Tuesday, October 21, 2014
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Para entender por qué no puede China hacer su ajuste

CLAREMONT (CALIFORNIA) – La actual desaceleración económica de China no carece de causas: la agitación financiera de Europa, una recuperación espasmódica en los Estados Unidos y la debilidad del crecimiento de la inversión interna, por citar los factores a los que se suele hacer mayor referencia. Como las exportaciones y la inversión representan el 30 por ciento y el 40 por ciento, respectivamente, del crecimiento del PIB de China, su economía es particularmente vulnerable a una demanda exterior debilitada y a la acumulación de créditos morosos causados por un gasto excesivo y despilfarrador en activos fijos.

Pero la vulnerabilidad de China ante esos factores, por graves que sean es sintomática de problemas institucionales más profundos. Mientras no se aborden esas limitaciones subyacentes, hablar de un nuevo modelo de crecimiento para China basado en el consumo y reflejado en el recién aprobado 12º Plan Quinquenal del Gobierno, sólo puede ser pura palabrería.

Al fin y al cabo, hace mucho que los más importantes socios comerciales de China, instituciones financieras internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional y los propios funcionarios chinos reconocieron las vulnerabilidades estructurales causadas por una inversión excesiva y un consumo escaso de los hogares. Y, durante casi un decenio, se ha instado a China a emprender reformas para corregir esas tendencias económicas, que han socavado el bienestar de los chinos de a pie y han creado problemas el sistema comercial mundial.

El rasgo mejor conocido de los desequilibrios macroeconómicos de China es su profunda dependencia de las exportaciones para el crecimiento, que se suele atribuir a una demanda interna débil: como país de renta media que es, China carece de la capacidad adquisitiva para consumir los bienes que produce. Con un acceso casi ilimitado a los mercados de los países avanzados, China puede aprovechar la demanda exterior mundial y aumentar las posibilidades de crecimiento de su PIB, como ha hecho durante los dos últimos decenios.

Si esa tesis es acertada, la solución es sencilla: China puede corregir sus desequilibrios aumentando los ingresos de sus ciudadanos (reduciendo los impuestos, aumentando los sueldos o el gasto social), para que puedan consumir más, con lo que se reduciría la dependencia en que se encuentra la economía de las exportaciones. De hecho, casi todos los economistas de las principales escuelas prescriben ese método para China.

Pero existe otra explicación para la excesiva dependencia de China de las exportaciones y que tiene más que ver con las deficientes instituciones políticas y económicas del país. Concretamente, la dependencia de la exportación refleja en parte la enorme dificultad para hacer negocios en China. La corrupción oficial, la inseguridad en materia de derechos de propiedad, las sofocantes limitaciones reguladoras, la poca disciplina en los pagos, una logística y una distribución deficientes, una falsificación generalizada y la vulnerabilidad ante otras formas de robo de la propiedad intelectual son –todos ellos– obstáculos que aumentan los costos de transacción y dificultan a los empresarios la posibilidad de prosperar en los mercados internos.

En cambio, si las empresas privadas de China venden a multinacionales occidentales, como, por ejemplo, Wal-Mart, Target o Home Depot, no tienen que preocuparse de si cobrarán o no. Pueden librarse de todos los quebraderos de cabeza que habrían tenido en su país, porque unas instituciones económicas y unos métodos comerciales bien asentados en sus mercados de exportación protegen sus intereses y reducen en gran medida los costos de transacción.

La debilidad institucional de la economía china se refleja en los datos de los estudios internacionales. El Banco Mundial publica un examen anual de “la facilidad para hacer negocios” en 183 países y unidades subnacionales. En su estudio de junio de 2011, China ocupaba el puesto 91º, por detrás de Mongolia, Albania y Belarús. En China resulta particularmente difícil iniciar una empresa (151º), pagar los impuestos (122º), obtener permisos de construcción (179º) y conseguir electricidad (115º).

Ante semejante ambiente hostil, las empresas privadas chinas se han visto obligadas a participar en el “arbitraje institucional”, aprovechando las eficientes instituciones económicas occidentales para ampliar sus negocios (la mayoría de las empresas orientadas a la exportación son propiedad de empresarios privados y empresas extranjeras).

Lamentablemente, como China ya ha conseguido una gran proporción de las exportaciones de mercancías del mundo (10,4 por ciento en 2010) y el estancamiento económico de Occidente está limitando la demanda exterior, esa estrategia no puede seguir funcionando, pero la reorientación de sus empresas hacia el mercado interno chino requiere mucho más que políticas del Gobierno que dejen más dinero en los bolsillos de los consumidores.

Para disfrutar de los mismos bajos costos de transacción que tienen en la exportación, los empresarios de China necesitan un ambiente de negocios mucho mejor: un sistema jurídico eficaz, un marco reglamentador sólido, un gobierno que proteja sus marcas luchando contra el robo de la propiedad intelectual, una logística y unas redes de distribución fiables y una burocracia resistente a los sobornos.

China no puede crear semejante ambiente rápidamente. Esencialmente, el Gobierno de China debe transformar un Estado depredador en otro que dé facilidades y tratar a los empresarios privados como creadores de riqueza y no como blancos de su avidez. En casi todos los demás países, semejante transformación se hizo mediante el establecimiento del Estado de derecho o pasando de la autocracia a la democracia o mediante las dos formas.

La imposibilidad de sostener el crecimiento sin el Estado de derecho y la rendición política de cuentas plantea al Partido Comunista chino un dilema existencial. Desde que aplastó el movimiento pro democracia en la plaza de Tiananmen en 1989, el Partido ha jurado no renunciar a su monopolio político. El auge de la inversión y el dividendo de la mundialización de los dos últimos decenios permitieron al Partido compatibilizar lo incompatible: mantener su gobierno gracias a la prosperidad económica, sin establecer las instituciones decisivas para sostenerla. Actualmente, eso ya no es posible.

