NAIROBI – Cuando conocí a Eunice Wangari en un café de Nairobi, me sorprendió escucharla hablando por su móvil y preguntando con insistencia a su madre sobre cómo marchaba un cultivo de maíz en su pueblo natal, ubicado a horas de la gran ciudad. Wangari es enfermera y depende de sus ingresos para ahorrar dinero que le permite comprar más tierras, para cultivar más todavía.
A pesar de que Wangari vive en la capital de Kenia, puede lograr cientos de dólares al año en ganancias gracias a cultivos de pago rápido al cuidado de familiares. Hace tiempo que recuperó la inversión inicial, que pudo hacer gracias a su salario de cerca de 350 dólares al mes.
Wangari es una de los miles de trabajadores urbanos de Kenia -y una de miles, incluso millones, en toda África- que están elevando sus ingresos a través de la agricultura en ausencia. Puesto que los precios de los alimentos básicos han alcanzado los niveles más altos en décadas, muchos citadinos sienten que la agricultura es una opción conveniente.
La agricultura en ausencia también refuerza el orgullo nacional –y la valoración de las dietas tradicionales-, al especializarse en cultivos específicos de la región. "Por demasiado tiempo nuestro país ha estado inundado de alimentos importados y comida occidentalizada", dice Wangari. "Esta es nuestra oportunidad de responder, y de cultivar nuestros propios productos."
En toda África los líderes políticos, que por largo tiempo han dado poco peso a los problemas rurales, caen en cuenta de la importancia de la agricultura y el papel que la gente con educación, incluso quienes viven en ciudades importantes, pueden desempeñar en ella. En Nigeria, el ex Presidente Olusegun Obasanjo posee una enorme y bien diversificada hacienda y ha hecho presión para que se implementen políticas que ayuden a prosperar a los agricultores en ausencia. En Uganda, el vicepresidente Gilbert Bukenya suele viajar por las áreas rurales promoviendo actividades agropecuarias con valor añadido, como la producción de leche y sus derivados.
Quizás el apoyo político más visible para la agricultura en ausencia esté en Liberia, pequeño país de África occidental donde la guerra civil destruyó la agricultura, haciendo que la población se volviera dependiente de la importación de alimentos hasta el día de hoy. La presidenta Johnson-Sirleaf, reconociendo que la gente con educación podría contribuir mucho al resurgimiento de la agricultura, lanzó en junio de 2008 su campaña “Volver a la tierra”, en gran medida para fomentar los cultivos por parte de los habitantes urbanos.
No hay duda de que la agricultura en ausencia practicada por elites y trabajadores urbanos educados no puede solucionar todas las urgentes necesidades alimentarias de África. Más aún, los agricultores en ausencia enfrentan problemas inesperados. Puesto que no visitan sus campos a menudo, dependen mucho de parientes y amigos. Cuando decidí cultivar trigo por primera vez esta primavera en tierras prestadas alrededor de mi pueblo natal, mi madre aceptó supervisar las tareas de arado, sembrado y cosecha. Sin su ayuda, no habría podido hacerlo.
Incluso con la ayuda de mi madre, hay cosas que me preocupan. Aunque crecí rodeada de campos de trigo, mis conocimientos agrícolas son escasos. Los fertilizantes y la fumigación son más costosos de lo que pensaba. Aunque mis plantas de trigo están creciendo según lo esperado, ahora temo que cuando sea época de cosecha -en noviembre- los precios caigan y no pueda recuperar mis costes.
Una herramienta fundamental es el teléfono móvil. Mis esperanzas de tener éxito se mantienen a flote por mi capacidad de llamar a mi madre por poco dinero y hablar sobre la marcha del cultivo. Incluso decidimos por teléfono qué tipo de pesticida utilizar y qué compañía de tractores contratar.
Puesto que conocen tanto los gustos de sus conciudadanos como las condiciones rurales, muchos agricultores urbanos están teniendo éxito. De hecho algunos de ellos ni siquiera se preocupan de comprar tierras u obtener ayuda distante. Es posible cultivar ciertos alimentos en el hogar. James Memusi, contador, cultiva hongos en una habitación que no ocupa, vendiéndolos a hoteles y supermercados cercanos.
En todo caso, la mayoría de la gente que vive en ciudades de África tiene acceso a tierras en el campo: el gobierno de Liberia resalta con razón este potencial de expansión agrícola. En una nueva campaña publicitaria lanzada este verano, las autoridades declaran: "El campo es un banco, invierte en él.”
En Liberia, la intención principal es reducir las importaciones de alimentos básicos, como el arroz y los tomates. En países más prósperos, las élites africanas se sienten motivadas por una compleja interrelación de orgullo nacional, preocupaciones sobre los hábitos de alimentación, y la búsqueda de ganancias. Por ejemplo, en Zambia, hace dos décadas Sylvia Banda creó una locura por las comidas tradicionales auténticas con una cadena de populares restaurantes. Hoy día, los habitantes comunes y corrientes de Lusaka quieren cocinar comidas similares en sus propios hogares, impulsando la demanda de agricultores que produzcan especialidades tales como calabaza seca, hojas de calabacín “black jack” y okra fresca.
De manera similar, Miringo Kinyanjui, otra empresaria, está suministrando en Nairobi maíz y harina de trigo sin refinar y más nutritivos. Otro paso para distinguir sus ingredientes frente a las versiones occidentales ha sido vender a través de tiendas de alimentos harina condimentada con amaranta, verdura que crece alrededor de Kenia.
El resurgimiento de los alimentos tradicionales ha atraído la atención de grandes corporaciones multinacionales. El año pasado, la rama keniata de Unilever lanzó una campaña llamada “prueba el sabor de nuestra cultura” en apoyo a su línea de hierbas y especias tradicionales de África del este.
Estas campañas van de la mano con la expansión de la agricultura, porque quienes venden estos alimentos prefieren a los agricultores que se encuentran más cerca, incluso si cada vez más de ellos viven en la ciudad.


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