Thursday, October 23, 2014
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Nuestra deuda con Egipto

CAMBRIDGE – La reflexión sobre el desarrollo económico todavía gira, en buena medida, en torno de esta pregunta: ¿qué podemos hacer nosotros para impulsar el crecimiento económico y reducir la pobreza en todo el mundo? El “nosotros” a veces es el Banco Mundial, a veces los Estados Unidos y otros países ricos, y a veces un grupo de profesores y estudiantes de desarrollo económico apiñados en un aula de seminario. Todo el sistema de ayudas al desarrollo se basa en esa pregunta.

Pero la transformación experimentada en los últimos dos años por Túnez, Egipto y Libia no se originó en esfuerzos procedentes del exterior para mejorar estas sociedades o sus economías, sino en movimientos sociales de base decididos a cambiar los sistemas políticos de esos países. Todo comenzó en Túnez, donde la revolución derrocó al régimen represivo del presidente Zine El Abidine Ben Ali, y después se extendió a Egipto y Libia para poner fin a los regímenes, aún más represivos y corruptos, de Hosni Mubarak y Muamar el Gadafi.

La gente que se volcó a las calles y arriesgó sus vidas estaba harta de la represión y la pobreza que estos regímenes causaron. Por ejemplo, el nivel de ingresos medio de los egipcios es apenas el 12% del promedio estadounidense, y tienen diez años menos de esperanza de vida. No menos del 20% de la población vive en la extrema pobreza.

Los manifestantes de la plaza Tahrir percibieron que la causa de la pobreza de Egipto estaba en su sistema político insensible y represivo, en su gobierno corrupto y en la falta generalizada de igualdad de oportunidades en todas las esferas de sus vidas. Vieron a sus líderes del momento como parte del problema y no de la solución. Pero la mayoría de los extranjeros que se preguntan “¿Qué podemos hacer nosotros?” prestan más atención a factores geográficos o culturales, o a alguna “trampa de pobreza” puramente económica cuyos efectos se deberían contrarrestar con ayudas y asesoramiento del extranjero.

No hay que hacerse ilusiones respecto de que la transformación que comenzaron los manifestantes estará exenta de problemas. Muchas revoluciones anteriores han depuesto a un grupo de gobernantes corruptos sólo para reemplazarlos con otra camada igual de corrupta, cruel y represiva. Y nada garantiza, tampoco, que las élites de ayer no puedan recrear regímenes similares.

De hecho, los que mandan ahora en Egipto son los militares (que fueron el baluarte del régimen de Mubarak) y han estado reprimiendo, encarcelando y asesinando a manifestantes que se atrevieron a oponérseles. Hace no mucho revelaron planes para redactar una nueva constitución antes de las elecciones presidenciales, y su comisión electoral descalificó a 10 de los 23 candidatos presidenciales apelando a argumentos endebles. Además, si los militares perdieran la batuta, la Hermandad Musulmana podría tomar su lugar y formar su propio régimen autoritario no representativo.

Pero también hay motivos para el optimismo. El genio ya está fuera de la botella y la gente sabe que tiene poder para derribar gobiernos y, en un sentido más general, que el activismo político genera resultados. Por eso siguió llenando la plaza Tahrir cada vez que los militares intentaron consolidar su poder y suprimir el disenso.

Aunque en definitiva será el pueblo egipcio el que decidirá el destino de su país, e independientemente de si logra avanzar con decisión hacia la creación de instituciones políticas más inclusivas, eso no quiere decir que los extranjeros no puedan hacer nada. De hecho, son muchas las cosas que podemos hacer “nosotros”, aun si ninguna de ellas es fundamental para el resultado.

Por ejemplo, este año Estados Unidos entregará otra vez más de mil quinientos millones de dólares de ayuda a Egipto. Pero ¿quién la recibirá? Por desgracia, no será la gente que intenta cambiar el futuro de su país, sino el ejército egipcio y los mismos políticos que gobernaron Egipto durante el régimen anterior.

