países vecinos –y cuyo mercantilismo prevalece en la región-. Para competir con los planes públicos y privados de estímulo de las exportaciones de China, otros países asiáticos hoy persiguen políticas similares.

En algunos casos, esto afectará el libre comercio, y los gobiernos deberían tener cuidado de evitar medidas que distorsionen la asignación de recursos. Esto es válido para cada país, porque Asia hoy es un centro importante de crecimiento económico global. Las expectativas del mundo de una gestión económica responsable por parte de los gobiernos tanto de China como de Japón –y, por ende, la necesidad de que esta gestión exista- aumentan día a día.

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