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¿Por qué tales diferencias en los patrones de ahorro?

PEKÍN.- Desde el inicio de la integración de los mercados emergentes a la economía global, a principios de la década de 1990, surgieron tres llamativas tendencias: una divergencia en las tasas de ahorro privado entre el centro industrializado y la periferia emergente (una fuerte alza en las primeras y una disminución continua en las segundas); grandes desequilibrios mundiales entre ambas regiones; y una caída de las tasas de interés en todo el mundo. Pero, si bien los desequilibrios globales han preocupados a muchos observadores, pocos han buscado explicar las diferencias en los comportamientos de ahorro entre países.

En 1988, la tasa de ahorro de los hogares en China y Estados Unidos era aproximadamente igual: cerca del 5%. Sin embargo, para 2007 el ahorro de los hogares en China había aumentado hasta un asombroso 30%, mientras que en EE. UU. era de solo el 2,5%. El patrón es fue inusitado en otros países industrializados respecto de los mercados emergentes durante las últimas dos décadas (Gráfico 1).

El comportamiento del ahorro invariablemente reacciona a cambios en las tasas de interés, que han caído sostenidamente durante las últimas dos décadas hasta alcanzar los mínimos récord actuales. Pero, ¿cómo pueden los patrones de ahorro diferir tanto –e incluso a menudo ser opuestos– en economías globalizadas bien integradas a los mercados de capitales mundiales?

La respuesta puede ser que los mercados de crédito están más desarrollados en las economías avanzadas que en los países emergentes, especialmente en términos del acceso al crédito para los hogares. Por supuesto, uno puede argumentar que el ahorro asiático y el despilfarro estadounidense meramente reflejan demandas asimétricas de crédito: los asiáticos son intrínsecamente más renuentes a endeudarse. En ese caso, sin embargo, las vastas diferencias en el endeudamiento de los hogares (Gráfico 2) –que van del 25% del PBI en los mercados emergentes de Asia (sureste asiático, China, India, Hong Kong y Corea del Sur) a más del 90% en EE. UU. y otras economías anglosajonas (incluidas Australia, Canadá, Irlanda, Nueva Zelanda y el Reino Unido)– solo reflejarían preferencias diferentes.

Una explicación más plausible es que las diferencias institucionales en el acceso al crédito dictan en alguna medida la disparidad de las tasas de ahorro en los diversos países. El argumento es sencillo: En todas las economías hay tanto prestatarios como ahorristas, y los cambios en el costo del crédito (o el rendimiento de los ahorros) los afectan en forma diferente. Cuando las tasas de interés disminuyen, los prestatarios pueden tomar más crédito. Los ahorristas, por otro lado, pueden verse impulsados a ahorrar más si sus ingresos en concepto de intereses se reducen.

En el nivel macro, una economía con menores restricciones en el crédito (con una gran masa de prestatarios efectivos) podría experimentar una reducción en la tasa de ahorro cuando aumenta la toma de créditos. Sin embargo, en un país con una gran masa de ahorristas efectivos, la tasa de ahorro puede aumentar en vez de disminuir. Esta asimetría en los patrones de ahorro puede entonces reflejar en sencillo hecho de que las economías con restricciones al crédito son menos sensibles a reducciones en el costo del endeudamiento que aquellas con menores restricciones.

En una investigación conjunta con Nicolas Coeurdacier y Stéphane Guibaud, mostramos que los datos económicos apoyan esta hipótesis. Los prestatarios y los ahorristas se agrupan naturalmente por edad. Los salarios de los jóvenes habitualmente implican ingresos corrientes bajos, pero esos ingresos crecen más rápidamente en el futuro. Idealmente, ese grupo toma prestado contra los ingresos futuros para aumentar su consumo actual e invertir en educación. Las personas maduras, que se preparan para la jubilación, suelen ser los ahorristas en la economía. Si las restricciones asimétricas al crédito son en verdad importantes, los prestatarios jóvenes y ahorristas de mediana edad mostrarán patrones distintivos en las economías con restricciones que en otras sin restricciones.

De hecho, el contraste fue notable en el comportamiento de los ahorros en distintos grupos etarios en China y EE. UU. entre 1992 y 2009. Para los jóvenes estadounidenses (con menos de 25 años), la tasa pasiva aumentó diez puntos porcentuales más que para los jóvenes chinos, mientras que la tasa de ahorro de la población china en edad laboral (entre 35 y 54 años) aumentó aproximadamente 17 puntos porcentuales más que la de sus contrapartes estadounidenses.

Otra implicación de esta visión es que el fuerte aumento del ahorro en China se debe en gran medida a un aumento en la tasa de ahorro de los chinos de mediana edad (no en una disminución del endeudamiento de los jóvenes). Por el contrario, la caída en el ahorro en EE. UU. es en gran parte consecuencia de un mayor endeudamiento de los jóvenes (más que de una reducción en la tasa de ahorro de los estadounidenses de mediana edad).

De hecho, del aumento de 20,2 puntos porcentuales en el ahorro agregado de los hogares en China (como porcentaje del PBI) entre 1992 y 2009, la cohorte de mediana edad representó más del 60% (el resto puede atribuirse en gran medida atribuible a los ancianos). En EE. UU., que experimentó una disminución de 1,8 puntos porcentuales en la participación del ahorro agregado en el PBI, la relación entre ahorro y PBI para los jóvenes disminuyó 1,25 puntos porcentuales, mientras que la cifra para los ahorristas de mediana edad en realidad aumentó aproximadamente 1,5 puntos porcentuales.

Además de explicar la divergencia global en las tasas de ahorro, las duras restricciones crediticias en China pueden explicar la elevada, y creciente, tasa de ahorro en ese país –en especial porque el gran aumento en el ahorro nacional puede atribuirse en su mayor parte a los hogares. Esto implicaría que el tan publicitado esfuerzo chino para impulsar el consumo doméstico podría en realidad requerir reformas adecuadas en el mercado del crédito.

Para explicar la caída en las tasas de interés en el mundo, a menudo se cita la noción propuesta por Ben Bernanke, presidente de la Junta de la Reserva Federal de EE. UU., de una «superabundancia mundial de ahorro». Es posible que las restricciones al crédito en las economías en desarrollo de rápido crecimiento constituyan el motivo de esa superabundancia.

Traducción al español por Leopoldo Gurman.