De modo, que en cierto sentido la burbuja china –una burbuja tanto intelectual y política como económica– ha estallado. A medida que la desaceleración económica de China expone sus vulnerabilidades estructurales y sus políticas erradas, la muy publicitada idea del “excepcionalismo chino” –la de que China puede seguir creciendo sin el Estado de derecho y las demás instituciones esenciales que presupone una moderna economía de mercado– está demostrando ser una simple y falsa ilusión.

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  1. CommentedLeo Arouet

    La debilidad de la economía china es evidente: altos costos ambientales, excesiva producción, aumento de la desigualdad y el incremento de la brecha entre pobres y ricos. El sueño chino está lejos de hacerse realidad.

  2. CommentedDaniel Gomes

    China's economic model is its last strides due to many different reasons:

    1. Energy costs: For a low cost export based economy all production and transportation costs are critical.
    Take energy costs for example, besides the amounts required to keep factories running, the amount required dor transportation of goods all the way to europe and U.S is far from negligible.

    And as we've seen in 2008, the oil prices will sky rocket as soon as the western economies start growing again. This will give a major advantage to local production and too countries (e.g. EU members) which have learner not to rely on cheap energy.

    2. Inflation and income gap: China's currency policy and lack of any kind of social protection in particular for the armies of migrant workers which keep factories running, generates a continuously widening gap between purchasing power of the masses and the general cost of living since early 2000s.
    The government has started to tackle this but its too little too late, over the past 10 years basic salaries in south china factories stagnated in around $300 US dollars where as a small flat costs around $200.000 US.
    Migrant workers are making barely enough to sustain their families in the countryside.
    Only a small minority of the native city dwellers is seeing some of the benefits from the China's growth, but even these are being eroded by inflation.

    3. On the other hand the government is simply not able to allow the hordes of migrant workers to further increase to sustain manufacturing expansion and therefore abandoning the country side and food production, without seriously endangering food safety, and again, as we all seen in 2008 with rice and pork prices going haywire and china producers preferring to sell to other countries to maximize their profit instead of selling at government fixed prices to their own citizens, we can all see how easy it would be for basic laws of supply and demand to cause a serious uprise.

    4. With an internal market with no relevant aggregate demand other than essential products plus cars and status products there is little incentive for the continuous large scale investments in china, in fact most of the manufacturing industry which could have been transferred to China has already happened and other countries like Vietnam are presenting themselves as more economical alternatives.

    6. China is a demographic time bomb, in Asia due to the lack of social security (or the low coverage incipient ones like in china) the older generations depend on direct cash handouts from the younger generations and the current generation in their 30s will have to sustain 2 or even 6 elders with their own income.

  3. CommentedDennis Argall

    While keenly awaiting the comments of others, let me offer this link:

    http://www.smh.com.au/national/defence-boss-uses-rare-tools-to-build-foreign-friendships-20120706-21mfw.html

    as illustration of how human perspectives contribute to the general need of which I wrote thus:

    "...Construction of collaborative connections with China by the US, Japan and others including Australia, is of the utmost importance for global security. We will all do better if we shift from zero sum gaming, make room."

    Hostility and pessimism, in my view, breed hostile and pessimistic outcomes.

  4. CommentedDennis Argall

    Elsewhere
    http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304746604577380073854822072.html
    Prof Pei has spoken of China's government as a statistical outlier in its longevity among autocracies. China is also an outlier for its population size and consequent governance issues, its poverty and the historically unique rate of revolutionary change and its climb from poverty since 1978.

    There are problems with generalisations for the whole country. I was saying to people in the 1980s that the Chinese coastal strip contained at least four equivalents of post-war Japan, not like the 'little tigers' of Taiwan, South Korea, Hong Kong and Singapore, but on the scale of Japan itself; same picture more dramatic now. While other parts of China are less developed.

    The discussion in Prof Pei's later paragraphs about problems of accountability might be put in context of the way things have gone in western economies in recent times. There has not been much on offer for China as exemplary (or successful) political or commercial conduct in the US or EU or Russia, or India in the reform era from 1978.

    I have argued elsewhere
    http://dennisargall.blogspot.com.au/2012/05/china-and-future-of-everything.html
    that Chinese leaders work with more freedom, plan with more freedom than currently evident in many western democratic systems or academic institutions.

    I am not aware of any thread of political desire in this generation (or the next, the graduates mentioned) to break up this unprecedentedly large country, apart from some elements in minority populations.

    If we say there are problems for the rich and productive in China in getting more deeply into the markets of less developed parts of China, compare the EU dilemma, Germany needing to sustain and build its poorer and 'less well governed' fellow EU members if it is not to lose its own wealth.

    Mind you, I worry about my country's 20% GDP dependence on exports
    http://www.tradingeconomics.com/australia/exports-of-goods-and-services-percent-of-gdp-wb-data.html
    ... while having more confidence in China's government to address big new issues than I have in the capacities of my own country's political system, let alone those of the US. We need to think about ourselves when doing this too-common rough-up of China.

    Yes, there are dinosaurs in the Chinese system, I recognise them because they are familiar locally. But there needs to be something more than this kind of statistical chartism, some more refined political examination, to really claim that China is on the verge of collapse.

    I am concerned not least because arguing in the United States about China in this way has for decades fed adversarial ways of thinking about China, which do nothing to lead towards positive outcomes. Feeding the kind of thinking that still imagines Reagan brought down the Soviet Union. Construction of collaborative connections with China by the US, Japan and others including Australia, is of the utmost importance for global security. We will all do better if we shift from zero sum gaming, make room.

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