Lo menos que le debemos al pueblo egipcio es dejar de sostener a sus represores. Eso no significa cortar la ayuda extranjera. Todo lo contrario: si bien esta ayuda por sí sola no bastará para transformar la sociedad o la economía de Egipto, y aunque es inevitable que una parte se desperdicie o caiga en manos equivocadas, aun así puede ser útil. Y lo más importante, Estados Unidos y la comunidad internacional pueden trabajar para asegurar que el grueso de los fondos no vaya al ejército y a los políticos de siempre, sino a las organizaciones de base y a sus causas.

De hecho, la ayuda extranjera también se puede usar como un pequeño aliciente para el diálogo nacional en Egipto. Por ejemplo, se la podría poner bajo custodia de un comité de representantes de diferentes sectores sociales, que incluya a los grupos de la sociedad civil que estuvieron en el centro del levantamiento y a la Hermandad Musulmana, dejando bien claro que no se desembolsarán fondos sin la aprobación del comité. Esto obligaría a los militares y a las élites a cooperar con los grupos opositores a los que a menudo intentan dejar de lado.

Además de llevar a la mesa de negociación a grupos importantes pero políticamente marginalizados, dicho comité también podría servir de caso testigo: si se tiene éxito en compartir el poder en un entorno pequeño, eso podría alentar a compartirlo también a gran escala. Puede que no sea una forma de intervención extranjera capaz de curar de un día para el otro los males de siglos de represión y subdesarrollo, pero es hora de que “nosotros” dejemos de buscar una panacea inexistente y hagamos algo mejor que seguir ayudando a los militares egipcios.

Traducción: Esteban Flamini

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  1. CommentedYasser Shaaban

    Daron Acemoglu ,

    What a constructive essay that is :) , I , as an Egyptian see it all full of lies that you claim against the " Army" , well , of course , as you do work " for" the ones who staged the so called " Arab Spring" , mainly targeting the Egyptian Army , for whatever is going to unfold in the coming few months , after the fall of Syria , which is and has always been also staged and inevitable .

  2. CommentedProcyon Mukherjee

    Egypt is no more than an example where State capacity continues to be low in absence of institutions that can channelize public investments that spur job creation and growth. I have the same example as in the case of Nepal, where fall of monarchy led to anarchy and mayhem and its state capacity has changed only a whisker from the days of monarchy and absolutism.

    Aid is just one form with or without conditions and sanctions that could facilitate change. In most of history we have seen that it is not aid, but proliferation of trade and ideas leading to trade that had changed much of the conditions. The Egyptians must get the act together of finding their place in the market, whether domestic or foreign, which they are completely shut out from; politics and power seem to be flourishing with the polity under the veiled ignorance that the problem lies with controls and security.

    Procyon Mukherjee

  3. Portrait of Michael Heller

    CommentedMichael Heller

    My comment here is only to point out that elsewhere on this site I criticize the analysis of development which Daron Acemoglu and James Robinson promote and which is evident in this commentary. Readers may find it useful to see that alternative view:

    http://www.project-syndicate.org/blog/the--poor-economics--in--why-nations-fail-

    Like so many countries before it, Egypt will get a new and better central government under its own steam. People who are hoping to form the new government -- or at least to influence it -- have been assembling policy ideas ready for implementation over a very long period of time. I have taught one or two of them at masters level.

    Egyptians obviously want to be fully informed of divisions (both new and classical) that exist between the various bodies of knowledge about rapid modernization and the optimal procedures and sequences for achieving it.

  4. CommentedAhmed Gamal

    Well, I dont like the statement "if the military loosens the reins, the MB could take over". I disagree with describing the SCAF as if it protects democracy or revolution from any certain group. I disagree with many of the MB's principles, actions and decisions; however, they have a great support among Egyptian people and, in the presence of clean and real elections, they are gonna win!
    On the other hand, the fore-mentioned 10 presidential candidates, were disqualified based on legal issues and regulations. I echo what u said concerning SCAF, it is indeed not supporrting the revolution and democratic transform in Egypt!

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